La caverna subterránea es el mundo visible. El fuego que la ilumina, es la luz del sol. Este prisionero que sube a la región superior y contempla sus maravillas, es el alma que se eleva al mundo inteligible.

by Platón

 

Una de las ideas centrales del pensamiento de Platón es pensar más. Hace 2400 años aproximadamente, Platón observó que no pensamos lógicamente sobre nuestra vida. De hecho, se percató que nuestras ideas se derivan de lo que llamamos sentido común (los griegos lo llamaban doxa). 

 

Platón desconfiaba del sentido común porque está plagado de errores y prejuicios. En consecuencia, las ideas que tenemos sobre la mayoría de las cosas, amor, dinero, etc., son erróneas y no resisten la prueba de la razón.

 

Ahora bien, el problema está en la falta de pensamiento racional, si no pensamos y además confiamos más en nuestros sentidos que en la razón, advierte Platón, que pareceremos más subhumanos que humanos. Según él, permaneceremos atrapados en un mundo de sombras, perdiendo así lo que es real.

 

Imagina unos hombres en una habitación subterránea en forma de caverna con una gran abertura del lado de la luz. Se encuentran en ella desde su niñez, sujetos por cadenas que les inmovilizan las piernas y el cuello, de tal manera que no pueden ni cambiar de sitio ni volver la cabeza, y no ven más que lo que está delante de ellos. La luz les viene de un fuego encendido a una cierta distancia detrás de ellos sobre una eminencia del terreno. Entre ese fuego y los prisioneros, hay un camino elevado, a lo largo del cual debes imaginar un pequeño muro semejante a las barreras que los ilusionistas levantan entre ellos y los espectadores y por encima de las cuales muestran sus prodigios.
[…]
–Ésta es precisamente, mi querido Glaucón, la imagen de nuestra condición. La caverna subterránea es el mundo visible. El fuego que la ilumina, es la luz del sol. Este prisionero que sube a la región superior y contempla sus maravillas, es el alma que se eleva al mundo inteligible.
― Platón, La República

 

Según Platón, si queremos ser completamente humanos debemos utilizar la razón, pensar más y mejor, comprender la realidad como es y dejar la cueva.

 

Esto significa que en algún momento debemos empezar a entender que no somos el cuerpo, somos alma racional y ésta pertenece al mundo de las ideas. Además, es eterna e indestructible, mientras que el cuerpo es perecedero.

 

La causa de la mayoría de nuestros problemas es la ausencia de pensamiento racional, mientras el cuerpo tiene el control. Seguimos desesperadamente nuestras pasiones, y actuamos siguiendo nuestros instintos. Platón comparó esto con ser arrastrados peligrosamente por un grupo de caballos salvajes con los ojos vendados.

 

Pensar más y vivir en armonía con la razón

 

Una y otra vez, Platón señaló la importancia de aprender a someter nuestros instintos a la razón: pensar más y vivir en armonía con la razón.

 

Si bien somos alma, ésta se encuentra encerrada en el sepulcro del cuerpo como la ostra en su concha. Somos producto de la unión provisional entre el alma y el cuerpo. Dos cosas completamente distintas forzadas a coexistir accidentalmente, pero sólo podemos ser una de ellas.

 

A raíz de esta relación entre cuerpo y alma Platón estableció el alma racional (razón), el alma irascible (voluntad), y el alma concupiscible (pasiones y deseos más vinculados al cuerpo). Por esta razón, nuestra vida moral consiste en superar lo material e inferior, para llegar a la región de las ideas.

 

Cómo es el alma, requeriría toda una larga explicación; pero decir a qué se parece, es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza que, como si hubieran nacidos juntos, lleva a una yunta alada y a su auriga. Pues bien, los caballos y los aurigas de los dioses son todos ello buenos, y buena su casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay, en primer lugar, un conductor que guía un tronco de caballos y, después, estos caballos de los cuales uno es bueno y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos, y el otro de todo lo contrario, como también su origen. Necesariamente, pues, nos resultará difícil su manejo.
― Platón, Fedro

 

Por un lado buscamos alcanzar lo divino, y por otro, las pasiones nos arrastran a lo mundano. Pero, también podemos razonar y contemplar la verdad de las cosas. De ahí que nuestro ideal deba ser la armonía de estos tres elementos del alma, con la razón al mando.

 

Para alcanzar lo verdadero, advirtió Platón, debemos renunciar completamente a los sentidos y contemplar intuitivamente al ser y a la idea del Bien.

 

Todos tenemos en nuestro interior estos elementos, y para ser completamente humanos debemos ejercitar la razón. Con otras palabras, pensar nuestra vida lógicamente. Porque actuar de otra manera, conlleva el riesgo de terminar con los valores equivocados y en medio de situaciones infelices. Así, Platón, totalmente actual, nos invita a pensar más y mejor.

 

Dime lo que valoras y te diré quién eres

 

Las distintas proporciones de estos elementos, razón, voluntad, pasiones y deseos, tienen como resultado distintas clases de personas en una sociedad. Así encontramos aquellas personas que, guiadas por sus apetitos, valoran más los placeres sensuales y aquello que puede comprar el dinero.

 

Una segunda clase de personas, los soldados, obedecen a sus emociones, capaces de realizar grandes hazañas, de comprometerse y concluir grandes proyectos.

 

La tercera clase de personas son los gobernantes, ubicados en lo más alto de la República, tienen los mismos apetitos y emociones, pero mediante una acertada educación viven en armonía con la razón. Platón los llamó gobernantes, no obstante, esta clase de personas siempre ha sido una minoría esquiva: librepensadores amantes de la verdad.

 

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Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.

La casa de la ética

El arte de saber vivir bien