Importancia de la ética

Vivimos rodeados de decisiones. Algunas son pequeñas y cotidianas; otras, profundas y colectivas. Pero todas, sin excepción, configuran el mundo que habitamos. En este entramado de elecciones, la ética es una necesidad vital.

La ética sucede de manera implícita

Nos resulta difícil tomar nota que la vida en sociedad nos exige confiar nuestra integridad física, mental y emocional al otro, al tiempo que se espera de cada uno responsabilidad, eficiencia y confiabilidad. Y, es allí, en esto sobreentendido, donde radica la importancia de la ética.

Todos estamos de acuerdo con que la vida en sociedad resulta conveniente, igual nadie refuta la necesidad de mantener una sana convivencia y procurar la solidaridad y la confiabilidad para que la vida en sociedad sea posible.

Por ejemplo, esperamos recibir asistencia médica oportuna y eficaz, y entrar a un supermercado y encontrar lo que necesitamos. Pero, sobre todo, deseamos regresar sanos y salvos a casa, nadie desea ser robado, violado o asesinado camino a casa. En el plano afectivo no es diferente, no hay nada más valioso que contar con la lealtad y el respeto de las personas que amamos.

La ética empieza donde decidimos

Elegir es un acto ético, incluso en tiempos de inteligencia artificial. En un mundo de infinitas posibilidades es normal que, minuto a minuto, tengamos que enfrentarnos a elecciones que pueden afectar la calidad de nuestras vidas. La cuestión es que las elecciones que hacemos tienen consecuencias tanto para nosotros como para los demás y, ante la posibilidad de la libertad de la voluntad, somos responsables por cada uno de nuestros actos.

Lo sepamos o no, la ética tiene todo que ver con las decisiones que tomamos y con las que dejamos que otros tomen por nosotros. Gracias a la ética tomamos decisiones que generan impactos positivos y nos alejan de resultados injustos. Nos guía a hacer lo correcto, decir la verdad, cumplir nuestras promesas o ayudar a alguien que lo necesita. Son las decisiones éticas que tomamos las que, como semillas, hacen florecer un mundo más justo.

En consecuencia, la ética importa, y mucho, porque vivir no basta y debemos preguntarnos cómo vivir, por qué y para qué. De modo esencial, hace posible que cada uno de nosotros pueda habitar este mundo con atención lúcida.

El mal también es el resultado de la toma de decisiones

Tarde o temprano nos preguntamos ¿por qué suceden cosas malas en nuestro mundo? Cosas como engaño, traición, violencia, guerras, esclavitud, pobreza, contaminación y cambio climático. Pues bien, estas cosas no suceden por casualidad, son el resultado de la toma de decisiones.

La inhumanidad es una realidad que forma parte de nuestro día a día. Como ya decía Camus «un hombre sin ética es una bestia salvaje suelta en este mundo». Sabemos que las personas pueden robar, mentir, matar, no hacer lo que dicen que harán y actuar de manera irresponsable. Pero la mayor parte del tiempo no somos conscientes de esta verdad.

De hecho, la lucha del bien contra el mal o los buenos contra los malos es la idea central más usada en las distintas narrativas. Por tanto, no debería sorprender que la misma lucha prevalezca en todos los ámbitos y entornos sociales, pero como comportamiento ético y no ético.

Sin un referente ético la sociedad cae irremediablemente en el caos

Muchos comportamientos poco éticos se deben a que hacemos excepciones especiales para nosotros mismos. El problema es que si todos hiciéramos lo que se nos diera la gana sería muy difícil salir adelante en la vida. Y, probablemente, nadie tendría una buena vida, porque nadie se aguanta las payasadas de otros por mucho tiempo.

Sin un referente ético corremos el riesgo de actuar sin sentido, de obedecer sin pensar, de vivir sin conciencia. La ética, en cambio, nos humaniza. Nos devuelve la capacidad de elegir con criterio, de cuidar lo que importa, de construir un mundo más justo y más digno.

Es un hecho que sin ética la sociedad sería un lugar miserable. De ahí la importancia de la ética para aprender a tomar mejores decisiones. Después de todo, nunca debemos olvidar que existimos a través de nuestras interacciones sociales con los demás.

Hopper y la fragilidad del vínculo 

En Halcones de la noche, Edward Hopper retrata un café nocturno iluminado en medio de la ciudad. Tres clientes y un camarero comparten el mismo espacio, pero cada uno parece encerrado en su propio silencio. La escena transmite una sensación de aislamiento, donde la gran ciudad, aunque habitada, puede volverse un lugar desolado. Hopper mismo reconocía que, inconscientemente, estaba pintando la soledad de la vida urbana. 

La luz del café, que contrasta con la oscuridad exterior, puede leerse como símbolo de ese espacio mínimo de cuidado y confianza que sostiene la vida en común. Ese espacio ético donde reconocemos al otro, sin reducirlo a una sombra en la multitud.

El fundamento de la ética es el carácter

Cuando hablamos de carácter, hablamos de la suma de cualidades que nos definen, entre las que contamos nuestras virtudes, ideas, motivos, intenciones y amores. De manera concreta, podemos señalar nuestra capacidad de introspección y reflexión como una de las cosas que nos hace humanos y únicos. Por tanto, aquello que nos impide caer al abismo somos nosotros mismos, es decir, nuestra elección de hacer lo contrario.

El origen de la acción… es la elección, y el de la elección es el deseo y el razonamiento con miras a un fin. Por eso la elección no puede existir sin pensamiento e intelecto o sin un estado moral; porque la buena acción y su opuesto no pueden existir sin una combinación de intelecto y carácter.

― Aristóteles, Ética a Nicómaco

Decidimos qué debemos hacer y qué no usando principios éticos y, al ser éticos, definimos quiénes somos como individuos y como sociedad. Por consiguiente, los principios y valores éticos son una de las necesidades humanas básicas. Sin embargo, no se trata simplemente de saber. Aristóteles enfatiza que la virtud es práctica y que el propósito de la ética es volverse bueno.

No basta, pues, en lo que toca a la virtud el saber, sino que se ha de procurar de poseer la virtud y usar de ella, o si otra vía hay por donde seamos hechos buenos. Si las razones, pues, fueran bastantes para hacer los hombres buenos, de muchos y grandes premios (como Teognis dice), fueran dignas, y con cualquier dinero fuera bien comprarlas.

― Aristóteles, Ética a Nicómaco

Lo que Aristóteles nos dice es que la ética no se trata únicamente de entender nuestra conducta filosóficamente, ya que, para él, la razón no es suficiente. Ella también se trata de tomar decisiones buenas y, por ende, mejorar la forma en que vivimos.

El sentido de lo correcto y lo incorrecto

La ética es un sistema de principios y valores que nos ayuda a diferenciar lo debido de lo indebido, lo correcto de lo incorrecto y lo bueno de lo malo. Y, precisamente, encontramos la importancia de la ética en la creación de este sentido de lo correcto y lo incorrecto en nuestras vidas.

Este sentido ético guía nuestro comportamiento a lo largo del camino de la vida, haciendo posible llevar una vida más justa y más plena, tanto en nuestra vida personal como en la sociedad que construimos juntos. Ahora bien, es en este gesto ético cotidiano que dibujamos la promesa de un mundo mejor.

Dado que somos egoístas y constantemente creamos conflictos que deben ser resueltos, necesitamos la ética para lograr una sociedad cooperativa. Por esta razón, llegamos a acuerdos con nuestros semejantes sobre la manera como debemos comportarnos, estableciendo normas, reglas, costumbres y leyes, de modo que nuestra existencia nos resulte más satisfactoria y menos traumática.

Ahora bien, mientras no logremos superar la maldad y el egoísmo inherentes a la naturaleza humana, todos nosotros seguiremos necesitando la ética para mantenernos unidos y funcionar como sociedad. Se trata de una cuestión de conciencia, porque son nuestras decisiones éticas las que transforman el mundo para bien.

Semillas de reflexión

¿Podemos imaginar una sociedad en la que no existan reglas, normas, leyes, códigos de conducta, formas de evaluar lo que es deseable o saludable y lo indeseable o dañino? La respuesta es no, porque cada uno de nosotros quiere evitar el sufrimiento y ser feliz. La ética es ineludible.

Nadie nace con un manual de vida debajo del brazo, por eso necesitamos algo que nos guíe para elegir con conciencia y cuidar nuestra humanidad. Y, eso es lo que hace la ética. Pensar antes de tomar una decisión nos permite estar en el mundo con lucidez y con responsabilidad. Cuando somos éticos ayudamos a mejorar la sociedad, nuestras vidas y las de las personas que amamos.

Toda decisión, personal o colectiva, tiene consecuencias. Y sin un referente ético, corremos el riesgo de actuar sin sentido y vivir sin justicia o dignidad. La ética importa, precisamente, porque nos recuerda que vivir no es suficiente: hay que vivir bien.