Tradicionalmente entendemos la política como el arte o la ciencia del gobierno, así como todas las actividades que se relacionan con influir en las acciones y políticas de un gobierno u obtener y mantener el poder en un gobierno. Esto, también encierra nuestra actividad como ciudadanos cuando intervenimos en los asuntos públicos con nuestra opinión o voto.
¿Qué es la política?
De manera concreta, podemos decir que la política es la actividad que realizamos orientada a la toma de decisiones grupales para organizar, gobernar y regular la convivencia en una sociedad. Su objetivo principal es gestionar los recursos públicos, resolver los conflictos de interés de manera pacífica y buscar el bien común mediante el ejercicio del poder.
La política no existe fuera del concepto de comunidad o ciudad estado, polis para los griegos. Sus raíces las encontramos en términos como Politeia, «Teoría de la polis», o Politiké techne, que significa «el arte propio de los ciudadanos», «arte social» o «el arte de las cosas del Estado». Asimismo, la palabra «político» viene del griego politikos, «de, o perteneciente a la polis». También es importante mencionar que Aristóteles utiliza la palabra Politiká, traducida como «asuntos de las ciudades», y cuando se refiere al hombre como «zóon politikón«, lo que está diciendo es que el hombre es un animal social. Por tanto, desde el origen de la palabra, también podemos comprender la política como el arte de pertenecer a una comunidad y vivir en sociedad.
Todo Estado es, evidentemente, una asociación, y toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno. Es claro, por tanto, que todas las asociaciones tienden a un bien de cierta especie, y que el más importante de todos los bienes debe ser el objeto de la más importante de las asociaciones, de aquella que encierra todas las demás, y a la cual se llama precisamente Estado y asociación política.
― Aristóteles, Política
Las dimensiones de la política
Para entenderla de forma sencilla, la política se divide en tres dimensiones importantes. La primera es la Estructura (El Sistema), aquí encontramos el Estado, esto es, la organización institucional que abarca a toda la población de un territorio. El Gobierno o conjunto de personas e instituciones que dirigen el Estado durante un tiempo. Y, las Leyes, es decir, las normas dictadas para mantener el orden y la justicia.
La segunda es el Proceso (La Actividad), aquí encontramos los Partidos políticos, que son organizaciones de ciudadanos que comparten ideas sobre cómo gobernar. También encontramos las Elecciones, o el mecanismo democrático donde los ciudadanos votamos para elegir a nuestros representantes. Y, la Participación, esto es nuestro derecho ciudadano de opinar, marchar, debatir o postularnos a cargos públicos.
Y, la tercera es el Resultado (Las Acciones), aquí encontramos las Políticas públicas, que son las soluciones, leyes y programas específicos que el gobierno ejecuta para responder a las necesidades de la sociedad (como salud, educación o seguridad).
La estructura: la actividad mediante la cual nos organizamos socialmente
Está en nuestra naturaleza organizarnos dentro de estructuras políticas para mitigar el impacto de nuestras acciones egoístas. Porque, como individuos, siempre buscamos lo que es útil y placentero para nosotros mismos, siendo necesario establecer y mantener la armonía en la convivencia social. Por consiguiente, la política tiene la tarea de contemplar nuestra parte injusta e imperfecta y obrar en consecuencia, creando principios de convivencia pacífica con objetivos comunes para todos los miembros de la comunidad.
La estructura constituye el armazón institucional y legal que sostiene a una sociedad, funcionando como el escenario permanente donde se desarrolla la vida pública. Esta dimensión abarca al Estado como la organización soberana sobre un territorio, al gobierno como los administradores temporales de dicho poder, y a la constitución y las leyes como las reglas del juego que delimitan los derechos y deberes de todos. Sin esta base organizativa, la convivencia social carecería de un orden predecible, transformando el espacio común en un entorno propenso al caos y a la ley del más fuerte.
El proceso: la política en acción
El proceso representa el motor dinámico de la política, es decir, la actividad viva donde los ciudadanos y los grupos organizados interactuamos para influir en el destino colectivo. En este plano se sitúan las campañas electorales, los debates parlamentarios, las negociaciones entre partidos y las movilizaciones sociales, reflejando cómo se compite por el poder y cómo se canalizan las distintas demandas de la población. Es la dimensión donde el conflicto de intereses se gestiona a través del diálogo, el voto y la participación activa, permitiendo que las ideas se transformen en realidades políticas.
Se trata del movimiento y la chispa de la vida pública. Podemos decir que es todo lo que hacemos para ponernos de acuerdo o defender lo que creemos justo. En esta dimensión entran las discusiones en el almuerzo familiar, las marchas en las calles, los partidos políticos compartiendo sus visiones y, por supuesto, las elecciones donde salimos a votar. Es el canal que usamos para expresar nuestras diferencias de manera pacífica y elegir a quienes tomarán las decisiones por nosotros.
El resultado: la asignación y distribución de recursos materiales
Si nos guiamos por las noticias de primera plana, la política se reduce a una competencia por el poder entre intereses rivales. En esta política de partidos todo se trata de quién obtiene qué, cuándo y cómo, claramente en categorías que van de la igualdad a la desigualdad, de la libertad al autoritarismo. Así, la política se trata esencialmente de resolver la disputa sobre la distribución justa de bienes materiales.
El resultado es la materialización concreta de la política en la vida cotidiana de las personas a través de las decisiones adoptadas por el poder público. Esta dimensión se traduce en las políticas públicas, que son los planes, leyes, presupuestos y programas diseñados para resolver problemas específicos.
En otras palabras, aquí es donde la política se vuelve real en nuestras vidas. De nada sirven las leyes ni los debates si no se traducen en algo concreto como el hospital del barrio, las becas para estudiar, el arreglo de las carreteras o la seguridad en las calles. El resultado es la forma en que medimos si todo el sistema realmente funciona, porque es ahí donde descubrimos si las promesas y los planes se convirtieron en soluciones verdaderas para mejorar nuestro bienestar.

Una batalla de ideas
Una parte de la energía de la política está dirigida a la distribución de recursos materiales, y la otra parte a una batalla de ideas en torno a valores y estilos de vida. Así, también se trata de identidad, ética y cultura. De hecho, nuestro debate político contemporáneo gira en torno a temas como los derechos sexuales y de género, la seguridad, el medio ambiente y la inmigración.
La política es la manera como nos organizamos y la manera como actuamos en un mundo en permanente transformación. Pero, también, es la manera como ejercemos el poder para resolver los conflictos propios de la vida en sociedad.
No es una entidad aislada, está estrechamente relacionada con el Derecho, la Economía y la Ética, por lo que también la podemos entender como la gestión de las reglas comunes. Para el filósofo italiano del derecho y las ciencias políticas Norberto Bobbio el ámbito del derecho y el de la política son dos caras de una misma moneda, donde el poder crea las reglas, «las reglas que transforman el poder de hecho en poder de derecho».
Por consiguiente, también es la discusión sobre las cuestiones relativas al poder, las cuestiones normativas y las instituciones que regulan nuestro comportamiento.
Cultura política
Este vivir juntos genera en nosotros una actitud o manera de lidiar con las cuestiones relativas a la política, esto se conoce como cultura política y se trata de un hecho social que se transforma y evoluciona con la sociedad.
La cultura política es el software o el chip mental con el que una sociedad entera entiende el poder y la convivencia. Estamos hablando del conjunto de valores, costumbres, miedos y creencias colectivas que compartimos sobre cómo debe funcionar el país. Por ejemplo, define si en una sociedad la gente confía de entrada en sus instituciones o sospecha de ellas, si prefiere dialogar o imponer sus ideas a la fuerza, y qué tanto valor le da al voto en comparación con otras formas de protesta. La cultura política es la personalidad de un pueblo frente a sus gobernantes, y es la que determina, en el fondo, si una democracia florece o se marchita.
Cultura Política. Es el conjunto de creencias y valores compartidos, referentes a la vida en sociedad y al rol de las actividades políticas en la conservación y la orientación de la cohesión social; conjunto de actitudes fundamentales que permiten el ajuste mutuo de los comportamientos o la aceptación de actos de autoridad que tienden a imponer ese ajuste.
― Plataforma Digital Lawi
Conciencia política
Mientras que la cultura política es un hecho social y colectivo, la conciencia política es algo más íntimo, más personal. Se trata de nuestra capacidad para procesar información, de manera que podamos comprender las fuerzas que dan forma a las opiniones y decisiones políticas.
Conciencia política. Es el resultado del procesamiento de información de segundo orden (o sea, que resume y sintetiza información de primer orden) para armar una visión de conjunto de la situación global, para su análisis y toma de decisiones. Un sistema que carece de esa conciencia política no tiene control completo de sus actos, su margen de incertidumbre es alto y por consiguiente es elevada la posibilidad de cometer errores.
― Plataforma Digital Lawi
La conciencia política es nuestro estado mental político. En principio, se trata de un estado de ánimo basado en la conciencia personal de la política, la posición en el sistema político y la historia. Para Marx, la conciencia describe el sentido político que tenemos de sí mismos, y una conciencia auténtica está ligada a la comprensión de la verdadera posición que tenemos de nosotros mismos en la historia. Por tanto, está íntimamente relacionada con los conceptos de identidad política, participación política, cultura política y la idea de contrato social entre el pueblo y el gobierno.
Tener conciencia política es, en palabras sencillas, darnos cuenta de que no vivimos en una isla y que todo lo que pasa a nuestro alrededor nos afecta. No se trata de memorizar nombres de candidatos o ser fanáticos de un partido, más bien, se trata de entender que el precio de los alimentos, la calidad de la educación o la seguridad de nuestro barrio dependen de decisiones colectivas. Es dejar de ser espectadores pasivos que solo se quejan y convertirnos en ciudadanos despiertos, que investigan, cuestionan el porqué de las cosas y asumen la responsabilidad de participar.
Dicho de otra manera, es el interruptor que enciende nuestra empatía social, recordándonos que el bienestar propio está profundamente ligado al bienestar de los demás.
Semillas de reflexión
La política es el tejido vivo de nuestra convivencia cotidiana. Para que funcione bien, necesita de una estructura que ordene las reglas del juego, un proceso donde quepan todas las voces y un resultado que mejore la vida real de la gente. Sin embargo, este motor se desborda sin una brújula ética que lo guíe hacia el bien común. El verdadero cambio ocurre cuando los ciudadanos encendemos nuestra conciencia política para dejar de ser espectadores y empezamos a transformar nuestra cultura política, entendiendo que la democracia es una tarea colectiva que se construye y se cuida todos los días.