Rousseau: somos libres por naturaleza

Si Locke pensaba que nos uníamos en sociedad para proteger nuestras propiedades, Jean-Jacques Rousseau da un giro radical y pone el foco en el alma humana. Para Rousseau, los seres humanos somos libres por naturaleza, guiados por la empatía y viviendo en un estado de paz genuina antes de que la civilización nos corrompiera. La libertad no es algo que podamos vender, regalar o negociar, renunciar a ella, anota Rousseau, es renunciar a nuestra propia condición de seres humanos y a nuestros deberes morales.

En su libro El contrato social: o los principios del derecho político, también llamado El contrato social, Rousseau explica el origen y el propósito del Estado y de los derechos humanos.

Somos libres, iguales y felices por naturaleza

Rousseau no comparte la opinión de Hobbes ni de Locke, de que nos beneficiamos más si vivimos en un Estado bien constituido, en lugar de vivir en el estado natural. Para Rousseau somos libres por naturaleza, no obstante, la libertad pura y la civilización son conceptos incompatibles, ya que renunciamos a nuestra libertad al dar a otros la responsabilidad de legislar. 

Somos libres, pero estamos encadenados: «El hombre ha nacido libre y, sin embargo por todas partes se encuentra encadenado». De manera bastante gráfica, Rousseau explica el inicio de la sociedad civil como el origen de la desigualdad y de muchos de nuestros males.

El primero, a quien, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir esto es mío y encontró gentes lo bastante simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil, ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, cuántas miserias y horrores hubiera ahorrado al género humano aquel que, arrancando las estacas o rellenando la zanja, hubiera gritado a sus semejantes: «Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie!». 

― Rousseau, Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres 

Las personas somos libres, iguales, buenas y felices en el estado natural, es la sociedad la que nos vuelve personas malas. Por eso, necesitamos una forma de asociación que proteja y defienda la igualdad y la libertad individual. 

recuperar la libertad perdida

Si somos libres por naturaleza, ¿cómo podemos vivir en sociedad sin convertirnos en esclavos de las leyes o de un gobernante? Su respuesta es la Voluntad General. Rousseau explica que el verdadero contrato social no consiste en obedecer a un rey o a un déspota, consiste en aliarnos con los demás para obedecer a una ley que nosotros mismos hemos ayudado a crear.

Por un lado, nuestra supervivencia como individuos depende de la propia fuerza y libertad. Por otro lado, también es necesaria una vida en sociedad que proteja, precisamente, dicha libertad. Si bien la sociedad es el origen de la desigualdad humana, también es nuestra única posibilidad de libertad. Por lo tanto, como seres sociales debemos encontrar una forma de asociación que nos defienda y proteja de toda fuerza común. 

Esta forma de asociación la encontramos en el contrato social, el cual debe ordenar la vida social. Para Rousseau, el pacto social debe exaltar la soberanía popular y apelar al carácter constitutivamente moral de la sociedad, de manera que los ideales de libertad e igualdad sean reales para todos. 

«Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y queda tan libre como antes». Tal es el problema fundamental, al cual da solución el Contrato social.

― Jean Jaques Rousseau, Contrato Social 

En el contrato social todos debemos ser libres. Porque todos perdemos el mismo número de derechos e imponemos los mismos deberes a todos. Por lo tanto, ante un gobierno despótico que impone su voluntad por la fuerza, el pueblo no solo tiene el derecho de rebelarse, también tiene la obligación moral de hacerlo para rescatar esa libertad natural que le fue arrebatada.

La «voluntad general»

La voluntad general constituye el bien común y se construye mediante plebiscito directo. Ahora bien, esta suma de fuerzas sólo es posible si todos los ciudadanos conservamos un interés activo y progresivo en las leyes. El pacto social debe encerrar la «voluntad general» (volonté générale) como única instancia capaz de generar derecho. 

Por tanto, si se elimina del pacto social lo que no le es de esencia, nos encontramos con que se reduce a los términos siguientes: «Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general, y nosotros recibimos además a cada miembro como parte indivisible del todo». 
Este acto produce inmediatamente, en vez de la persona particular de cada contratante, un cuerpo moral y colectivo, compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea, el cual recibe de este mismo acto su unidad, su yo, su vida y su voluntad. 

― Jean Jaques Rousseau, Contrato Social 

Rousseau nos dice que somos libres por naturaleza, no obstante, mediante la ratificación de la voluntad general, pasamos de manera voluntaria del estado de naturaleza a una sociedad estructurada por leyes creadas por nosotros mismos, y a las cuales nos sometemos por el bien común. 

Igualmente, el pueblo soberano está formado por toda la población y representa la voluntad general. El pueblo soberano es el poder legislativo dentro del Estado. Sin embargo, el gobierno es una institución separada del organismo soberano. Así, cuando el gobierno excede los límites establecidos por el pueblo, la misión del pueblo es abolir dicho gobierno y comenzar de nuevo. 

Todo esto requiere de educación, por lo que Rousseau propone una «educación por las cosas», libre, sin influencias sociales ni vínculos afectivos. Así, los ciudadanos permaneceríamos independientes de la sociedad, y desarrollaríamos el deseo del bien común. 

Semillas de reflexión

Para Rousseau los seres humanos somos libres por naturaleza, guiados por la empatía y la paz. Por eso, renunciar a la libertad es renunciar a nuestra propia condición de seres humanos.

El verdadero contrato social consiste en aliarnos con los demás para obedecer a una ley que nosotros mismos hemos ayudado a crear. Cuando consentimos formar parte de una comunidad auténtica, no entregamos nuestra libertad a un tercero, nos la entregamos a nosotros mismos como colectivo.

Si bien en el contexto histórico en el que Rousseau planteó sus ideas, las relaciones de poder giraban en torno al soberano y los súbditos, su poder total no difiere mucho de los gobiernos totalitarios que conocemos en la actualidad. Ante un gobierno despótico, el pueblo tiene la obligación moral de rebelarse para rescatar su libertad natural.