Los valores humanos son cualidades o creencias que encontramos deseables, lo que llamamos virtudes del carácter, la esencia de nuestro carácter, y su opuesto es el vicio. Cuando decimos que los valores son cualidades o creencias, reconocemos que habitan en la frontera entre lo que pensamos y lo que vivimos.
Al tratarse de cualidades o creencias deseables, los valores forman parte de nuestra vida cotidiana más de lo que realizamos. Son convicciones que se encarnan en todos nuestros gestos y en la manera en que cuidamos y nos dejamos cuidar.
Diferencia entre valor y valores
A menudo escuchamos el término valores en las discusiones sobre cultura, medio ambiente, cultura corporativa, ética, moralidad, fe, etcétera. Lo utilizamos de manera intensiva, pero no lo definimos ni lo especificamos. De hecho, con frecuencia, no lo utilizamos en el sentido que le corresponde. Porque usamos la palabra para referirnos tanto a un bien, a la utilidad, importancia o precio de algo, así como a la cualidad o virtud de una persona. Por lo tanto, conviene distinguir entre valor y valores.
En singular, entendemos una cosa con ciertas propiedades que han sido medidas o determinadas. Por ejemplo, medido en valor monetario como monedas, billetes, acciones, sellos, productos y servicios. Así, el valor en sí mismo generalmente se expresa mediante números y símbolos (unidades).
En plural, en cambio, hablamos de cualidades o principios que orientan la vida ética como la justicia, la solidaridad o la honestidad. Utilizamos el término en relación con los valores personales, es decir, aquellas cualidades, virtudes o características morales que poseemos y que se manifiestan en la interacción social.
No todo lo que tiene precio posee dignidad y lo verdaderamente valioso se mide en la calidad de las acciones. Mientras el valor se limita a lo cuantificable, los valores nos abren a lo cualitativo, es decir, aquello que orienta la vida y la convivencia.
Origen del término valores
Los antiguos griegos ya utilizaban el término axio (axios, lo que merece ser estimado) que tradicionalmente se traduce como valor, dignidad. Posteriormente los filósofos llamaron axiología a la teoría de los valores, el campo de la filosofía dedicado a pensar los valores como realidades que trascienden la simple costumbre.
En español el origen del término valor lo podemos encontrar en el latín valere, que significa ser fuerte. De ahí, también las palabras como valiente y valeroso. Cabe aclarar que ser fuerte lo debemos entender como el héroe que encamina su vida hacia la autorrealización. En nuestros tiempos un término análogo a ser fuerte es espíritu libre usado en un sentido positivo. Esto implica que una persona de pensamiento inteligente posee la intención de identificarse y expresarse acerca de los valores, tanto personales como sociopolíticos de manera libre e independiente.
Vale la pena recordar que los espíritus libres fueron denunciados como impíos desde el siglo XVI y enumerados en el llamado Índice y proscritos.
¿Qué son los valores?
Los valores son cualidades o creencias deseables que encontramos subjetivamente buenas desde el punto de vista moral. De modo esencial o fundamental, se trata de todo aquello que hace que apreciemos o deseemos algo por sí mismo, o por su relación con otra cosa. Esto es, la cualidad o conjunto de cualidades que hacen que deseemos o apreciemos las personas o las cosas.
Los valores colectivos más importantes generalmente se resumen en los llamados mandamientos, constituciones, leyes, estatutos y/o catecismos de la respectiva vida cultural o comunidades religiosas. Y, los más conocidos y mencionados son tolerancia, respeto, confianza, honestidad, lealtad y libertad. Menos conocidos son, por ejemplo, presencia, credibilidad, neutralidad y previsión.
Desde una perspectiva más amplia, los valores humanos proporcionan sistemas dinámicos y complejos (con tipos y categorías), con los que nos sentimos comprometidos. Asimismo, nuestros valores concretos se encuentran en estrecha relación con los aspectos más importantes de la vida, ellos crean nuestros sentimientos y pensamientos, siendo así responsables de nuestras acciones y, por ende, de nuestro destino.
El propósito de los valores
Los valores humanos encierran nuestras cualidades y creencias, tanto las que poseemos como las que deseamos o necesitamos. Se trata de respuestas profundas a la necesidad de distinguir lo que merece ser cuidado de lo que puede ser desechado. así, desde las primeras comunidades, los valores han sido el lenguaje invisible que permite la convivencia, señalando lo que se honra, lo que se respeta, lo que se considera digno, etcétera.
Ya que todas las decisiones que tomamos son un reflejo de nuestros valores dirigidos hacia la satisfacción de las necesidades individuales o colectivas, los valores tienen un doble propósito. Por un lado, guiar nuestras decisiones individuales, ofreciendo un horizonte de sentido. Por otro, sostener el tejido social, creando un marco compartido que hace posible la confianza y la cooperación.
El doble propósito de los valores
En lo personal, los valores humanos reflejan los principios que rigen nuestra vida y aquello que consideramos importante. De manera especial nos ayudan a orientarnos, enfocarnos en lo que es importante para nosotros, encontrar objetivos personales y a encontrar los aliados adecuados que comparten los mismos o similares valores.
En los social, los valores compartidos son una de las bases más importantes para todos los puntos en común y las conexiones significativas, sin ellos es imposible mantener relaciones saludables y la cohesión social.
La razón de ser de los valores es crear el futuro que queremos experimentar.
Pensemos en la justicia. En el plano personal, nos orienta a actuar con equidad en nuestras relaciones cotidianas como no aprovecharse del otro, y reconocer lo que le corresponde. En el plano colectivo, la justicia se convierte en principio rector de las instituciones, plasmándose en leyes, tribunales y sistemas que buscan garantizar derechos y resolver conflictos. Así, un mismo valor ilumina tanto la conciencia individual como la vida pública.
En este sentido, los valores son brújulas interiores que nos orientan hacia lo justo, lo verdadero y lo bello, no son imposiciones externas.

Luz y sombra en la obra de Seurat
El cuadro Tarde de domingo en la isla de la Gran Jatte (1884–1886), de Georges Seurat, es una obra emblemática del puntillismo. Su significado esencial no es del todo claro, pero muchos críticos de arte lo han interpretado como una representación de la burguesía francesa de la época: una clase que, bajo la apariencia de elegancia y ocio, se encontraba en decadencia, atrapada por la lujuria y el vicio, y por ello retratada en un ambiente de sombras.
Esta ambigüedad nos ofrece una metáfora poderosa para pensar los valores. Así como los puntos de luz aislados se unen para formar una imagen completa, los valores individuales se entrelazan para dar forma a la vida ética. Pero también puede aparecer la sombra de los contravalores, aquello que degrada la dignidad y oscurece la convivencia.
La pintura nos recuerda que los valores son cualidades que se manifiestan en la vida social, en las costumbres y en las formas de relación. Mirar la obra es mirar un espejo que nos invita a preguntarnos qué imagen estamos construyendo hoy con nuestros propios valores y contravalores, y qué luz queremos que prevalezca en el cuadro de nuestra vida común.
Explicación filosófica de los valores
La filosofía ha dedicado un campo entero, la axiología, al estudio de los valores. Desde los griegos, con el término axios (lo que merece ser estimado), hasta los pensadores contemporáneos, los valores han sido entendidos como cualidades que orientan nuestra vida.
Para Max Scheler, los valores se organizan en una jerarquía que va desde los valores sensibles (placer, bienestar), vitales (salud, fuerza), hasta los valores espirituales (verdad, belleza, justicia) y religiosos (lo sagrado). Esta clasificación muestra que los valores no son homogéneos, y que se despliegan en niveles que van desde lo inmediato hasta lo trascendente.
Nicolai Hartmann profundiza esta visión, señalando que los valores existen independientemente de nuestras preferencias, pero se revelan en la experiencia. Por consiguiente, se trata de realidades que se manifiestan en la vida práctica.
Los valores valen por sí mismos
No son cosas reales ni tampoco objetos ideales, son abstracciones, conceptos, elaboraciones mentales para identificar y expresar cualidades de los seres, que solo existen en relación con algo. Sin embargo, José Luis López Aranguren subraya que los valores se encarnan en hábitos y virtudes, no solo en ideas abstractas.
Shilrk, en The ethical dimension, explica que «un valor no es una simple palabra sino el resultado de tres componentes: un objeto que desea, un sujeto que escoge y un contexto social en el que se inscribe dicha actividad».
Mientras que Clyde Kluckhohn los define como preferencias justificadas, mostrando su vínculo con la cultura y la diversidad social.
Un valor no es una simple preferencia, sino una preferencia que se supone justificada, ya sea moralmente, fruto de un razonamiento o como consecuencia de un juicio estético, aunque por lo general supone la combinación de diversos criterios.
― Kluckohn, Value and values orientations in the theory of action
Para Victoria Camps los valores son el resultado de una interiorización, y se convierten en guías cuando son asumidos libremente por la conciencia.
El valor -o las virtudes- son algo adquirido hasta el punto de convertirse en hábito, algo adquirido voluntariamente y que acaba siendo, a la vez, objeto de deseo. […] El concepto de valor consiste en un conjunto interiorizado de principios nacidos de experiencias analizadas en función de su moralidad.
― Victoria Camps, Virtudes públicas
Igualmente, los valores tienen depositarios, es decir, objetos materiales que los sostienen, éstos no existen por sí mismos. Así, para Risieri Frondizi los valores se encarnan en personas, instituciones y obras.
Así, la belleza, por ejemplo, no existe por sí sola flotando en el aire, sino que está incorporada a algún objeto físico: una tela, un mármol, un cuerpo humano, etc. La necesidad de un depositario en quien descansar da al valor un carácter peculiar, le condena a una vida «parasitaria», pero tal idiosincrasia no puede justificar la confusión del sostén con el sostenido… Los valores no son, por consiguiente, ni cosas, ni vivencias, ni esencias; son valores.
― Risieri Frondizi, ¿Qué son los valores?
En conjunto, estas perspectivas revelan que los valores son cualidades que se viven, se encarnan y se transmiten. Además, los valores valen por sí mismos independientemente de lo que pensemos sobre ellos, y constituyen el horizonte que nos permite distinguir entre lo valioso y lo que no lo es.
Valores y contravalores
Un valor es una abstracción de una cualidad común a muchos seres, y lo descubrimos en las cosas cuando tomamos conciencia de nuevas relaciones entre ellas y su propio ser. Esta relación de sentido que establece un valor, la obtenemos cuando la conceptualizamos en su máximo grado de perfección.
Ahora bien, el sentido puede ser positivo o negativo en relación con la dimensión afectada por el valor, generando el polo opuesto de cada valor su contravalor. Así encontramos una escala de perfección entre dos polos opuestos, el positivo y el negativo.
Clasificación de los valores y contravalores
La clasificación de los valores no es un ejercicio limitado a lo académico. Más bien, se trata de una forma de reconocer las distintas dimensiones en las que se juega nuestra vida ética. Así, podemos pensar en categorías que dialoguen con nuestra experiencia.
Aquellos que sostienen la vida y el bienestar o también llamados valores vitales:
- Lo saludable y lo insalubre
- Lo fuerte y lo débil
Los valores sensoriales se refieren al placer, la alegría y al entretenimiento:
- Lo placentero y lo doloroso
- Lo agradable y lo desagradable
También encontramos aquellos que se refieren a todo lo que le es útil a la persona o valores técnicos y económicos:
- Lo eficiente y lo ineficiente
- Lo productivo y lo improductivo
Aquellos que se refieren a la belleza en todas sus formas, también conocidos como valores estéticos:
- Lo bonito y lo feo
- Lo culto y lo vulgar
Los valores intelectuales se refieren a la verdad y al conocimiento:
- Lo verdadero y lo falso
- Lo evidente y lo confuso
En la dimensión de lo sagrado encontramos los valores religiosos, los que expresan nuestra búsqueda de sentido:
- Lo magnánimo y lo innoble
- Lo piadoso y lo inclemente
Aquellos que hacen posible la convivencia o los valores sociales y jurídicos:
- Lo justo y lo injusto
- Lo consentido y lo censurable
- La igualdad y la desigualdad
- Lo honorable y lo deshonroso
Valores ecológicos y tecnológicos: emergentes en nuestro tiempo, que nos invitan a cuidar el planeta y a usar la técnica con responsabilidad:
- Lo sostenible y lo insostenible
- Lo responsable y lo irresponsable
Los valores éticos se refieren a la reflexión racional sobre la conducta buena:
- Lo bueno y lo malo
- Lo correcto y lo incorrecto
Valores morales o virtudes
Los valores morales se refieren a nuestros actos valorados como buenos. A estos valores también los llamamos virtudes, o virtudes del carácter, y encierran nuestra excelencia moral, esto es, el comportamiento que muestra altos estándares morales como hacer lo correcto y evitar lo incorrecto. A diferencia de los otros valores, aquí la cualidad no reside en objetos particulares, reside en nuestra conducta.
Juzgamos nuestra conducta y la de los demás siguiendo algún criterio preestablecido de perfeccionamiento humano. Así, nuestra actividad moral se resuelve en una valoración ya sea teórica o práctica, si lo que estamos valorando se ajusta al criterio lo llamamos bueno, si no, lo llamamos malo.
Dentro de los principales valores morales encontramos los siguientes:
Automotivación: optimismo, esperanza, entusiasmo, flexibilidad.
Autorregulación: moderación, mesura.
Autoevaluación: introspección, sinceridad.
Comunicación: diálogo, consenso, aceptación.
Solidaridad: alteridad, respaldo, ayuda, servicio, consideración.
Sociabilidad: cortesía, cordialidad, civismo, amabilidad, gratitud.
Justicia: tolerancia, equidad, respeto, amor a la verdad.
Responsabilidad: libertad, deber, confianza, honradez.
Intelectualidad: apreciación, razonamiento, discernimiento, comprensión.
Ética: reflexión, valoración, buen juicio.
Diligencia: iniciativa, esfuerzo, presteza, paciencia, dedicación, perseverancia, constancia.
Humildad: nobleza, modestia, compostura, naturalidad, serenidad, prudencia.
Dignidad: asertividad, seriedad, rectitud, decencia, honestidad.
Honor: valor, lealtad, entereza, fortaleza, fidelidad.
Amor: empatía, compasión, generosidad, bondad, perdón, paz.
Los valores morales o virtudes son mediaciones de la vida, cualidades y creencias necesarias para tomar el control de nuestra propia vida y desarrollar todo nuestro potencial. Por ejemplo, se necesita perseverancia para alcanzar nuestros objetivos. Podemos decir que son tanto la base para llevar una vida plena y realizada como la base para la sana convivencia y el bienestar colectivo.
Semillas de reflexión
Como en el cuadro puntillista de Seurat, cada valor es un punto de luz que, al unirse con otros, forma la imagen de nuestra existencia común. La justicia, la solidaridad, el respeto, la libertad son pinceladas que construyen el tejido de la convivencia. Y frente a ellos, los contravalores aparecen como sombras que oscurecen la obra, recordándonos que la elección es entre luz y oscuridad.
Hablar de valores es hablar de la arquitectura invisible de la ética como un mapa de cualidades que nos invita a vivir con atención, responsabilidad y esperanza. En ellos se juega lo que somos y lo que queremos y podemos llegar a ser.