Mientras filósofos como Rousseau o Locke hablaban apasionadamente de la libertad natural y de cómo los ciudadanos dan su consentimiento al gobierno, Mary Wollstonecraft levanta la mano en el siglo XVIII para señalar una enorme contradicción. Ella plantea que las teorías del contrato social son falsas y egoístas porque asumen que el ciudadano es exclusivamente el hombre. Al dejar a las mujeres fuera de la educación, de la política y de los derechos civiles, los filósofos ilustrados estaban haciendo exactamente lo mismo que criticaban, crear un sistema despótico.
La denuncia de Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft consciente de la exclusión de la mujer del contrato social, apela por los mismos derechos que los hombres un siglo antes de que se acuñara el término feminismo. En realidad, solo era cuestión de tiempo para que las mujeres de los siglos XVIII y XIX analizaran las ideas sobre el contrato social y los derechos naturales, y compararan los argumentos sobre la legitimidad del contrato social con su realidad.
Wollstonecraft, escritora, filósofa y activista social, no solo es consciente de que a las mujeres se nos niegan nuestros derechos naturales, también piensa que Rousseau excluye a las mujeres del contrato social.
En su obra más famosa Vindicación de los derechos de la mujer, apela al igualitarismo entre hombres y mujeres sustentada en que la razón es igual para ambos sexos y el único fundamento de la moral: «De hecho, es una farsa llamar virtuoso a cualquier ser, cuando dichas virtudes no son resultado del ejercicio de su propia razón. Ésta era la opinión de Rousseau respecto al hombre: yo la hago extensiva a la mujer».
Un contrato a medias y la tiranía del hogar
Wollstonecraft explica que el contrato social excluye deliberadamente a la mitad de la población, las mujeres. Y, que esta falta de consentimiento se vive en dos frentes:
- El despotismo político: las mujeres son obligadas a obedecer leyes que jamás consintieron, creadas por un gobierno donde no tienen voz.
- La tiranía doméstica: el hogar se convierte en una pequeña monarquía absoluta donde el esposo actúa como un déspota. Sin derechos económicos ni educativos, el consentimiento de la mujer no es libre, es una sumisión obligada.
Wollstonecraft, se opone vehementemente a las convenciones sociales que imponen que las mujeres debemos velar por nuestra apariencia física y ser sumisas a los maridos: «Mi propio sexo, espero, me disculpará si las trato como criaturas racionales, en lugar de halagar sus fascinantes gracias y verlas como si estuvieran en un estado de infancia perpetua, incapaces de estar solas».
Su gran lección es que el verdadero consentimiento no puede fundarse en la exclusión. Una sociedad que lucha contra un gobierno despótico pero mantiene a las mujeres sometidas, solo está cambiando un tirano público por millones de tiranos privados.

Educación igualitaria
Para Wollstonecraft las mujeres no poseemos menos capacidades intelectuales que los hombres, y no hay fundamento racional alguno para darles a las niñas una educación diferente de la de los niños. Así, en su obra Pensamientos sobre la educación de las hijas, extiende los ideales de la Ilustración a la educación de las mujeres, y aboga por un sistema educativo nacional gratuito donde niñas y niños sean educados juntos.
Semillas de reflexión
Wollstonecraft está del lado de la justicia. Así, ella defiende a los hombres en Vindicación de los derechos de los hombres (1790), y defiende a las mujeres en Vindicación de los derechos de la mujer (1792). Ella defiende la igualdad de género y un ideal de matrimonio basado en la igualdad y la afinidad intelectual.
De manera especial, ella influye en una gran cantidad de personas, entre ellas Elizabeth Cady Stanton, la principal teórica del feminismo en el siglo XIX en Estados Unidos.
Si bien la filosofía política y moral de Wollstonecraft en parte trata la exclusión de la mujer del contrato social, y los derechos naturales de la mujer, su manifiesto con sus más de doscientos años está lejos de ser obsoleto. Porque sus reflexiones sobre la realidad de las mujeres de su época son parte de un intento por alcanzar una comprensión integral de las relaciones humanas, dentro de una sociedad cada vez más gobernada por la desigualdad, la codicia y el consumo.