Sobre la normalización

La normalización cuenta una historia del mundo y sus posibilidades: el pasado no fue una fantasía ni fue perfecto, pero fue normal. Ahora bien, lo normal puede ser una fuerza del bien y del mal, por consiguiente, no dice cómo fue, solo dice que fue aceptado como algo natural. 

¿Qué es la normalización? 

El término normal proviene del latín normalis y se refiere a algo que se encuentra en un estado que se considera natural. En líneas generales, lo normal indica lo que actúa como modelo o regla y lo que, debido a su naturaleza, se ajusta a preceptos previamente establecidos.  

En general arquetipo, modelo que se tiene en cuenta al actuar. En ámbitos sociológicos, la regla que regula la conducta social. El funcionalismo sociológico contempla el sistema social como un orden normativo.  

― Gil, T., Acciones, Normatividad, Historia.

La normalización es un proceso social que nos permite ver las ideas y las acciones como normales, hasta el punto de darlas por sentadas en nuestra vida diaria.  

En su sentido descriptivo -lo normal-, la norma puede considerarse como el comportamiento que corresponde a la mediana estadística, pero en su principal sentido prescriptivo -la norma que obliga-, propio de la ética y del derecho, se define como un comportamiento que se impone. 

― Gil, T., Acciones, Normatividad, Historia.  

Normalizar algo es hacerlo natural en la vida cotidiana, por ejemplo, llorar a un ser querido o no comerse a otros humanos. En la RAE encontramos varios sinónimos de la palabra normalizar que nos ayudan a comprender mejor el concepto: regularizar, ordenar, homogeneizar, organizar, encauzar, enderezar, arreglar, tipificar, estandarizar, normar, reglar y reglamentar. De ahí que, cuando hablamos de normalización, también podemos referirnos a «regularizar o poner en orden lo que no lo estaba» o hacer que algo se estabilice en la normalidad como normalizar políticamente un país.  

La normalización ocurre mediante el aprendizaje 

La idea de normalización es un concepto clave en el ámbito de la educación y el bienestar social. Porque la educación es normal en más de un sentido. 

La teoría foucaultiana del poder explica que nos normalizamos en función de lo que aprendemos. El poder es ejercido por el yo sobre él mismo (democracia), esto significa que ejercemos el poder en el discurso mediante lo que decimos y hacemos. Mientras que el conocimiento (generalizaciones sobre lo que es bueno y lo que es cierto) constituye una de las tecnologías discursivas del poder. 

La modernidad es la era de la norma y dentro del sistema social, algunas instituciones, como la escuela, son más normales que otras. Así, hasta hace poco, la educación formal era concebida como un aparato de normalización (ideologización) con la tarea de establecer un modelo de comportamiento. 

Sin embargo, desde hace unos años, las instituciones educativas vienen perdiendo el poder de normalización. Según la escuela Montessori, la sobreestimulación pone en peligro la normalización en el aula: «Sin embargo, este trabajo infantil espontáneo, que es esencial para la normalización, está actualmente en peligro debido a la sobreestimulación de la que son víctimas casi todos los niños»

La normalización ocurre en línea 

Hoy lo que es normal lo es por consenso y aprobación común en las redes sociales. En el momento, cambiamos con gran facilidad y frecuencia nuestra percepción de lo normal para incluir, expandir o cambiar cosas que antes eran consideradas anormales o excluidas. 

El segundo factor de influencia social propuesto por Deutsch y Gerard (1955) es la influencia social normativa, que es la influencia de cumplir con las expectativas positivas de los demás. Teniendo en cuenta que la vida social de la Generación Z ocurre en sus teléfonos, se supone que las influencias sociales normativas en la era digital ocurren en línea.

― Chin-Wen Chang and Sheng-Hsiung Chang. The Impact of Digital Disruption: Influences of Digital Media and Social Networks on Forming Digital Natives’ Attitude 

La etiqueta #normalizar aparece en todas partes como una suerte de cruzada de normalización democrática. Las personas intentan normalizar todo tipo de cosas: desde un discurso político hasta poder elegir un plato del menú infantil. De hecho, ya es normal normalizar. Lo que hoy consideramos normal era prácticamente impensable hace una década, y gracias a las redes sociales lo que antes podía tardar siglos en normalizarse, hoy es posible en días o semanas.  

La normalización es una ideología 

Cada sociedad se forma y fundamenta a partir de los intereses de ella misma, normalizando sus ideas y valores más arraigados acerca de cómo debemos ser. Así, la normalización describe un proceso único, por el que debemos convertirnos en miembros valiosos, respetados y contribuyentes de una comunidad específica. Este proceso moldea nuestra percepción de lo que es aceptado por la sociedad a la cual pertenecemos e influye en nuestras creencias y decisiones. 

La normalización es una parte clave del funcionamiento de la sociedad, y depende de cómo encajamos nuestras ideas en la narrativa dominante.  

En la era digital, casi todo está al servicio del capital. Nuestra voluntad y conocimiento de lo normal son moldeados para satisfacer las necesidades sociales, principalmente, de producción y consumo. Conscientes o no, somos normalizados para ser parte integral de una sociedad de consumidores, donde nos consumimos a sí mismos. Como explica Byun Chul Han, «ya no trabajamos para nuestras necesidades, sino para el capital. El capital genera sus propias necesidades, que nosotros, de forma errónea, percibimos como propias. El capital representa una nueva trascendencia, una nueva forma de subjetivización»

Ahora bien, lo normal es reconfortante y las corporaciones y los políticos lo saben y lo aprovechan para crear un mundo irreal donde nada es lo que parece. En este sentido, el cineasta británico Adam Curtis explora en el documental HyperNormalisation, la falsa realidad creada por las corporaciones y los políticos. Curtis muestra cómo los detalles familiares nos ciegan completamente: «Eras una parte tan importante del sistema que era imposible ver más allá. La falsedad era hipernormal»

La parábola de los ciegos de Pieter Brueghel el Viejo, 1525-1569.

El problema de la normalización 

Cuando la normalización ocurre adecuadamente ayuda a construir tolerancia en la sociedad, pero se convierte en un problema cuando no sucede de la mejor manera. Desafortunadamente, ahora tratamos de normalizar cosas que ya son normales y cosas que no deberían ser normales, creando un problema de dimensiones desconocidas para la humanidad. 

Según el OED, la normalización puede explicarse como «el proceso subconsciente por el cual la imagen mental de una forma, patrón, etc., se cambia para parecerse a algo más familiar». La cuestión es que la familiaridad con las cosas las vuelve más aceptables hasta considerarlas naturales, aunque inicialmente no estemos de acuerdo con ellas, porque nuestra percepción de lo normal no nos permite distinguir entre lo normal y lo ideal.  

No distinguimos entre lo que deseamos y lo que es normal, así, nuestro juicio es un único juicio indiferenciado de normalidad. En consecuencia, casi cualquier cosa puede normalizarse. Por ejemplo, palabras como ghosting o firedooring forman parte de todo un universo de términos que describen formas insanas de relacionarnos en pareja. Significados que han sido normalizados en el lenguaje y que ya forman parte del vocabulario de los más jóvenes. El problema es que, además del uso de estos términos, el comportamiento se normaliza. 

No necesitamos normalizarlo todo  

Las investigaciones señalan que la exposición a determinados comportamientos en línea influye en la manera como aceptamos comportamientos similares en la vida real. De hecho, los expertos advierten sobre el peligro de la facilidad con que muchos comportamientos y actitudes aberrantes pueden normalizarse, y no solo en las relaciones de pareja y la política. Hay cosas que son todo menos normales y no deben normalizarse, como la normalización del discurso de odio, la pornografía, la violencia en los fandoms o las violaciones y los linchamientos en masa, entre muchas otras aberraciones que se están normalizando en este momento. 

La ignorancia forma parte del problema 

Los libros lo explican muy bien, pero en la práctica no comprendemos lo normal, porque es un enredo de delirios, prejuicios y sesgos sociales. Así, desde la ignorancia, eliminamos o legitimamos casi cualquier cosa dependiendo del contexto.  

En la vida humana las rupturas de la normalidad son una constante: pérdida del empleo, divorcio, enfermedades, accidentes, revoluciones sociales, catástrofes naturales, guerras y pandemias como el COVID-19. Algunos superamos lo sucedido, algunos no, pero todos hablamos de «la nueva normalidad». La ruptura de la normalidad abre un paréntesis donde hacemos examen de conciencia y todo importa, luego se cierra y todo retorna a algo parecido a la vida normal. Lo único que persiste en el tiempo son las consecuencias silenciosas de los acontecimientos. 

Lo normal influye de manera directa u oculta en nuestras creencias y decisiones, en todos los ámbitos de la vida. De hecho, es tranquilizador, es nuestra zona de confort y, si no estamos en circunstancias normales, lo que más queremos es volver a la normalidad, a veces para bien y a veces para mal. 

La sociedad no le da sentido a nuestra existencia 

Necesitamos a la sociedad tanto como ella a nosotros, pero si la sociedad no nos sirve a nosotros como personas libres, es una sociedad que nos aliena, paraliza nuestro espíritu crítico, nos transforma en individuos que desprecian el conocimiento y cualquier posibilidad de rebelión.  

Así pues, la barbarie ha acabado por apoderarse de la cultura. A la sombra de esa gran palabra, crece la intolerancia, al mismo tiempo que el infantilismo. Cuando no es la identidad cultural la que encierra al individuo en su ámbito cultural y, bajo pena de alta traición, le rechaza el acceso a la duda, a la ironía, a la razón –a todo lo que podría sustraerle de la matriz colectiva–, es la industria del ocio, esta creación de la era técnica que reduce a pacotilla las obras del espíritu (o, como se dice en América, de entertainment). Y la vida guiada por el pensamiento cede suavemente su lugar al terrible y ridículo cara a cara del fanático y del zombi.  

― Alain Finkielkraut, La derrota del pensamiento 

La razón de ser de la sociedad es darle sentido a nuestra existencia, pero ocurre lo contrario, ya que la sociedad utiliza sus herramientas para moldear nuestro comportamiento, y reforzar y perpetuar determinadas ideologías que nos convierten en un instrumento para sí misma. 

La normalización cuenta una historia del mundo y sus posibilidades 

Lo normal es una suerte de conciencia social y subsiste porque la mayoría la aprobamos y participamos de ella libremente. Ningún aparato ideológico requiere de la violencia para funcionar, porque los aparatos ideológicos están fundamentados en nuestra racionalidad e inconciencia. Por tanto, reconocer y cuestionar lo que consideramos normal puede ayudarnos a navegar por su impacto en nuestras creencias y decisiones.  

La vida cotidiana requiere que consideremos nuestra complicidad y las consecuencias más amplias de lo que elegimos consumir. 

Lo normal significa cosas diferentes para diferentes personas, y nuestra percepción de lo que consideramos normal puede cambiar con el tiempo, con efectos tanto positivos como negativos: ¿Qué estamos normalizando, por qué y para qué? 


Arte | La parábola de los ciegos (The blind leading the blind) cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, ca.1525-1569. Se encuentra en Wellcome Collection, Londres.

La parábola de Cristo, Mateo XV:14 «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo».