Bohm: la realidad como totalidad (universo holográfico)
Comenzando la década de los 80’s en la Universidad de parís, el Físico Alain Aspect y su equipo descubrieron que las partículas subatómicas como los electrones pueden comunicarse instantáneamente entre sí. Esto sin importar la distancia que las separe, estableciendo de esta manera que todo lo que hay en el universo se encuentra infinitamente interconectado.
En relación con este descubrimiento, el físico David Bohm explicó en su libro La totalidad y el orden implicado que la interconexión de las partículas no se debe a alguna señal misteriosa entre ellas, sino que en realidad no están separadas.
La separación es una ilusión. En los fundamentos mismos de la realidad dichas partículas no son entidades individuales, sino una totalidad indivisible.
El orden implicado
En el universo existe un orden preestablecido: dos movimientos constantes entre dos órdenes de la realidad. El orden «explicado» que sería el orden que conocemos por medio de nuestros sentidos. Y el orden subyacente a éste, al que Bohm llamó «implicado».
Ahora bien, el orden implicado está plegado sobre sí y sólo podemos conocerlo cuando se despliega. La suma del orden «explicado» y el orden «implicado» forma la Totalidad. Así responde Bohm a la pregunta por la realidad:
Hay un flujo que no se puede definir explícitamente, pero que se puede conocer sólo de forma implícita, como lo indican sólo sus formas y estructuras explícitamente definibles, unas estables y otras inestables, que pueden ser abstraídas del flujo universal. En este flujo, la mente y la materia no son sustancias separadas, sino que son más bien aspectos diferentes de un movimiento único y continuo.
― Bohm, La totalidad y el orden implicado
Bohm explica que de esta manera podremos contemplar todos los aspectos de la existencia como no separados unos de otros, y terminar con la fragmentación propia del punto de vista atomístico que nos lleva a separar todo.
Dado que la teoría cuántica entiende que elementos que están separados en el espacio son generalmente proyecciones no causal ni localmente relacionadas de una realidad de mayor dimensión, inferimos que momentos separados en el tiempo son también proyecciones de esa realidad.
― Bohm, La totalidad y el orden implicado
La fragmentación es una confusión
Cada parte de la realidad que se concibe como separada es una «proyección» de la totalidad. Cada fragmento contiene todas las propiedades de la realidad en su totalidad, tal como ocurre con el holograma.
Lo que percibimos como fragmentado se trata en realidad de una imagen proyectada de la totalidad «real». La realidad objetiva no existe y el universo es una especie de súper-holograma donde pasado, presente y futuro coexisten simultáneamente.
Desde la perspectiva del universo holográfico de Bohm somos un microcosmos del universo, encerrados en el universo, y debemos concebir nuestro universo como un todo continuo, en el cual todas sus partes incluidos el observador y sus instrumentos se unen en una totalidad.
Estar confundido acerca de lo que es diferente y lo que no lo es, es estar confundido acerca de todo. Así que no es accidental que nuestra forma fragmentaria de pensar nos esté llevando a un amplio conjunto de crisis: social, política, económica, ecológica, psicológica, etcétera, tanto en el individuo como en la sociedad considerada como un todo. Esta forma de pensar supone el inacabable desarrollo de un conflicto caótico e insensato, en el cual tienden a perderse las energías de todos en movimientos antagónicos o, si no, en malentendidos.
― Bohm, La totalidad y el orden implicado
Roth: la realidad es una construcción del cerebro
En el cerebro existen zonas sensoriales específicas -visuales, auditivas y somáticas- donde llegan los datos de la superficie sensorial en forma de señales eléctricas. Sin embargo, estos impulsos nerviosos son muy distintos a las imágenes o sonidos que creemos que reciben nuestros cerebros. En realidad, no tienen nada que ver con lo que creemos conocer de nuestro mundo.
Las neurociencias modernas nos dicen que ni los colores, ni olores, ni sonidos de la naturaleza existen, sino que son creaciones de nuestros cerebros.
Lo que en verdad sucede es que las distintas experiencias sensoriales establecen relaciones entre ellas, por medio del aprendizaje y la memoria. Luego, son interpretadas por el cerebro según su propia experiencia.
Por ejemplo, las personas ciegas de nacimiento cuando son operadas y recuperan la vista no ven automáticamente. El sentido de la vista tiene que ser aprendido. Según el mundialmente reconocido neurólogo Oliver Sacks, las personas ciegas y no ciegas construimos nuestro mundo de manera distinta. Las primeras construyen un mundo basado en el tiempo y las segundas un mundo basado en el espacio. En el caso de los ciegos de nacimiento no se ha llevado a cabo la integración de las percepciones en un mapa visual del mundo. Por tanto, la idea de espacio resulta incomprensible.
Todo apunta a un sistema cognitivo y semántico cerrado. Esto significa que la información no nos llega de afuera. Más bien esta se forma en el cerebro a partir de los datos que llegan de la superficie sensorial, y según el patrón de los determinantes del sistema neuronal.
La respuesta de Roth a la pregunta por la realidad es que el cerebro la construye
El Profesor Gerhard Roth, director del Instituto de Investigaciones Cerebrales de la Universidad de Bremen en Alemania, explica que es el cerebro y no el yo consciente el constructor de nuestra realidad. Por tanto, la mayoría de los procesos internos permanecen ocultos para nuestra conciencia, siendo el sub-inconsciente la base de nuestro pensamiento y acción.
El cerebro puede ser estimulado por el entorno a través de los órganos de los sentidos, pero estas excitaciones no contienen informaciones importantes y fiables sobre ese entorno. Antes bien, el cerebro tiene que generar significados por comparación y combinación de sucesos sensoriales elementales y estos significados tienen que ser examinados de acuerdo con criterios internos. Estos son los sillares de la realidad. La realidad en la que estoy inmerso es, por tanto, una construcción del cerebro.
― Roth, Das Gehirn und seine Wirklichkeit: Kognitive Neurobiologie und ihre philosophischen Konsequenzen (El cerebro y su realidad: Neurobiología cognitiva y sus consecuencias filosóficas)
Nosotros mismos somos un constructo
Según Roth, no sólo las cosas que percibimos como reales son construcciones en la realidad, sino que además nosotros mismos somos un constructo.
Yo mismo soy un constructo. Yo aparezco de manera ineludible en esa realidad. Esto significa que el verdadero cerebro produce una realidad en la que un yo existe, que se enfrenta como sujeto a sus actos mentales, que experimenta las percepciones y acciones, que tiene un cuerpo y un mundo externo.
― Roth, Das Gehirn und seine Wirklichkeit: Kognitive Neurobiologie und ihre philosophischen Konsequenzen (El cerebro y su realidad: Neurobiología cognitiva y sus consecuencias filosóficas)
No vemos la realidad, pero suponemos que está ahí y aunque el cerebro produce nuestra conciencia no tenemos ni idea de este proceso. Sólo experimentamos el producto final, aquello que el cerebro nos presenta como la única realidad.
Constructivismo: la realidad es una invención que no existe sin el sujeto
Al tener en cuenta que la realidad puede ser construida por el cerebro, el constructivismo se plantea el problema sobre la existencia real o no de la realidad. Así, la respuesta a la pregunta por la realidad es que a cada persona sólo le es accesible la propia realidad y que resulta imposible conocer algo más allá de ella.
Fundamentalmente, la realidad es una construcción en parte inventada por quien la observa. Esto significa que no descubrimos la realidad de manera objetiva, sino más bien -en cierto grado- la inventamos a partir de la interacción con otras personas y el mundo.
Si bien queremos que la realidad exista independientemente de nosotros en tanto que observadores de la misma, se trata de una invención subjetiva, no descubrimos la realidad, sino que la construimos y no existe sin un sujeto que dé cuenta de ella.
La realidad no existe sin el sujeto
Una descripción exacta de cómo son las cosas nunca será posible precisamente porque la realidad no existe sin el sujeto.
Sea lo que fuere lo que entendemos por «conocimiento», ya no puede ser más la imagen o la representación de un mundo independiente del hombre que hace la experiencia. Heinz Von Foerster lo ha dicho con ejemplar concisión: «La objetividad es la ilusión de que las observaciones pueden hacerse sin un observador».
― Ernst von Glasersfeld, Despedida de la objetividad. Watzlawick, P. y Krieg, P. (Comps.). El ojo del observador. Contribuciones al construccionismo
Por otra parte, lo anunciado por Kant de que «sólo conocemos a priori de las cosas lo que nosotros mismos ponemos en ella», también dio cabida a una interpretación con aplicación constructivista.
La misma experiencia constituye un tipo de conocimiento que requiere entendimiento y éste posee unas reglas que yo debo suponer en mí ya antes de que los objetos me sean dados, es decir, reglas a priori. Estas reglas se expresan en conceptos a priori a los que, por tanto, se conforman necesariamente todos los objetos de la experiencia y con los que debe concordar.
― Kant, prólogo de Crítica de la razón pura
No podemos percibir la realidad de manera objetiva
Desde la perspectiva constructivista la realidad objetiva que pudiese ser accesible al entendimiento humano no existe. Sin embargo, esto no implica la negación de un mundo externo.
La cuestión radica en que no lo podemos percibir de manera objetiva, no podemos conocer la realidad tal como es. El mundo externo siempre será un mundo interpretado desde nuestras percepciones personales y datos empíricos.
Si partimos del hecho de que sólo conocemos del mundo lo que nuestro cerebro nos presenta, el constructivismo destruye la confianza que tenemos en la realidad objetiva y el mundo que nos rodea.
Conclusión
Con el constructivismo cerramos el círculo y retornamos al elefante en la casa a oscuras: nuestras percepciones nos impiden ver la verdad. Rumi no nos dejó soluciones al problema, sin embargo, alcanzó a decirnos que «si cada uno tuviera una vela y fueran juntos las diferencias desaparecerían».
Arte | Elefante encadenado, artista desconocido, dibujado y pintado a tinta y acuarela sobre papel, Imperio mogol de la India o Gran Mogol, siglo XVIII. Se encuentra en el Museo de Victoria y Alberto.
Descripción del museo: «Un elefante con las patas traseras encadenadas y las patas delanteras encadenadas a un tocón de árbol, frente a un mahout con una lanza.»