Sobre la realidad

 

Todo lo que pensamos y hacemos se fundamenta en las ideas que tenemos sobre las cosas, es decir, la realidad, nosotros mismos y Dios: ¿Qué es real para mi? ¿Quién soy? ¿En qué creo?

 

Sobre la realidad, en este tiempo que nos tocó vivir, la ciencia y la filosofía nos dicen que la realidad objetiva no existe. Cada uno de nosotros accede a su propia realidad siendo imposible conocer algo más allá de eso.

 

Somos incapaces de conocer la totalidad de la realidad

 

Los ciegos y el elefante es una parábola utilizada para ilustrar nuestra incapacidad para conocer la totalidad de la realidad. Se trata de una parábola antigua originaria de la India, pero asimilada por diferentes culturas alrededor del mundo.

 

Encontramos la parábola en el poema El elefante en la casa a oscuras de Rumi, poeta persa y maestro de sufismo del siglo XIII. Según el poeta, nuestras percepciones nos impiden ver la verdad.

 

Había un elefante en una casa a oscuras que unos hindúes habían traído para su exhibición. Mucha gente fue a verlo, teniendo que entrar en el establo para hacerlo, pero había tan poca luz que no podían hacerse una idea de la forma del elefante. Decidieron utilizar las manos para identificar al animal, usando todos las palmas para palpar su contorno. Una mano tocó la trompa de la criatura y dijo: Es un narguile. La mano de otro palpó la oreja y descubrió un abanico, otro acarició una de las patas y notó una columna, mientras que otro, tocando la espalda del elefante, descubrió un trono. Los que escucharon las descripciones de aquella gente sacaron sus propias conclusiones, que todos interpretaron de una forma u otra, todas ellas diferentes y contradictorias.

 

Había una vela en cada mano,
las diferencias provenían de las palabras.
El ojo de la propia percepción es como la palma y su mano,
pues solo tiene la facultad de percibir la parte, no el todo,
el ojo del mar es una cosa, la espuma otra.
Deja la espuma y mira a través del ojo, ¡oh, maravilla!
Nos arrojamos contra nuestra visión como barcos,
nuestros ojos están ciegos, perdiéndose el agua clara.
El agua tiene agua que la conduce,
el espíritu tiene un espíritu que le llama.
Lleva el espíritu a tu hogar y deja que te guíe,
pues encontrará la forma, el tamaño y el sabor del todo,
sin una mano, sin una caricia, pero siempre el todo.
― Rumi, El elefante en la casa a oscuras, en Rumi Ilustrado, Un tesoro de sabiduría de Philip Dunn et al.

 

Tales de Mileto: ¿Cuál es el primer principio de la naturaleza?

 

El filósofo griego Tales de Mileto fue ingeniero y astrónomo, midió pirámides y demostró teoremas geométricos. Propuso un gobierno federal central formado por ciudadanos comunes y corrientes. Predijo eclipses y cuentan que se caía por caminar mirando las estrellas.

 

Era despreocupado por los asuntos materiales, sin embargo, luego de que le reprocharan su pobreza, haciendo uso de sus conocimientos de astronomía dedujo que habría una próspera cosecha de aceitunas la siguiente temporada. Compró durante el invierno todas las prensas de aceite de Mileto y Quíos y las alquiló al llegar la época de la recolección, acumulando una gran fortuna y mostrando así que los filósofos pueden ser ricos si lo desean, pero que su ambición es muy diferente.

 

Tales de Mileto es considerado el padre del pensamiento racional o filosófico, el primero en realizar la transición del mito al logos, porque planteó el primer problema de la filosofía: ¿Cuál es el primer principio de la naturaleza? Permitiendo así investigar la naturaleza desde una nueva forma de pensamiento sin recurrir a explicaciones sobrenaturales.

 

Paso del mito al logos

 

A los primeros pensadores griegos se les conoce como presocráticos en referencia a Sócrates, pero también se les llama cosmólogos porque consideraron al mundo como un cosmos, universo o todo comprensible y ordenado, tanto desde una perspectiva física como metafísica. Ellos reflexionaron racionalmente sobre las cosas rompiendo con las formas míticas de pensamiento, lo que en filosofía se conoce como «paso del mito al logos».

 

Los presocráticos estaban convencidos de la existencia de una sustancia original y común de la cual procede toda la variedad de cosas en el mundo, elemento al que Anaximandro llamó archée.

 

Heráclito: la realidad es contradictoria y cambiante

 

La idea fundamental de Heráclito de Éfeso es el principio de que todas las cosas están en continuo cambio, todo fluye, nada es estático: «Nada es permanente a excepción del cambio».

 

La verdadera esencia de las cosas se encuentra en un constante fluir y el cambio es lo único que no es ilusorio, lo único real. No obstante, este devenir no es un continuo precipitarse de algo nuevo sino una tensión entre contrarios que da origen al movimiento.

 

Existimos en un cosmos dual, la armonía es producto de esta tensión o lucha entre contrarios, no como producto de una reconciliación sino como la lucha misma y si ésta acabara también acabaría el cosmos.

 

Para Heráclito todo cuanto existe está sometido a un proceso ininterrumpido de alteración. Decía que si alguien se mete dos veces a un río, se meterá a dos ríos diferentes y él mismo será una persona diferente. Porque habrá cambiado en el lapso de tiempo transcurrido, las aguas habrán pasado, su temperatura será diferente y así sucesivamente.

 

Es siempre uno y lo mismo, lo vivo y lo muerto, despierto y dormido, joven y viejo. Al cambiarse es aquello, y luego lo otro; y al cambiar de nuevo, otra vez es esto.
― Heráclito de Éfeso en Historia de la filosofía de Johannes Hirschberger

 

Heráclito consideró la oposición como fuerza creadora y encontró armonía, orden, sentido y unidad en el continuo devenir. Nada permanece y nada es propiamente. La realidad es contradictoria y cambiante, las cosas pueden ser y no ser a la vez.

 

Solo tenemos fragmentos de su filosofía, como este que dice «Me busqué a mí mismo». Para Heráclito «la verdadera naturaleza de las cosas tiende a ocultarse», pero la verdad la podemos encontrar en nuestro interior. Por tanto, es menester cuidar el alma y mantenerla en un estado adecuado para que refleje correctamente la verdad sobre las cosas.

 

Parménides: la realidad es fija e inmutable

 

A diferencia de Heráclito, Parménides concibió el cambio genuino como un imposible y lo identificó con la nada, ya que significa algo que se escapa y no permanece en un ser.

 

Todo lo que hay ha existido siempre. Nada puede surgir de la nada. Y algo que existe, tampoco se puede convertir en nada.
― Parménides, en Historia de la filosofía de Johannes Hirschberger

 

Para Parménides no existe el vacío lo que fundamentalmente existe es el ser mismo, entendido como una sustancia material que se encuentra en todo el espacio del universo.

 

Se ha de pensar y decir siempre que sólo el ser es, porque es ser: en cambio la nada no es.
― Parménides, en Historia de la filosofía de Johannes Hirschberger

 

Consecuentemente, identificó el ser con toda la realidad que describió como una, continua e inmóvil y lo opuso simplemente a la nada o a lo que no es. Según este razonamiento el cambio implica movimiento, el cual presupone un espacio vacío. Si no existe espacio vacío tampoco puede haber movimiento.

 

Por esta razón, el movimiento y el cambio, aunque aparentes, son una ilusión y los sentidos nos engañan. Detrás de la apariencia nada cambia jamás: todo es fijo y estable.

 

Protágoras: las cosas son lo que a mí me parecen ser

 

Con los sofistas surgió la duda acerca de la capacidad de la razón humana para alcanzar la verdad. Para ellos las cosas no poseen una realidad fija y absoluta. Más bien todo es relativo y las apariencias son la realidad, al menos la única que podemos conocer.

 

El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son, y de las que no son en cuanto no son.
― Protágoras, en Historia de la filosofía de Johannes Hirschberger

 

Para Protágoras, sofista consagrado a la cultura, no existen verdades universalmente válidas y objetivas. La verdad no depende del objeto porque el sujeto que conoce siempre tiene allí su palabra. Es decir, nosotros mismos somos la medida de todo lo que se quiere presentar como verdad.

 

Por tanto, cada uno de nosotros puede mirar las cosas a su manera, cada uno determina lo que es real: las cosas son lo que a mí me parecen ser.

 

Como cada cosa me parece, así es para mí; y como parece a ti, así es para ti.
― Protágoras, en Historia de la filosofía de Johannes Hirschberger

 

Si las ideas de Protágoras giran en torno al relativismo, las de Gorgias rayan en el escepticismo extremo. Gorgias afirmó que nada existe y si algo existe no puede ser conocido, y si fuera cognoscible sería imposible comunicarlo a otros.

 

De esta manera Gorgias no solo lleva el escepticismo por la verdad objetiva al extremo, sino que además elimina todo lugar para alguna verdad. Al respecto Platón dijo lo siguiente:

 

¿Son al menos estos principios verdaderos? Si no, ¿Por qué los asegura Gorgias con tanta universalidad?
― Platón, El Teeteto

 

Platón: lo real es lo que no vemos y lo que vemos es solo la apariencia

 

De manera conciliadora entre las posturas de Heráclito y Parménides, Platón estuvo de acuerdo con que el mundo físico está continuamente sometido al cambio y al devenir. Al mismo tiempo sostuvo que las ideas son las formas eternas, inmutables y primigenias de todas las cosas.

 

Platón desarrolló su teoría de las ideas a lo largo de sus diálogos de transición y madurez como el Menón, Crátilo, Fedón y la República, especialmente en las alegorías de la línea y de la caverna.

 

En el Crátilo se cuestionó sobre el método a seguir para conocer o descubrir la naturaleza de los seres:

 

Lo importante es reconocer que no es en los nombres, sino en las cosas mismas, donde hay que estudiar y buscar las cosas.
[…]
Una cosa siempre en movimiento nadie la podría conocer. Mientras nos acercásemos para conocerla, se convertiría en otra y de otra naturaleza, de modo que no podríamos saber lo que es ni cómo es. Ningún conocimiento puede conocer lo que conoce, si este objeto no tiene ningún carácter determinado.
― Platón, Crátilo

 

El mundo visible y el mundo de las ideas

 

Platón encontró que en el mundo que captan nuestros sentidos todo está sometido al cambio continuo, nada es permanente. Las cosas cambian de forma, aparecen y desaparecen con el paso del tiempo. Mientras que en el otro mundo, el que nos puede ofrecer la razón, las ideas universales son inmutables, eternas, imperecederas. Aquí las nociones o ideas que tenemos sobre esas cosas que han dejado de existir no se alteran.

 

Ésta es precisamente, mi querido Glaucón, la imagen de nuestra condición. La caverna subterránea es el mundo visible. El fuego que la ilumina, es la luz del sol. Este prisionero que sube a la región superior y contempla sus maravillas, es el alma que se eleva al mundo inteligible.
― Platón, La República

 

Las entidades como los números o las figuras geométricas no se alteran. Las figuras reales en la geometría no pueden representarse de manera exacta en nuestro mundo. Aunque pueden ayudarnos en la comprensión del mundo de la experiencia, sus formas perfectas parecen no pertenecer a este mundo.

 

Así pues, Platón separó el mundo sensorial y el mundo que nos ofrece la razón. Para ello, dividió la realidad en el mundo visible o sensible y mutable, sometido al devenir y que por tanto nunca es propiamente, y el mundo de las ideas intemporal e inmutable que sólo es accesible por medio de la razón.

 

Por tanto, si no hace lo que es [= la esencia], no hace el lecho real, sino alguna cosa que se parece al lecho real sin serlo; y si alguno afirmara que la obra del ebanista o de cualquier otro artesano es una realidad completa, ¿se expondría a no decir la verdad?
― Platón, La República

 

Lo real es lo que no vemos y lo que vemos es solo la apariencia

 

Ahora bien, el mundo físico es sólo una representación del mundo inmutable de las ideas. La relación entre estos dos mundos es una relación de participación, de presencia e imitación o mímesis. Para Platón, las entidades más reales son las ideas, formas o entidades inmateriales. Es decir, aquello que captamos por medio de nuestra mente, más que lo que captamos mediante nuestra experiencia física.

 

Las ideas o formas son la verdadera realidad ya que son eternas e inmutables. Contrario al mundo físico que es una continua y cambiante representación suya. Lo real es lo que no vemos y lo que vemos es solo la apariencia.

 

Platón creía que las formas de las cosas existen en un mundo de formas perfectas y a lo máximo que podemos aspirar en nuestro mundo es a imitar las formas perfectas. No obstante, las ideas o formas a las que Platón se refiere son distintas a los contenidos de nuestra mente, para él las ideas tienen realidad propia. Es decir, que existen independientemente de si son o no pensadas e independiente de las cosas y separadas de ellas.

 

Aristóteles: lo real es aquello que no necesita de otra cosa para existir

 

El Estagirita partió de la observación de que es innegable el cambio y la alteración en las cosas, al tiempo que estaba convencido de que sólo hay conocimiento verdadero de lo inmutable, coincidiendo con Platón en que las ideas o formas dan identidad al objeto.

 

Sin embargo, a diferencia de Platón, encontró absurdo un mundo donde las formas o ideas estén separadas de la realidad material, cambiando así la visión idealista platónica por una reflexión más realista fundada en el sentido común y la experiencia. Con otras palabras, bajó al Ser de los cielos y lo ancló a las entrañas del mundo.

 

Si de las cosas que son por naturaleza hay causas y principios de los que primariamente son y han llegado a ser, y esto no por accidente, sino cada una lo que se dice que es según su sustancia, entonces es evidente que todo llega a ser desde un substrato (materia) y una forma.
― Aristóteles, Física

 

La forma y la materia no pueden separarse en la realidad

 

Para Aristóteles todo existe como algo específico, compuesto de materia y forma, cada parte guarda una relación reciproca con la otra, la forma da a la materia su particularidad y la materia otorga concreción a la forma. La forma y la materia no pueden separarse en la realidad.

 

Así, pues, resulta que la substancia se dice en dos sentidos: el sujeto último, que ya no se predica de otro, y lo que, siendo algo determinado, es también separable. Y es tal la forma y la especie de cada cosa.
― Aristóteles, Metafísica

 

Sustancia

 

La realidad es y existe y la llamó sustancia. Todo lo que nos rodea son sustancias. Un compuesto de materia y forma donde la materia es el componente físico y la forma el conjunto de cualidades que hacen que una cosa sea algo específico. Aquello que es, y no otra cosa, como la esencia de la manzanez. Es decir, aquello que hace ser a una manzana lo que es y no otra cosa. Igualmente, la materia posee dentro de sí un fin interior (entelequia) que le otorga el potencial de tomar forma.

 

Los poetas dirían que es como si la materia anhelara la forma con tal frenesí que cuando alcanza su potencial se vuelve real. Además, ya que toda materia posee este fin interior toda ella está formada.

 

Materialismo: la realidad como materia en movimiento

 

Ya en la antigüedad Demócrito de Abdera sugirió que todo en la realidad puede ser descrito como materia en movimiento: «Sólo hay átomos y vacío». Toda la naturaleza y sus transformaciones pueden explicarse por los choques que se producen azarosamente, entre estas unidades mínimas de materia indivisible dotadas de movimiento eterno.

 

Desde entonces para la corriente materialista sólo la materia brinda una explicación eficaz de la realidad, y rechaza de lleno el idealismo y el concepto de idea o forma.

 

El universo es material y existe de manera objetiva e independiente de la conciencia. Asimismo, es suficiente comprender los procesos físicos del universo, no es necesario otorgarle inteligencia o propósito alguno.

 

Nada ocurre al azar

 

Descartes señaló que toda la realidad física puede y debe explicarse a partir de la mecánica, reduciendo la biología a mecánica y considerando a las plantas y a los animales como autómatas, como simples máquinas.

 

Según la manera como explicó filosóficamente Descartes el universo y como años más tarde lo entendió Newton, éste parece ser una máquina gigante que una vez puesta en movimiento se autorregula. Semejante a un gran reloj. Independientemente de que exista o no un relojero, esta máquina se mueve con precisión. Todo suceso tiene una causa y todo movimiento parece estar determinado, nada ocurre al azar.

 

De esta manera, el materialismo ha avanzado de la mano de la comprensión científica de la realidad a través de los siglos, alcanzando su máxima expresión en el método científico. Para el materialismo todo es materia o reducible a la materia, sólo existe la materia. Pero, ¿qué entendemos por materia?

 

El materialismo es una doctrina confusa. Si se cree que el materialismo es una doctrina clara, es porque afirma que sólo existe la materia y porque se supone que todo el mundo sabe lo que es la materia. Pero este supuesto es falso. Nadie sabe hoy día a ciencia cierta lo que es la materia. (Otra cuestión es la de que muchos crean saberlo). Tampoco lo saben los físicos de partículas, los especialistas a quienes el resto de los mortales deberíamos preguntar qué es la materia.
― J. Esquivel, La polémica del materialismo

 

El problema que enfrenta el materialismo es el concepto mismo de materia. Porque éste cambia según los descubrimientos científicos y no se puede definir con claridad. De hecho, replantear lo que entendemos por materia, representa un reto fascinante para los filósofos materialistas.

 

Ciertamente, si se les hacen preguntas ontológicas de este tipo, algunos físicos (los más osados) darán ciertas respuestas esotéricas acerca de «ondas de probabilidad» o de «puntos de singularidad espacio-temporal», o algo por el estilo. Se trata de respuestas que la mayoría de personas que se autotitulan materialistas no entiende; por lo demás, tales respuestas cambian de sentido cada cinco o diez años, y en ellas ni siquiera los propios especialistas están de acuerdo.
― J. Esquivel, La polémica del materialismo

 

Zukav: lo que experimentamos es nuestra interacción con la realidad

 

Cuando hablamos de realidad nos referimos a la suposición de que el universo existe independientemente de que alguien lo observe o no, es decir, objetivamente real.

 

En la antigua Grecia, Tales de Mileto explicó que hay un yo racional capaz de observar y comprender un universo racional. Sin embargo, las teorías científicas actuales nos dicen que no podemos pensar acerca de la realidad. Únicamente podemos pensar acerca de las ideas que tenemos sobre la realidad.

 

En su libro La Danza de los Maestros de Wu Li, Gary Zukav explica que un quanto es una cantidad de algo, una cantidad específica, mientras que la mecánica es el estudio del movimiento. En consecuencia, por mecánica cuántica debemos entender «el estudio del movimiento de las cantidades». De acuerdo con la teoría del quanto, la naturaleza se presenta en quantos, es decir, porciones y pedazos. Así, la mecánica del quanto es el estudio de ese fenómeno.

 

La mecánica cuántica, por ejemplo, nos enseña que nosotros no estamos separados del resto del mundo, como habíamos creído. La física de las partículas nos enseña que el “resto del mundo” no es algo que permanece ocioso “allá fuera”. Por el contrario es un brillante campo de continua creación, de transformación y, también, de aniquilamiento. Las ideas de la nueva física pueden dar lugar a que se produzcan experiencias extraordinarias cuando son captadas en su totalidad. El estudio de la relatividad, pongamos por ejemplo, puede producir la notable experiencia de que espacio y tiempo son solamente construcciones mentales.
― Zukav, La Danza de los Maestros de Wu Li

 

El sistema observado y el sistema observador

 

Para aplicar la teoría del quanto, el mundo físico tiene que ser dividido en dos partes: el sistema observado y el sistema observador. Siguiendo a Zukav, el «sistema observado» y «sistema observador» son términos que se refieren al modo como los físicos analizan el experimento.

 

(El “sistema” observado no puede ser observado hasta que entra en interacción con el sistema observador e, incluso entonces, todo lo que podemos observar son sus efectos sobre el aparato de medida.)
[…]
Debemos reflexionar sobre el hecho de que, cuando tomamos una medida en un experimento relacionado con la física cuántica —cuando el sistema observado sufre la interacción con el sistema de observación—, lo que hacemos es reducir una realidad multidimensional a una realidad tridimensional compatible con nuestra experiencia.
― Zukav, La Danza de los Maestros de Wu Li

 

Todo está conectado

 

Las propiedades esenciales del universo no son fijas, cambian de maneras sutiles según cómo se observe; asimismo, todo está conectado por información que puede aparecer en cualquier parte del universo de manera instantánea.

 

Según esto, las cosas no están ahí sino hasta que son observadas y no es posible observar la realidad sin cambiarla.

 

La nueva física nos enseña que un observador no puede observar sin alterar aquello que contempla. Observador y observado se hallan interrelacionados en un sentido real y fundamental. […] En síntesis, lo que experimentamos no es la realidad externa, sino nuestra interacción con ella.
― Zukav, La Danza de los Maestros de Wu Li

 

Pragmatismo: la realidad como aquello que podemos conocer

 

Platón y Aristóteles inician sus observaciones filosóficas partiendo de la pregunta sobre cómo son en realidad las cosas. A diferencia suya, los pragmáticos están convencidos que es imposible encontrar una respuesta a esta pregunta.

 

Si tenemos en cuenta que sólo podemos pensar sobre nuestras ideas acerca de la realidad, entonces ¿cómo se puede pensar la realidad misma?

 

De este modo el pragmatismo se centra en cómo funcionan las cosas, como lo más plausible, señalando que lo real es aquello que funciona y predice aquello que es probable que ocurra a continuación.

 

El sentido de los conceptos

 

Charles Sanders Peirce inició el pragmatismo y lo definió como el método de otorgar significado a los conceptos. Para Peirce la importancia de un concepto se encuentra en los efectos directos que éste pueda tener en nuestra conducta.

 

Por su parte, William James extendió la búsqueda del sentido de los conceptos a las grandes cuestiones metafísicas, configurando el pragmatismo en una teoría sobre la verdad:

 

El pragmatismo sería, pues, en primer lugar, un método y, en segundo, una teoría genética de lo que se entiende por verdad.
― William James, Pragmatismo

 

James sostuvo que la verdad consiste en la consecución de una relación satisfactoria con la realidad. La ventaja y la satisfacción se refieren a lo útil o a lo práctico.

 

Ideas verdaderas son las que podemos asimilar, hacer válidas, corroborar y verificar; ideas falsas son las que no. Esta es la diferencia práctica que supone para nosotros tener ideas verdaderas; éste es, por lo tanto, el significado de la verdad, pues ello es todo lo que es conocido como verdad.
― William James, lo pragmáticamente verdadero, En el significado de la verdad

 

La realidad es un fluir

 

Por otra parte, John Dewey amplió la noción de experiencia. Para él la experiencia incluye todos los aspectos de la vida. Igualmente, la realidad es un fluir dentro del cual nuestra inteligencia intenta hallar una repuesta. Así, una idea es verdadera si funciona, es decir, si demuestra ser un instrumento útil para la vida.

 

Para Dewey el conocimiento es un proceso de investigación en el cual las ideas son los medios o instrumentos. En consecuencia, no tiene sentido decir de ellas que sean verdaderas o falsas.

 

El conocimiento gobierna y regula la acción. Además, la validez de las ideas depende de su funcionamiento, de la prueba experimental. Con otras palabras, ya que las ideas son efímeras, las consecuencias representan la manera más exacta que tenemos de caracterizar la verdad de las cosas.

 

Por consiguiente, para el pragmatismo no hay una gran diferencia entre lo que la realidad es y lo que no es. Lo importante es conocer aquello que nos dará la capacidad tanto para lidiar con el mundo que nos encontramos, como para predecir aquello que probablemente ocurra.

 

Bohm: la realidad como totalidad (Universo holográfico)

 

Comenzando la década de los 80’s en la Universidad de parís, el Físico Alain Aspect y su equipo descubrieron que las partículas subatómicas como los electrones pueden comunicarse instantáneamente entre sí. Esto sin importar la distancia que las separe, estableciendo de esta manera que todo lo que hay en el universo se encuentra infinitamente interconectado.

 

En relación con este descubrimiento, el físico David Bohm explicó en su libro La totalidad y el orden implicado que la interconexión de las partículas no se debe a alguna señal misteriosa entre ellas, sino que en realidad no están separadas.

 

La separación es una ilusión. En los fundamentos mismos de la realidad dichas partículas no son entidades individuales, sino una totalidad indivisible.

 

El orden implicado

 

En el universo existe un orden preestablecido, a saber, dos movimientos constantes entre dos órdenes de la realidad. El orden «explicado» que sería el orden que conocemos por medio de nuestros sentidos. Y el orden subyacente a éste, al que Bohm llamó «implicado».

 

Ahora bien, el orden implicado está plegado sobre sí y sólo podemos conocerlo cuando se despliega. La suma del orden «explicado» y el orden «implicado» forma la Totalidad.

 

Hay un flujo que no se puede definir explícitamente, pero que se puede conocer sólo de forma implícita, como lo indican sólo sus formas y estructuras explícitamente definibles, unas estables y otras inestables, que pueden ser abstraídas del flujo universal. En este flujo, la mente y la materia no son sustancias separadas, sino que son más bien aspectos diferentes de un movimiento único y continuo.
― Bohm, La totalidad y el orden implicado

 

Bohm explica que de esta manera podremos contemplar todos los aspectos de la existencia como no separados unos de otros y terminar con la fragmentación propia del punto de vista atomístico, que nos lleva a separar todo.

 

Dado que la teoría cuántica entiende que elementos que están separados en el espacio son generalmente proyecciones no causal ni localmente relacionadas de una realidad de mayor dimensión, inferimos que momentos separados en el tiempo son también proyecciones de esa realidad.
― Bohm, La totalidad y el orden implicado

 

La fragmentación es una confusión

 

Cada parte de la realidad que se concibe como separada es una «proyección» de la totalidad. Cada fragmento contiene todas las propiedades de la realidad en su totalidad, tal como ocurre con el holograma.

 

Lo que percibimos como fragmentado se trata en realidad de una imagen proyectada de la totalidad «real». La realidad objetiva no existe y el universo es una especie de súper-holograma donde pasado, presente y futuro coexisten simultáneamente.

 

Desde la perspectiva del universo holográfico de Bohm somos un microcosmos del universo, encerrados en el universo, y debemos concebir nuestro universo como un todo continuo, en el cual todas sus partes incluidos el observador y sus instrumentos se unen en una totalidad.

 

Estar confundido acerca de lo que es diferente y lo que no lo es, es estar confundido acerca de todo. Así que no es accidental que nuestra forma fragmentaria de pensar nos esté llevando a un amplio conjunto de crisis: social, política, económica, ecológica, psicológica, etcétera, tanto en el individuo como en la sociedad considerada como un todo. Esta forma de pensar supone el inacabable desarrollo de un conflicto caótico e insensato, en el cual tienden a perderse las energías de todos en movimientos antagónicos o, si no, en malentendidos.
― Bohm, La totalidad y el orden implicado

 

Roth: la realidad es una construcción del cerebro

 

En el cerebro existen zonas sensoriales específicas _visuales, auditivas y somáticas_ donde llegan los datos de la superficie sensorial en forma de señales eléctricas. Sin embargo, estos impulsos nerviosos son muy distintos a las imágenes o sonidos que creemos que reciben nuestros cerebros. En realidad, no tienen nada que ver con lo que creemos conocer de nuestro mundo.

 

Las neurociencias modernas nos dicen que ni los colores, ni olores, ni sonidos de la naturaleza existen, sino que son creaciones de nuestros cerebros.

 

Lo que en verdad sucede es que las distintas experiencias sensoriales establecen relaciones entre ellas, por medio del aprendizaje y la memoria. Luego, son interpretadas por el cerebro según su propia experiencia.

 

Por ejemplo, las personas ciegas de nacimiento cuando son operadas y recuperan la vista no «ven» automáticamente. El sentido de la vista tiene que ser aprendido. Según el mundialmente reconocido neurólogo Oliver Sacks, las personas ciegas y no ciegas construimos nuestro mundo de manera distinta. Las primeras construyen un mundo basado en el tiempo y las segundas un mundo basado en el espacio. En el caso de los ciegos de nacimiento no se ha llevado a cabo la integración de las percepciones en un mapa visual del mundo. Por tanto, la idea de espacio resulta incomprensible.

 

Todo apunta a un sistema cognitivo y semántico cerrado. Esto significa que la información no nos llega de «afuera». Más bien ésta se forma en el cerebro, a partir de los datos que llegan de la superficie sensorial y según el patrón de los determinantes del sistema neuronal.

 

El cerebro construye nuestra realidad

 

El Profesor Gerhard Roth, director del Instituto de Investigaciones Cerebrales de la Universidad de Bremen en Alemania, explica en su libro Das Gehirn und seine Wirklichkeit: Kognitive Neurobiologie und ihre philosophischen Konsequenzen (El cerebro y su realidad: Neurobiología cognitiva y sus consecuencias filosóficas), que es el cerebro y no el yo consciente el constructor de nuestra realidad.

 

Por tanto, la mayoría de los procesos internos permanecen ocultos para nuestra conciencia, siendo el sub- inconsciente la base de nuestro pensamiento y acción.

 

El cerebro puede ser estimulado por el entorno a través de los órganos de los sentidos, pero estas excitaciones no contienen informaciones importantes y fiables sobre ese entorno. Antes bien, el cerebro tiene que generar significados por comparación y combinación de sucesos sensoriales elementales y estos significados tienen que ser examinados de acuerdo con criterios internos. Estos son los sillares de la realidad. La realidad en la que estoy inmerso es, por tanto, una construcción del cerebro.
― Roth, Das Gehirn und seine Wirklichkeit: Kognitive Neurobiologie und ihre philosophischen Konsequenzen

 

Nosotros mismos somos un constructo

 

Según Roth, no sólo las cosas que percibimos como reales son construcciones en la realidad, sino que además nosotros mismos somos un constructo.

 

Yo mismo soy un constructo. Yo aparezco de manera ineludible en esa realidad. Esto significa que el verdadero cerebro produce una realidad en la que un yo existe, que se enfrenta como sujeto a sus actos mentales, que experimenta las percepciones y acciones, que tiene un cuerpo y un mundo externo.
― Roth, Das Gehirn und seine Wirklichkeit: Kognitive Neurobiologie und ihre philosophischen Konsequenzen

 

No vemos la realidad, pero suponemos que está ahí y aunque el cerebro produce nuestra conciencia no tenemos ni idea de este proceso. Sólo experimentamos el producto final, aquello que el cerebro nos presenta como la única realidad.

 

Constructivismo: la realidad es una invención que no existe sin el sujeto

 

Al tener en cuenta que la realidad puede ser construida por el cerebro, el constructivismo se plantea el problema sobre la existencia real o no de la realidad. Así, concluye que a cada persona sólo le es accesible la propia realidad y que resulta imposible conocer algo más allá de ella.

 

Fundamentalmente, la realidad es una construcción en parte inventada por quien la observa. Esto significa que no descubrimos la realidad de manera objetiva, sino más bien, en cierto grado, la inventamos a partir de la interacción con otras personas y el mundo.

 

Si bien queremos que la realidad exista independientemente de nosotros en tanto que observadores de la misma, ésta es una invención subjetiva, no descubrimos la realidad, sino que la construimos y no existe sin un sujeto que dé cuenta de ella.

 

La realidad no existe sin el sujeto

 

Una descripción exacta de cómo son las cosas nunca será posible precisamente porque la realidad no existe sin el sujeto.

 

Sea lo que fuere lo que entendemos por «conocimiento», ya no puede ser más la imagen o la representación de un mundo independiente del hombre que hace la experiencia. Heinz Von Foerster lo ha dicho con ejemplar concisión: «La objetividad es la ilusión de que las observaciones pueden hacerse sin un observador».
― Ernst von Glasersfeld, Despedida de la objetividad. Watzlawick, P. y Krieg, P. (Comps.). El ojo del observador. Contribuciones al construccionismo

 

Por otra parte, lo anunciado por Kant de que «sólo conocemos a priori de las cosas lo que nosotros mismos ponemos en ella», también dio cabida a una interpretación con aplicación constructivista.

 

La misma experiencia constituye un tipo de conocimiento que requiere entendimiento y éste posee unas reglas que yo debo suponer en mí ya antes de que los objetos me sean dados, es decir, reglas a priori. Estas reglas se expresan en conceptos a priori a los que, por tanto, se conforman necesariamente todos los objetos de la experiencia y con los que debe concordar.
― Kant, prólogo de Crítica de la razón pura

 

No podemos percibir la realidad de manera objetiva

 

Desde la perspectiva constructivista la realidad objetiva que pudiese ser accesible al entendimiento humano no existe. Sin embargo, esto no implica la negación de un mundo externo.

 

La cuestión radica en que no lo podemos percibir de manera objetiva, no podemos conocer la realidad tal como es. El mundo externo siempre será un mundo interpretado desde nuestras percepciones personales y datos empíricos.

 

Si partimos del hecho de que sólo conocemos del mundo lo que nuestro cerebro nos presenta, el constructivismo destruye la confianza que tenemos en la realidad objetiva y el mundo que nos rodea.

 

De esta manera cerramos el círculo y retornamos al elefante en la casa a oscuras: nuestras percepciones nos impiden ver la verdad. Rumi no nos dejó soluciones al problema, sin embargo, alcanzó a decirnos que «si cada uno tuviera una vela y fueran juntos las diferencias desaparecerían».

 


Arte | Elefante encadenado, artista desconocido, siglo XVIII | Ver más

 

36 vistas

Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.