Un espacio para aprender a navegar a través de la complejidad y la incertidumbre de los desafíos éticos.

Nosotros el pueblo creamos el poder político

 

Los seres humanos, en nuestro estado de naturaleza, gozamos de completa libertad, pero renunciamos a esa libertad en beneficio de un orden artificial: el Estado o poder político. Básicamente, nosotros el pueblo creamos el poder político porque queremos convivir en paz.

 

El origen y el propósito del Estado son explicados por el contrato social, una hipótesis que además explica la autoridad política, el orden social y el propósito de los derechos humanos.

 

Nosotros el pueblo hicimos un pacto social

 

Por contrato social entendemos el pacto que hacemos los individuos, por el que, de forma tácita o expresa, acordamos renunciar a nuestros derechos naturales, para constituirnos en sujetos de derechos civiles. Mediante el pacto nos organizamos en una sociedad y fundamos la autoridad pública.

 

Nosotros el pueblo renunciamos al derecho de gobernarnos

 

Según Thomas Hobbes, la autoridad política y el orden social surgen porque la crueldad y la brutalidad, que los seres humanos podemos infligirnos entre nosotros, hace necesario un Estado fuerte que nos proteja de lo peor que hay en nosotros.

 

Así, el contrato viene a significar la renuncia al poder personal. Esto es, abandonar la libertad de la que dispondríamos en estado de naturaleza, por parte de cada uno de nosotros y por voluntad propia, a cambio de ciertos derechos; lo que, a su vez, permite el establecimiento de un poder mayor (el Estado) para hacer cumplir el contrato, el cual es reconocido por todos.

 

Nosotros el pueblo creamos el poder político y nos guste o no, todos estamos de acuerdo con aceptar unas normas morales, unas leyes y la existencia de una autoridad.

 

Nosotros el pueblo determinamos la forma de gobierno

 

Para Samuel Pufendorf no se trata de un pacto, sino de dos. Primero nos constituimos como pueblo, antes que el gobernante, por tanto, es como individuos unidos que establecemos las condiciones que regulan la función del gobernante.

 

Asimismo, es el pueblo el que determina la forma de gobierno, y sólo mediante el poder del colectivo, podemos alcanzar la seguridad para todos los ciudadanos.

 

Nosotros el pueblo queremos protección

 

John Locke explicó que nos unimos en una sociedad porque queremos proteger nuestras vidas, nuestras libertades y nuestras propiedades.

 

El contrato social es temporal y depende del buen desempeño del Estado, entendido éste como servidor del pueblo. Cuando el Estado excede su autoridad viola los acuerdos del contrato, y entonces no merece el apoyo de la gente.

 

Nosotros el pueblo somos libres por naturaleza

 

Para Jean-Jacques Rousseau somos libres, iguales y felices por naturaleza. Sin embargo, como seres sociales debemos encontrar una forma de asociación que nos defienda y proteja de toda fuerza común.

 

El contrato social ordena nuestra vida social exaltando la soberanía popular, y apelando al carácter constitutivamente moral de la sociedad. Este pacto social encierra la “voluntad general” (volonté générale) como única instancia capaz de generar derecho. Con otras palabras, las leyes están sujetas a la voluntad de la mayoría.

 

Nosotros el pueblo aceptamos los principios de la justicia para nuestro propio bien

 

John Rawls explicó que la sociedad supone, por un lado, conflicto constante de intereses y, por el otro, voluntad de mantener los principios de la justicia.

 

Estos principios los aceptamos para mantener la sociedad. Pero no son el resultado de un pacto inicial, sino de una posición inicial. Así, como hombres libres los aceptamos para nuestro propio bien.

 

Los dos principios de justicia dicen así:

 

1. Toda persona tiene igual derecho a un régimen plenamente suficiente de libertades básicas iguales, que sea compatible con un régimen similar de libertades para todos.
2. Las desigualdades sociales y económicas han de satisfacer dos condiciones. Primero, deben estar asociadas a cargos y posiciones abiertos a todos en las condiciones de una equitativa igualdad de oportunidades; y, segundo, deben procurar el máximo beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad.
― John Rawls, Sobre las libertades

 

De esta manera, nosotros el pueblo creamos el poder político, pero también aceptamos los principios de la justicia.

 

Nosotros el pueblo tenemos derechos y deberes

 

Lo que llamamos Constitución Política es la expresión normativa del contrato social, allí quedan consignados los alcances, límites y formas del ejercicio del poder; así como nuestros derechos y deberes como ciudadanos, dentro de un marco de principios y valores comunes.

 

La Constitución debe expresar la voluntad general, ésta constituye el bien común y se construye mediante plebiscito directo.

 

Los términos del contrato pueden ser cambiados si así lo deseamos. Nunca debemos olvidar, que el contrato social es un acuerdo en el que se deben respetar nuestros derechos naturales, la vida y la propiedad. Si ese no es el caso tenemos la obligación de rebelarnos contra el gobierno y anular el acuerdo.

 

En el Estado democrático como lo conocemos hoy día, la soberanía se encuentra en el pueblo y la autoridad está en la mayoría, es decir, NOSOTROS EL PUEBLO.

 

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