Sobre la verdad moral

 

Una afirmación es verdadera cuando corresponde a la realidad, es decir, que encontramos verdadera una afirmación si ésta coincide con la forma en que realmente es el mundo. Sin embargo, cuando se trata de la verdad moral cambiamos la definición como si la moral no encajara en el mundo.

 

La verdad moral

 

Cuando hablamos de la verdad nos referimos a lo existente, lo real o fáctico. La verdad describe lo que es, cómo son realmente las cosas y no cómo desearíamos que fueran. Esto significa que en la naturaleza de la verdad no existe o no puede suceder lo que es falso. Porque la verdad es su propio imperativo, es decir, que podemos aceptar o rechazar la verdad, pero las opiniones no pueden alterarla.

 

La moral se refiere fundamentalmente a nuestros actos, desde el punto de vista de nuestras acciones en relación con el bien o el mal, y en función de nuestra vida individual y colectiva. Fundamentalmente, se trata de una realidad ineludible. Porque es claramente cierto que algunas acciones, leyes, políticas, normas sociales, comportamientos, etc. son buenos o malos, correctos o incorrectos, permisibles o no permisibles, loables o condenables, etc., sin importar cuándo, dónde o quién los realice.

 

Con la moral definimos el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo legal y lo ilegal o lo justo y lo injusto. La verdad moral es tanto una cuestión de cómo son necesariamente las cosas (lo real) como una cuestión de cómo deberían ser las cosas (lo ideal).

 

Las opiniones sobre la verdad moral difieren entre sí. El nihilismo moral sostiene que no existe la verdad moral. Mientras que el escepticismo moral opina que tenemos creencias morales, pero no hay base para justificarlas.

 

Las alternativas a las opiniones de los nihilistas y escépticos morales son el absolutismo moral y el relativismo moral (o pluralismo). El absolutismo insiste en que hay una verdad moral objetiva, en tanto que el relativismo sostiene que las posiciones morales son relativas a diferentes personas, culturas, historias, etc.

 

Absolutismo moral

 

El absolutismo moral es la creencia de que existen estándares éticos universales que se aplican a cada situación. Así, podemos creer que una regla moral es verdadera independientemente de si alguien la cree, ya sea que alguien lo sepa o no.

 

Para el absolutismo moral hay verdades morales universales relevantes en todos los contextos y todas las personas. Estas verdades pueden basarse en fuentes como la ley, la racionalidad, la naturaleza humana o la religión.

 

Por ejemplo, en una discusión sobre si alguna vez está bien mentir, la posición absolutista sería que no está bien mentir. Independientemente del contexto, por qué y a quién se miente.

 

Absolutismo racional

 

Para Immanuel Kant, la verdad moral se fundamenta en nuestra racionalidad. Según él, nos debemos a nosotros mismos actuar de la manera más racional posible. Para lograrlo, debemos recurrir a los “imperativos categóricos”, deberes que estamos moralmente obligados a seguir.

 

Desde la perspectiva del principio de universalización kantiano, un acto solo se convierte en un deber si estamos dispuestos a convertirlo en una ley universal a la que todos estén obligados: «Obra sólo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal».

 

Para comprender esto, siguiendo el mismo ejemplo de Kant, imaginemos que mentir es una ley universal, es decir, todos mienten. Pronto comprenderíamos que no podríamos confiar en nadie ni en nada. Precisamente, el problema que señala Kant es la contradicción. Si generalizamos la mentira, entonces, la verdad ya no existiría, lo que haría que el acto mismo de mentir careciera de sentido. Por consiguiente, mentir es un acto contradictorio que contraviene los estándares absolutos de la moralidad racional.

 

Relativismo moral

 

Si bien podemos estar de acuerdo con Kant y sentir que el absolutismo racional es necesario, la verdad es que la mayoría de nosotros permitimos un cierto grado de relativismo moral en nuestro día a día.

 

Contrario al absolutismo, el relativismo moral es la creencia de que los juicios morales pueden verse como verdaderos o falsos según un contexto histórico, cultural o social.

 

En una discusión sobre si alguna vez está bien mentir, la posición relativista sería que la verdad depende del contexto. Según el relativismo moral, dos personas podemos estar en desacuerdo sobre si una acción es correcta o incorrecta, y, al mismo tiempo, ambas podemos estar en lo cierto. Porque lo que consideramos correcto o incorrecto difiere según sus contextos.

 

La pregunta fundamental del relativismo moral es ¿a qué debe relacionarse la moral?

 

La moral es relativa a algo, ya sea una época, una cultura, un sistema social, un sistema de valores, un grupo de personas, etc.

 

Por ejemplo, el filósofo estadounidense Gilbert Harman, sostiene que la moral es relativa a un acuerdo hecho entre los miembros de determinada colectividad, para comportarse de determinada manera. Lo que podemos considerar moralmente correcto en relación con un marco moral, puede ser moralmente incorrecto en relación con un marco moral diferente.

 

En consecuencia, ningún marco moral se privilegia objetivamente como la única verdad moral. Es como las reglas de juego que cambian según el juego que juegues.

 

Comprendiendo el relativismo moral

 

El relativismo moral es una visión filosófica con argumentos sólidos, sobre la gran diversidad de sistemas y actitudes morales que existen en todo el mundo.

 

Lo primero que debemos considerar y comprender es que, para el relativismo moral, hay más de un sistema válido de moralidad y no sugiere sistemas o actitudes morales. Lo que hace es poner los sistemas o actitudes morales existentes, en el contexto de los problemas sociales y morales que enfrenta cada sociedad.

 

El relativismo moral no es sinónimo de nihilismo moral o escepticismo moral

 

Para el relativismo moral la moralidad se relaciona con algo, pero por ello no deja de ser. El hecho de que las reglas de juego cambien de un juego a otro, no significa que las reglas de juego, del juego que jugamos, no existan o que no debamos seguirlas. La noción filosófica de relativismo moral difiere de la manera como es usado el término por muchas personas.

 

Existe la creencia que todos tenemos derecho a las propias opiniones y que nadie tiene derecho a imponernos una visión particular de la moral. A menudo esto se confunde con relativismo moral. Cuando en realidad es parte del principio de tolerancia en un sentido pragmático o diplomático. En la práctica, ante una violación moral rápidamente asumimos una posición absolutista.

 

También hay personas que pasan por alto la moral, bajo la idea que la moral es relativa a cualquier cosa que alguien crea que es correcto o incorrecto en determinado momento. En esta idea cada uno decide qué es correcto e incorrecto según sus gustos o intereses personales. Esto no es relativismo moral, es nihilismo moral radical.

 

El problema con el nihilismo moral y los escepticismos es que la moral no puede ser creada por convicción personal. La moral no desaparece simplemente porque decidimos rechazarla. Porque las reglas éticas son objetivas y universalmente vinculantes en todos los casos similares.

 

Debemos tratar la verdad moral como cualquier otra verdad

 

Si reducimos la verdad moral a nuestros intereses personales en lugar de basar las decisiones en lo correcto, basamos las decisiones en lo que nos gusta o no nos gusta. El comportamiento basando en intereses personales nos lleva a la mentalidad de todo vale y a la posición de si algo es viable entonces hay que hacerlo. Nada está mal en última instancia si puedes salirte con la tuya.

 

El problema con esta mentalidad es que la noción de dignidad humana depende de que haya verdades morales objetivas. Si permitimos que el interés propio gobierne, nuestro trato a otros seres humanos con toda seguridad será cuestionable.

 

De hecho, nuestro comportamiento ya es cuestionable. Lo que llamamos crisis de las humanidades es un proceso de cambios que amenaza la estructura de las ciencias humanas. Específicamente, aquellas ramas del conocimiento que se relacionan con los seres humanos y la cultura, o con métodos analíticos y críticos de investigación derivados de una apreciación de los valores humanos y de la capacidad única del espíritu humano para expresarse.

 

A simple vista, la crisis de las humanidades parece un problema sin mayores implicaciones. Sin embargo, se trata de una problemática de dimensiones universales. Porque la crisis que atravesamos como sociedad es la crisis de las humanidades. La vanidad de los tiempos, el afán materialista, el consumismo y el cientificismo reduccionista minimizan las aspiraciones del espíritu e impiden cualquier visión de una verdad moral. A medida que ganamos mundo perdemos alma.

 

Solo el espíritu libre y virtuoso ama la verdad

 

La verdad moral, o la ausencia de ella, también se piensa. Esto implica mirar detenidamente los contenidos de nuestra mente como lo hizo Descartes, que decidió estudiar el fundamento en que basaba sus verdades, al darse cuenta de que mucho de lo que había dado por verdadero no lo era.

 

El problema es que tenemos ideas, creencias, ideologías y sentimientos fuertemente arraigados que nos impiden asumir que podemos estar equivocados. Es un hecho que confiamos en todo lo que nos dicen los sentidos, confiamos en nuestros pensamientos, tendemos a rechazar las verdades que no nos gustan y nos cuesta utilizar la razón para comprobar la verdad de las cosas.

 

Pensar es algo que nos debemos a nosotros mismos, la humanidad y el planeta. Los contenidos de nuestra mente deben pasar la prueba de la duda y estar de acuerdo con la razón. Pero, al final todo se reduce a nuestra evolución espiritual, porque solo el espíritu libre y virtuoso ama la verdad.

 


Arte | La Verdad, el Tiempo y la Historia de Francisco José de Goya y Lucientes, 1804 – 1808 | Ver más

 

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Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.