El sentimiento religioso constituye una adicción absoluta a la esfera de la vida real del sujeto, proporcionándole una nueva esfera de poder. Cuando la batalla exterior se ha perdido y el mundo exterior se rechaza, redime y vivifica el mundo interior que, de otra manera, sería un yermo vacío.

by William James

 

William James en su obra Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana, estudió las condiciones existenciales de la religión, y examinó la naturaleza y el rol cambiante de la espiritualidad, en un mundo cada vez más secular en el comienzo de una nueva era de comprensión científica.

 

En la primera conferencia, James, filósofo y psicólogo estadounidense, aclara que no es un teólogo ni un erudito en historia de las religiones. Su investigación es de orden psicológico. Por consiguiente, la institución religiosa no es de su interés, sino más bien los sentimientos e impulsos religiosos.

 

De ahí que su objeto de estudio no es la religión de carácter comunitario, es decir, la religión institucional y eclesiástica, sino más bien se centra en la religión personal.

 

James parte de dos niveles de investigación, uno relativo a la naturaleza del objeto de estudio, el cual se resuelve en un juicio o proposición existencial. Y otro relacionado con la importancia y significado del objeto de estudio, el cual se resuelve mediante una proposición de valor o juicio espiritual.

 

No hablo, en absoluto, del creyente religioso corriente que observa las prácticas religiosas convencionales de su país, ya sea budista, cristiano o mahometano, porque su religión la hicieron los otros, le fue comunicada por tradición, definida en formas establecidas por imitación y conservada por la costumbre. No me serviría para nada estudiar esta vida religiosa de segunda mano.

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

La experiencia religiosa

 

El objetivo de James es buscar la fuente de nuestros sentimientos religiosos. Así, establece una diferencia entre la religión institucional y la religión personal. La primera la define como un arte externo: «El arte de obtener el favor de los dioses». Esta vertiente de la religión atiende a la divinidad desde unos elementos específicos como culto, sacrificio, teología, ritual y organización eclesiástica, entre otros.

 

En el extremo opuesto se encuentra la dimensión más personal de la religión, aquella que constituye nuestras disposiciones internas. Esto es, nuestra conciencia e impotencia, así como nuestra insuficiencia, imperfección y merecimientos. En consecuencia, los actos generados desde la religión personal no son rituales, se trata de actos privados y muy personales.

 

El individuo negocia solo, y la organización eclesiástica, con sus sacerdotes y sacramentos y otros intermediarios, se encuentra en posición totalmente secundaria. La relación va directamente de corazón a corazón, de alma a alma, entre el hombre y su creador.

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

Relación personal directa con la divinidad

 

Para James la religión personal es fundamental, porque los fundadores de las iglesias deben su poder original al hecho de su comunión personal directa con la divinidad. Y no solo Cristo, Buda, Mahoma, sino también todos los fundadores de órdenes y sectas religiosas.

 

Desde esta perspectiva personal, James definió la religión como «los sentimientos, los actos y las experiencias de hombres particulares en soledad, en la medida en que se ejercitan en mantener una relación con lo que consideran la divinidad.»

 

En un sentido amplio, el término divinidad lo debemos comprender como cualquier objeto que posea cualidades divinas, se trate de una deidad concreta o no. Asimismo, la relación con la divinidad puede ser moral, física o ritual, siendo inevitable que surjan teologías, filosofías y organizaciones eclesiásticas.

 

Por un lado, se sitúa la religión institucional, por otro, la personal. Como dice Sabatier, una vertiente de la religión atiende a la divinidad, la otra no pierde de vista al hombre.

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

La religión es nuestra reacción total ante la vida

 

Sin importar lo que sea la religión, se trata de «una reacción total del hombre ante la vida». Según James, podemos conocer las reacciones totales mirando detrás del primer plano de la existencia y asumiendo con curiosidad el cosmos. De hecho, ya sea que creamos o no, cada uno de nosotros posee un sentido de todo el cosmos como presencia eterna, que define nuestro carácter.

 

Este sentido de la presencia del mundo, tal como califica nuestro temperamento individual peculiar, nos hace tenaces o despreocupados, devotos o blasfemos, melancólicos o exultantes sobre la vida en general, y nuestra reacción, aun siendo involuntaria, inarticulada y a menudo medio inconsciente, es la respuesta más completa de todas a la pregunta: ¿Cuál es el carácter de este universo en que habitamos? Expresa nuestro sentido individual de la manera más precisa. Así, pues, ¿por qué no llamar a estas reacciones nuestra religión, sin que importe el carácter específico que puedan tener?

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

La investigación científica

 

Otra de esas reacciones al cosmos es la investigación científica. James anota que se trata de una reacción que para muchos está tomando el lugar de una religión genuina. No obstante, la ciencia trata sus suposiciones centrales sobre las leyes de la naturaleza «como hechos objetivos para ser venerados».

 

Aunque algunas de estas reacciones puedan ser no religiosas, en un cierto sentido de la palabra “religiosas”, pertenecen a la esfera general de la vida religiosa, y deberían clasificarse genéricamente como reacciones religiosas. “Cree en un no-dios y lo adora”, dijo un colega a propósito de un estudiante que manifestaba un ferviente ardor ateo. Y los oponentes más vehementes de la doctrina cristiana han mostrado con frecuencia un temperamento que, considerado psicológicamente, no es fácil distinguir del celo religioso.

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

Lo importante es cómo aceptamos el universo

 

La mayoría creemos que existe algo más, ya sea un dios benevolente creador de todo o un orden moral en el universo, y creemos porque deseamos seguridad y confianza. Ahora bien, una cosa es creer en el universo y otra muy distinta es cómo creemos. Precisamente, el propósito central de la espiritualidad en la vida humana, ya sea religiosa o no, se encuentra en nuestra manera de aceptar el universo.

 

¿Lo aceptamos únicamente de mala gana y parcialmente, o de todo corazón y en su conjunto? ¿Nuestras protestas contra alguno de sus aspectos son radicales e implacables, o pensamos que, aun con sus cosas malas, siempre hay formas de vida que nos llevan a lo que es bueno? ¿Si aceptamos el conjunto, lo hacemos aturdidos por la sumisión (tal y como Carlyle nos diría: “¡Dios mío, más nos vale!”), o bien lo hacemos con aprobación entusiasta?

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

El entusiasmo espiritual

 

El propósito central de la moralidad también se encuentra en nuestra manera de aceptar el universo. Si bien para el moralista es suficiente adoptar una posición estoica, el problema según James está en mantener la posición.

 

Hay una gran diferencia entre aceptar el universo con una resignación estoica ante la desgracia, que surge de un sentido cerebral de obligación. O aceptarlo, por ejemplo, con la apasionada alegría de los santos cristianos. El entusiasmo espiritual agrega una dimensión emocional esencial, que hace posible una aceptación sincera.

 

La moralidad simple y pura acepta la universal ley del todo y la reconoce y obedece; pero debe hacerlo con el corazón apesadumbrado y triste sin dejar de sentirla como un yugo. La sumisión ciega queda muy atrás y toma su lugar una forma de bienvenida que puede situarse en la escala entre la serenidad gozosa y la alegría entusiasta.

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

Queremos ser reconocidos por el universo

 

Las personas podemos aceptar muchas cosas. Pero, que nos pidan voluntad cuando estamos afligidos por sentimientos de impotencia irremediable es pedir lo imposible. Si somos honestos, en nuestros peores momentos, lo que más deseamos es ser reconocidos y consolados por el universo. Según James, queremos que el universo nos reconozca a pesar de nuestra debilidad y aflicción: «Al fin y al cabo, todos somos unos fracasados indefensos».

 

Aquellos de entre nosotros más sanos y mejores, estamos hechos de la misma arcilla que los lunáticos y los presos y, al final, la muerte alcanza al más robusto. Y cuando percibimos todo esto nos invade un sentimiento tal sobre la vanidad y la provisionalidad de nuestra voluntaria carrera, que toda nuestra moralidad aparee como el apósito que esconde una herida que nunca podrá sanar, y todo nuestro bienestar aparece como el sucedáneo más vacío de aquel bienestar en el que tendríamos que basar nuestras vidas, pero, ¡helo aquí!, no lo están.

— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

La experiencia de la tranquilidad feliz

 

La religión nos rescata del miedo persistente del ámbito puramente moral. De esta manera, la religión deviene en un horizonte de libertad: «Una dimensión emotiva añadida», ante la cual la moralidad se rinde y se somete.

 

En realidad, la religión destruye y disipa el miedo de manera positiva. Podríamos decir que lo sustituye por seguridad. En principio, se trata del estado de ánimo de la tranquilidad feliz. Un estado de ánimo que la mayoría no conocemos, pero que las personas religiosas conocen muy bien.

 

Se acabó el tiempo de tensión de nuestra alma y ha llegado el de la tranquilidad feliz, el del respirar profundo y tranquilo, el del presente eterno sin tener que preocuparse por un futuro desacorde. El miedo no se mantiene en vilo como pasa con la mera moralidad, sino que éste resulta positivamente destruido y disipado.
[…] De este modo, el sentimiento religioso constituye una adicción absoluta a la esfera de la vida real del sujeto, proporcionándole una nueva esfera de poder. Cuando la batalla exterior se ha perdido y el mundo exterior se rechaza, redime y vivifica el mundo interior que, de otra manera, sería un yermo vacío.
— William James, Las variedades de la experiencia religiosa: un estudio en Naturaleza humana

 

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Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.