Derechos frente a regulación

Derechos frente a regulación: teoría política

Tarde o temprano nos enfrentamos al dilema ético de los derechos frente a la regulación, es decir, qué es más importante para nosotros, nuestros derechos o que el Estado regule a la sociedad. La cruda realidad es que no podemos escapar a esta elección. Porque somos personas con derechos e intereses individuales, pero también formamos parte de una sociedad, y el Estado es el poder político gobernante que representa a la sociedad dentro de fronteras definidas. 

Para algunos filósofos el Estado existe para servir y proteger nuestros derechos, mientras que otros resaltan que existimos para servir al Estado, idealmente, para nuestro propio bien, ya que nuestros actos no son aislados y pueden afectar el bienestar de los demás. 

Cuando nos referimos a la relación entre el individuo y el Estado, nos referimos a lo que es más justo para nosotros como individuos y lo que es más justo para todos, esto es el orden social y el bien común. Sin embargo, no se trata de una simple elección entre yo o los otros, la realidad es más compleja que esto, siendo casi imposible separar el asunto de nuestros derechos del bien para todos. Así surge otra interrogante importante: «¿Cuál es la medida de control e intervención que deseamos por parte del Estado?»

Teoría política

Como anota Bobbio en Liberalismo y democracia, no es nueva la tensión entre nuestras libertades individuales y el poder inherente de las instituciones políticas. Se trata del motor que ha movido la teoría política durante siglos, distribuyendo las fuerzas entre el individuo y las instituciones colectivas. Es inevitable.

La cuestión es que muchos de nosotros queremos que el Estado regule a la sociedad y garantice nuestra seguridad. Pero, al mismo tiempo, exigimos garantías para nuestros derechos y libertades fundamentales, no queremos intervención del Estado en nuestras vidas. 

Ahora bien, intuimos la necesidad de un equilibrio entre las partes. Así, la cuestión es ¿cuál es la medida?, ¿qué tanto debemos permitir la intrusión del gobierno en nuestras vidas? 

La teoría política se encarga de este equilibrio del poder entre el pueblo y el Estado. La cuestión es que todo lo que tiene que ver con nosotros depende del concepto que tenemos de nuestra naturaleza. Esto es, la opinión que tenemos de nosotros mismos en cosas como qué somos y qué somos capaces de hacer. 

La política no hace una excepción, el grado de control e intervención que deseamos por parte del Estado depende de nuestra confianza o desconfianza en la naturaleza humana. En consecuencia, las opiniones van desde la creencia de que el poder del Estado debe ser absoluto (totalitarismo), hasta la creencia de que idealmente no debe haber ningún Estado (anarquismo), porque éste interfiere con los derechos de los individuos. 

Queremos que nos dejen solos vs Queremos que cuiden de todos nosotros

En dónde nos ubicamos en este intervalo depende de nuestra confianza o desconfianza en la naturaleza humana. Es decir, si confiamos en la bondad de las personas entonces tendemos a desear poca o ninguna intervención del Estado. Pero, si lo que vemos en las personas es su egoísmo y maldad, entonces queremos que un Estado fuerte controle todas las tendencias agresivas de los demás. Por tanto, la cuestión de nuestros derechos frente a la regulación de la sociedad es un problema que no escapa a la condición humana. 

Una de las formas más precisas de visualizarlo no es con una línea recta de izquierda a derecha, es a través de un eje de autoridad frente a libertad, es decir, qué tanto control estatal sobre la vida privada y económica defiende cada ideología.

Anarquismo

El anarquismo considera que toda regulación estatal es inherentemente ilegítima y violenta. Sostiene que las sociedades pueden organizarse mediante pactos voluntarios y cooperación mutua, sin necesidad de un poder central coercitivo.

Frente a la regulación, cero tolerancia. No existe medida legítima de intrusión porque el Estado es visto como un monopolio de la fuerza que protege los intereses de las élites a expensas de la libertad individual.

Detrás del anarquismo o cero gobierno se encuentra una opinión en extremo optimista de nosotros, donde nos concebimos dotados de una razón todopoderosa, capaces de realizar la bondad natural del hombre y capaces de construir solos una sociedad justa y feliz. 

De manera concreta, el anarquismo rechaza cualquier forma de regulación por considerarla una violencia innecesaria contra nuestra autonomía.

Liberalismo

John Locke supuso el derecho del pueblo a ser libre dando así inicio al liberalismo. Locke aboga por la separación de poderes y por la discriminación del poder ejecutivo (gobierno) y del poder legislativo (Parlamento). 

Porque ley, en su verdadero concepto, no es tanto limitación como dirección de las acciones de gentes libres e inteligentes hacia su propio interés; y no más allá prescribe de lo que conviniere al bien general de quienes se hallaren bajo tal ley. Si pudieran ellos ser felices sin su concurso, la ley, como cosa inútil, se desvanecería por sí misma; y mal merece el nombre de encierro la baranda al borde de pantanos y precipicios. Así, pues, yérrese o no en el particular, el fin de la ley no es abolir o restringir sino preservar y ensanchar la libertad. Pues en todos los estados de las criaturas capaces de leyes, donde no hay ley no hay libertad. Porque libertad es hallarse libre de opresión y violencia ajenas, lo que no puede acaecer cuando no hay ley; y no se trata, como ya dijimos, de «libertad de hacer cada cual lo que le apetezca». ¿Quién podría ser libre, cuando la apetencia de cualquier otro hombre pudiera sojuzgarle? Mas se trata de la libertad de disponer y ordenar libremente, como le plazca, su persona, acciones, posesiones y todos sus bienes dentro de lo que consintieren las leyes a que está sometido; y, por lo tanto, no verse sujeto a la voluntad arbitraria de otro, sino seguir libremente la suya.

― John Locke, Dos tratados sobre el gobierno civil 

El liberalismo defiende el primado del principio de la libertad individual, como afirmación de la autonomía del individuo para seguir reglas racionales. Así, pone al individuo y sus derechos naturales (vida, libertad y propiedad) en el centro de toda su arquitectura filosófica,

El Estado mínimo y el árbitro Justo

En el liberalismo clásico, el Estado debe reducirse a su mínima expresión como policía, ejército y juzgados. Su única regulación legítima es hacer cumplir los contratos y proteger la propiedad privada, y su norte es la libertad individual. Para esta corriente, el Estado debe ser un árbitro mínimo regido por el célebre principio del daño de John Stuart Mill, el cual dicta que el poder solo puede ejercerse legítimamente sobre un ciudadano en contra de su voluntad para evitar que cause daño a los demás.

Por otra parte, el Socioliberalismo admite una regulación un poco más amplia. El Estado puede intervenir para corregir fallos de mercado (como monopolios), proteger el medio ambiente o garantizar una red básica de educación y salud, pero siempre cuidando de no asfixiar la iniciativa privada ni las libertades civiles.

El liberalismo como doctrina económica 

En su obra La riqueza de las naciones Adam Smith desarrolla el liberalismo como doctrina económica, señalando que el mercado libre maximiza el bienestar general y, que los individuos deberían de dejarse solos para perseguir el capitalismo de libre empresa. 

Smith explica que sin regulación gubernamental las fuerzas del mercado de la oferta y la demanda regularían la economía: 

Cual sea la especie de actividad doméstica en que pueda invertir su capital, y cuyo producto sea probablemente de más valor, es un asunto que juzgará mejor el individuo interesado en cada caso particular, que no el legislador o el hombre de Estado. 

― Adam Smith, La riqueza de las naciones

La realidad del sistema económico actual dista del ideal de Smith. En lugar de que existan muchos empresarios individuales, existen unos pocos conglomerados multinacionales que controlan la economía mundial y compiten con los gobiernos. 

El liberalismo del siglo XIX se define a partir de la filosofía política de Locke y la teoría económica de Smith. Esto significa que la libertad individual se fundamenta en el poder limitado del Estado. En palabras sencillas, lo mejor para nosotros es una intervención gubernamental restringida. 

Conservadurismo

Si para Locke el Estado es una estructura artificial, para Edmund Burke, contemporáneo de Adam Smith y, quizá, el principal conservador de su tiempo, el Estado es una encarnación de la tradición y de todo lo mejor de la naturaleza humana, compartiendo así la concepción hegeliana del Estado orgánico, viviente de los valores culturales, donde el Estado sabe mejor que nosotros mismos lo que nos conviene. 

Burke describe la Revolución francesa como «la (crisis) más asombrosa que haya sucedido hasta ahora en el mundo», y anota que nos convertimos en una turba si nos dejan a nuestro propio arbitrio. Su pesimismo es evidente y no confía en el criterio de nadie, por lo que está a favor de restringir las libertades individuales en beneficio de nuestros propios intereses. 

El propósito era mostrar que, sin empeñar fuerzas considerables, los mismos medios que se han empleado para destruir la religión podrían emplearse con igual éxito para la subversión del gobierno, y que podrían usarse argumentos especiosos contra aquellas cosas que quienes dudan de todo lo demás no permitirían que fueran puestas en entredicho. Creo que es una observación de Isócrates, en uno de sus discursos contra los sofistas, la de que es mucho más sencillo mantener una causa equivocada, y respaldar opiniones paradójicas para satisfacer a un auditorio vulgar, que establecer una verdad dudosa con argumentos sólidos y concluyentes. Cuando los hombres descubren algo que puede decirse a favor de lo que, en la misma proposición, pensaban que era completamente indefendible, se vuelven recelosos de su propia razón y caen en una especie de grata sorpresa: secundan al orador, seducidos y cautivados por encontrar una cosecha tan abundante de razonamiento donde todo parecía estéril e infructuoso. 

― Edmund Burke, Vindicación de la sociedad natural 

El Estado como protector del orden y la tradición

A diferencia del liberalismo, que prioriza la libertad individual abstracta, el conservadurismo prioriza la estabilidad social, el orden y la preservación de las instituciones tradicionales (la familia, la religión, la patria).

En lo social, suele justificar una mayor regulación e intrusión en la vida privada de los ciudadanos. Considera legítimo que el Estado promueva ciertos valores morales o proteja la cohesión social regulando aspectos como el matrimonio, el consumo de ciertas sustancias o la censura de contenidos que atenten contra la cultura común.

En lo económico, varía según la corriente. El conservadurismo anglosajón tiende a alinearse con el libre mercado liberal. Sin embargo, otras vertientes conservadoras defienden el proteccionismo económico y regulaciones fuertes para cuidar las industrias locales y evitar que el mercado global destruya el tejido social interno.

Así, el conservadurismo ve con buenos ojos una mayor intrusión social para proteger el orden, la moral y las tradiciones compartidas.

Totalitarismo

En oposición a estas ideas, el totalitarismo o poder absoluto del gobierno se fundamenta en una opinión en extremo pesimista de nosotros, donde nos vemos dueños de una racionalidad limitada, capaces de hacer mucho mal y carentes de lo que se necesita para incidir sobre la realidad política. Así, el individuo se disuelve por completo y el Estado reclama un control absoluto sobre la esfera pública y privada.

Estado Absoluto

El totalitarismo es el extremo opuesto del anarquismo. Encarnado históricamente en el fascismo, el nazismo y el estalinismo, se rige bajo la máxima de Benito Mussolini: «Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».

Frente a la regulación, la intrusión es total y permanente. No existe distinción entre la vida pública y la privada. El Estado regula lo que producimos, lo que consumimos, lo que pensamos, la información que recibimos y los lazos familiares. Los derechos individuales no existen. Aquí el ciudadano es solo una herramienta para los fines del Estado o del Partido Único.

Las dos grandes visiones del debate

En relación con el anarquismo y el totalitarismo, el liberalismo y conservadurismo son teorías políticas consideradas moderadas. El liberalismo defiende el primado del principio de la libertad individual, como afirmación de la autonomía del individuo para seguir reglas racionales. Mientras que el conservadurismo defiende el respeto por las instituciones tradicionales y establecidas. 

El debate entre estas ideas es increíblemente actual y es indispensable para la salud de la democracia.

La mejor manera de comprender esto es descubriendo su génesis, sus fuentes originales, y lo primero que debemos saber es que no había conservadores ni liberales antes de la revolución francesa. 

El liberalismo abraza los ideales de la revolución y aboga por los derechos naturales, contemplando la necesidad de separar la política de la moral y de la religión, así como la necesidad de limitar el poder de los gobernantes. Mientras que el conservadurismo surge como una reacción violenta en contra de las revoluciones europeas y de la guerra de independencia de Estados Unidos. 

En ambas teorías se manifiestan tesis diferentes que cambian a través del tiempo. Antes era evidente la diferencia entre ambas posiciones. Hoy, según como sean las cosas, tanto los liberales como los conservadores pueden defender una mayor o menor intervención por parte del gobierno en nuestras vidas. 

Lo que permanece es un énfasis liberal a favor de los derechos individuales y un énfasis conservador a favor del valor de la tradición. 

El optimum no se alcanza en la paz forzada de la tiranía totalitaria; se toca en la lucha continua entre los dos ideales, ninguno de los cuales puede ser vencido sin daño común. 

― Luigi Einaudi, Discorso elementare sulle somiglianze e dissomiglianze fra liberalismo e socialismo

¿Cuál es la regla de oro?

El límite exacto de la medida varía según la corriente ideológica y el diseño constitucional de cada país.

La medida de la intrusión se resume en que el Estado está diseñado para servir al individuo, no el individuo para servir al Estado. Cada vez que el gobierno nos pida sacrificar un trozo de nuestra libertad (ya sea nuestro dinero, nuestros datos o nuestra movilidad), la carga de la prueba la tiene el gobierno, ellos deben demostrar con datos transparentes que no había ninguna otra opción menos dolorosa para proteger a la sociedad.

Semillas de reflexión

Ante el dilema ético de los derechos frente a la regulación, ciertamente, mientras existan el egoísmo y la maldad en nosotros no solo la moral y la ética son necesarias, también es necesario que el Estado regule a la sociedad. Mientras tanto, independientemente de la teoría política, es deber del gobierno garantizar nuestras libertades fundamentales y proteger a todos los ciudadanos de los abusos a los derechos humanos. 

La regulación estatal no es un cheque en blanco, debemos verla como un contrato delicado que requiere revisión constante.

La responsabilidad moral va más allá del cumplimiento legal, no termina donde la ley se detiene. Porque la libertad se regula a sí misma. Una más de esas paradojas que tiene la naturaleza humana: siempre hemos estado dispuestos a renunciar a algo de libertad por algo de orden.