Akrasia, debilidad de la voluntad

El espejo de nuestras contradicciones

¿Cuántas veces nos hemos prometido, con total convicción, que mañana empezaremos la dieta, que apagaremos el teléfono para estudiar o que finalmente ahorraremos ese dinero? Y, sin embargo, cuando llega el mañana, terminamos haciendo exactamente lo contrario. No somos los únicos. Esta desconcertante brecha entre lo que sabemos que nos conviene y lo que terminamos haciendo es un dilema humano tan antiguo que los filósofos griegos le dieron un nombre propio: akrasia, debilidad de la voluntad.

¿Qué es la Akrasia?

La akrasia (o acrasia) es una palabra griega que se traduce literalmente como debilidad de la voluntad o falta de dominio sobre uno mismo. Personalmente, prefiero llamarla incontinencia ética. Con ella definimos el fenómeno en el que actuamos en contra de nuestro propio mejor juicio, haciendo algo que sabemos que no nos conviene o que está mal, debido a una falta de autocontrol.

Para entenderla de forma sencilla, la akrasia es esa brecha incómoda que existe entre lo que sabemos que debemos hacer y lo que terminamos haciendo.

¿Por qué nos saboteamos?

Este fenómeno ha fascinado y de la misma manera hecho dudar a los filósofos desde la antigüedad porque desafía la lógica. Si somos seres racionales, ¿por qué elegimos hacernos daño?

Mientras que para Sócrates la solución para no sabotearnos es intelectual (conocer el bien), para Aristóteles es conductual (forjar virtudes mediante la repetición de hábitos correctos).

La postura de Sócrates: el intelectualismo moral (La ignorancia)

Para Sócrates (tal como lo retrata Platón en el diálogo Protágoras), la akrasia es una imposibilidad lógica. Su tesis central se conoce como intelectualismo moral, la cual afirma que «nadie hace el mal a sabiendas ni voluntariamente».

Desde esta perspectiva, la akrasia estrictamente no existe, porque nadie hace el mal a sabiendas. Si elegimos comer ese pastel cuando estamos a dieta, no es por falta de voluntad, es porque en ese microsegundo evaluamos mal la situación y creemos (falsamente) que el placer inmediato es mejor que nuestra salud a largo plazo.

Nadie, pues, marcha voluntariamente hacia el mal ni hacia lo que considera que es mal, ni es propio de la naturaleza humana, según parece, querer ir hacia lo que se cree mal, en vez de ir hacia el bien.

— Platón, Protágoras

Para Sócrates, el motor de la voluntad es siempre el Bien. Siempre elegimos lo que consideramos que es mejor para sí mismos en el momento de actuar. Por lo tanto, si cometemos una acción éticamente incorrecta o dañina, como ceder ante un vicio, no se debe a que nuestra fuerza de voluntad haya sido derrotada por el deseo.

Lo que ocurre es un error de cálculo o ignorancia. Sufrimos una especie de ilusión óptica cognitiva, así confundimos el placer inmediato con un bien real y mayor. Para Sócrates, quien actúa mal no es un débil de carácter, es un ignorante transitorio. Porque, si poseyera el conocimiento verdadero y profundo del Bien, sería absolutamente imposible que actuara en su contra.

Por tanto, el dejarse vencer por el placer no es otra cosa que ignorancia, y la mayor ignorancia.

— Platón, Protágoras

La ignorancia sabia y la ignorancia necia

Sócrates hace una distinción crucial en los diálogos platónicos respecto a la ignorancia, conocida como la doble ignorancia.

  • La ignorancia sabia (Ignorancia consciente), esto es, saber que no se sabe. Es el punto de partida de la filosofía y de la cura de la akrasia. Es el famoso «solo sé que no sé nada». Al reconocer el vacío, nos disponemos a buscar activamente el Bien.
  • La ignorancia necia (Ignorancia doble), no saber que no se sabe, y además creer que se sabe. Este es el verdadero peligro moral y la raíz de la akrasia. Creemos erróneamente que el placer mundano o el beneficio egoísta inmediato es el Bien, nos aferramos a esa falsa certeza y nos cerramos a cualquier examen dialéctico.

Así, toda ignorancia que cause un fallo ético es, para Sócrates, una ignorancia que debe y puede ser vencida mediante el ejercicio del pensamiento crítico. Para él, el conocimiento del Bien y de la Virtud no es un dato fáctico exterior, como saber el nombre de la capital de un país lejano, es una verdad grabada en nuestra alma. A través de su método, la mayéutica (el arte de dar a luz a las ideas mediante el diálogo y la autorreflexión), cualquiera de nosotros es capaz de despertar y alcanzar ese conocimiento.

Tenemos la obligación y la capacidad interna de examinar nuestra propia alma mediante la filosofía. Para Sócrates, no examinar la propia vida es una negligencia del cuidado del alma. Su famosa máxima lo resume: «Una vida no examinada no vale la pena ser vivida».

Asimismo, si sufrimos de ignorancia, actuamos mal, nos dañamos irremediablemente a sí mismos. Lo que Sócrates nos advierte es que el castigo del ignorante no es una condena externa o divina, es el hecho mismo de desordenar la propia alma y vivir una vida desdichada.

Por consiguiente, en el intelectualismo socrático, no existe la categoría de actuar mal con permiso o sin culpa. Quien es ignorante del Bien, independientemente de las causas externas, destruye su propia oportunidad de alcanzar la felicidad o plenitud humana (Eudaimonía).

La postura de Aristóteles: el silogismo práctico y las pasiones (La debilidad)

Aristóteles considera que la postura de Sócrates contradice abiertamente «los hechos evidentes». Explica que podemos tener el conocimiento general de lo que es bueno, pero en el momento de actuar, las pasiones, las emociones o los deseos momentáneos nublan nuestra mente y nos hacen usar mal ese conocimiento.

Sócrates, en efecto, combatía a fondo esta opinión, sosteniendo que no existía la incontinencia; porque nadie, según él, obra contra lo mejor a sabiendas, sino por ignorancia. Ahora bien, esta teoría choca patentemente con los hechos evidentes…

— Aristóteles, Ética a Nicómaco

Literalmente, podemos saber, realmente saber, qué es bueno y no hacer nada cuando se trata de hacerlo realmente. Para explicar cómo ocurre esto sin romper las leyes de la lógica, Aristóteles recurre a la distinción entre dos formas de conocimiento y al concepto del silogismo práctico.

  • Conocimiento en potencia (Tenerlo sin usarlo): como el conocimiento que un matemático tiene sobre geometría mientras está dormido o borracho.
  • Conocimiento en acto (Tenerlo y aplicarlo): el conocimiento que se está utilizando activamente en el momento presente.

El estado del que está bajo el influjo de las pasiones debe considerarse semejante al de los que duermen o están locos o embriagados; pues los que padecen accesos de ira o apetitos sexuales y algunas otras cosas semejantes, alteran visiblemente su estado corporal […]. Es, pues, evidente que debe decirse que los incontinentes se encuentran en una situación semejante a la de estos.

— Aristóteles, Ética a Nicómaco

Ahora bien, para Aristóteles, nuestras decisiones se estructuran como un argumento lógico de acción (un silogismo) compuesto por tres partes:

  • Premisa mayor (Universal): un principio general («Todo lo dulce daña mi salud si se come en exceso»).
  • Premisa menor (Particular): una observación de la realidad («Este pastel frente a mí es dulce»).
  • Conclusión (Acción): la consecuencia lógica necesaria («Por lo tanto, no como este pastel»).

¿Dónde entra la akrasia aquí? Aristóteles explica que el deseo o la pasión secuestran la premisa menor. El acrático posee el conocimiento universal en potencia (sabe que el exceso de azúcar es malo), pero bajo el influjo del deseo cede ante otra premisa paralela dictada por el apetito: lo dulce es placentero y esto es dulce. Las pasiones obnubilan su mente de tal forma que el conocimiento verdadero queda temporalmente suspendido o inactivo (como en el hombre embriagado). El acrático o incontinente actúa teniendo la ciencia en sus labios, pero no en su entendimiento activo.

Cuando, por consiguiente, está presente la opinión universal que nos prohíbe gustar [lo dulce], y está presente también la opinión de que todo lo dulce es agradable y que esto es dulce (y esta opinión es la que actúa), y resulta que el deseo está presente, la primera nos dice que lo evitemos, pero el deseo nos empuja a ello…

— Aristóteles, Ética a Nicómaco

¿Cómo se explica hoy en día?

La ciencia moderna ya no lo llama debilidad de la voluntad, lo llama sesgo del presente o descuento hiperbólico. La neurociencia1 aborda la akrasia (debilidad de la voluntad o incontinencia ética) despojándola de juicios morales para explicarla como un conflicto de sistemas en el cerebro y un fallo neurobiológico en la toma de decisiones.

Nuestro cerebro evolucionó en un entorno primitivo donde el futuro era incierto, por lo que aprendió a valorar mucho más las recompensas inmediatas (placer, descanso, comida) que las recompensas futuras (salud, estabilidad emocional o financiera). En este marco, la akrasia ocurre porque nuestro cerebro es el escenario de una batalla campal entre la evolución primitiva y la evolución moderna.

Anatomía de una batalla campal

La neurociencia cognitiva explica que cuando nos enfrentamos a una elección que implica un placer inmediato frente a un beneficio a largo plazo, se activan dos regiones cerebrales distintas que compiten entre sí: el sistema límbico y la corteza prefrontal.

  • El sistema límbico (El cerebro primitivo / impulsivo) que incluye estructuras como la amígdala y el núcleo accumbens. Es el centro de la gratificación inmediata, es puramente emocional y responde con fuerza a la dopamina cuando ve un estímulo placentero (comida, redes sociales, compras).
  • La corteza prefrontal (El director de orquesta / racional), está ubicada justo detrás de la frente, es el área encargada de las funciones ejecutivas, la planificación a futuro y el control de impulsos. Es la región que sabe lo que es mejor a largo plazo.

La akrasia ocurre cuando el sistema límbico hiperactiva su respuesta ante un estímulo cercano y logra secuestrar o silenciar la inhibición de la corteza prefrontal, haciendo que gane el impulso presente sobre la lógica futura. Por tanto, también podemos decir que la akrasia es nuestro cerebro primitivo ganándole la batalla a nuestra corteza prefrontal (la parte racional).

El sesgo del presente y el descuento hiperbólico

Desde la neuroeconomía se estudia cómo el cerebro calcula el valor de las cosas a través del tiempo. Los experimentos demuestran que las neuronas decodifican las recompensas futuras con un descuento drástico.

Si nos ofrecen $10 dólares hoy o $12 dólares mañana, nuestro sistema de recompensa (la vía dopaminérgica) se encenderá masivamente con los $10 de hoy. El cerebro humano sufre de una miopía temporal evolutiva, porque evolutivamente era más seguro comerse la fruta hoy que guardarla para un mañana incierto. El comportamiento acrático es la manifestación conductual de este descuento hiperbólico de la recompensa.

Las tres fases del fallo en la toma de decisiones

Un estudio interdisciplinar mapeó la akrasia dividiendo la toma de decisiones en tres etapas neurobiológicas, demostrando que el fallo acrático puede ocurrir en cualquiera de ellas.

  1. Generación de opciones (Option generation): el cerebro falla al recordar o visualizar adecuadamente las alternativas o las consecuencias a largo plazo.
  2. Selección de la opción (Option selection): hay una disfunción en el pesaje del valor. La corteza prefrontal ventromedial (encargada de asignar valor emocional a las opciones lógicas) calcula mal y le asigna demasiado valor al placer inmediato.
  3. Iniciación de la acción (Action initiation): es el fallo acrático más puro. Sabemos qué opción elegir, pero la corteza motora suplementaria o los ganglios basales fallan al ejecutar la orden de detención debido a la intensidad del estímulo dopaminérgico.

Agotamiento del ego (Ego depletion) y glucosa

La neurociencia también ha demostrado que el autocontrol es un recurso limitado. Mantener la corteza prefrontal ejerciendo un control inhibitorio sobre los impulsos consume una gran cantidad de energía metabólica (especialmente glucosa).

Cuando estamos cansados, estresados, hemos tomado demasiadas decisiones en el día o tenemos hambre, la corteza prefrontal pierde potencia de frenado. En ese estado de vulnerabilidad energética, la probabilidad de sufrir un episodio de akrasia se multiplica significativamente.

¿Somos ignorantes o simplemente débiles?

Curiosamente, la neurociencia moderna le da un punto intermedio a ambos filósofos. Le da la razón a Aristóteles al confirmar que el conflicto interno es real (sistema límbico vs. corteza prefrontal) y que las pasiones físicamente modifican el estado cerebral y alteran nuestras capacidades.

Pero también le da un punto a Sócrates ya que cuando el sistema límbico inunda el cerebro de dopamina ante la tentación, altera temporalmente la corteza prefrontal, provocando una ceguera cognitiva transitoria. En ese microsegundo, el cerebro actúa bajo una ignorancia inducida por la química, creyendo que el placer presente es el único bien que importa.

Aunque no nos guste la respuesta, todo indica que somos ignorantes y débiles. Por eso debemos conocer el bien para superar la ignorancia, y forjar virtudes mediante la repetición de hábitos correctos para superar la debilidad.

Semillas de reflexión

La akrasia es la prueba de nuestra compleja humanidad. Somos seres profundamente racionales, sí, pero también somos criaturas emocionales, evolutivamente diseñadas para buscar el refugio del placer inmediato. Pretender que somos perfectos y que la fuerza de voluntad pura nos salvará siempre es, como diría Sócrates, otra forma de ignorancia.


  1. Kalis, A., Mojzisch, A., Schweizer, T.S. et al. Weakness of will, akrasia, and the neuropsychiatry of decision making: An interdisciplinary perspective. Cognitive, Affective, & Behavioral Neuroscience 8, 402–417 (2008). https://doi.org/10.3758/CABN.8.4.402 ↩︎