Pensamiento Crítico

 

El pensamiento crítico es la capacidad de pensar clara y racionalmente sobre qué hacer o qué creer. Es una forma de pensar reflexiva e independiente sobre cosas particulares en un momento particular. No es algo que podamos aprender una vez y luego usar en esa forma para siempre, como las tablas de multiplicar.

 

Pensar críticamente requiere que usemos nuestra habilidad para razonar, entendiendo la conexión lógica entre las ideas. Somos agentes activos en lugar de receptores pasivos de información, cuestionando rigurosamente las ideas y suposiciones, en lugar de aceptarlas por su valor nominal.

 

No se trata de acumular información, tener buena memoria o saber muchas cosas. Pensar críticamente se trata de hacernos cargo de las estructuras de nuestro pensamiento. Y, así, mejorar la calidad de nuestro pensamiento, desde valores universales como claridad, precisión, consistencia, relevancia, evidencia sólida, buenas razones, profundidad, amplitud y equidad.

 

La esencia del pensamiento crítico es el juicio suspendido; y la esencia de este suspenso es la indagación para determinar la naturaleza del problema antes de continuar con los intentos de su solución. Esto, más que cualquier otra cosa, transforma la mera inferencia en una inferencia probada, las conclusiones sugeridas en una prueba.
― Dewey, Cómo pensamos

 

Pensar mal o Pensar bien

 

Todos pensamos. Es nuestra naturaleza hacerlo. Pensar es una actividad mental que utilizamos para resolver dudas sobre qué hacer, qué creer, qué desear o buscar. El problema es que estamos acostumbrados a dejar fluir nuestro pensamiento tal cual. No somos conscientes que nuestro pensamiento es parcial y desinformado.

 

Además, cargamos una variedad de gustos y disgustos, comportamientos aprendidos y preferencias personales desarrolladas a lo largo de la vida, que sesgan y distorsionan nuestro pensamiento. La cuestión es que podemos pensar mal o pensar bien las cosas, pero eso no nos roba el sueño. Después de todo hemos sobrevivido hasta ahora, sin darle mucha importancia a la calidad de nuestro pensamiento.

 

De hecho, no relacionamos que la calidad de la vida es proporcional a la calidad de nuestro pensamiento. Pensar mal es costoso, tanto en dinero como en calidad de vida. Cuando pensamos en qué hacer tomamos decisiones, y todos sabemos que tomar decisiones no es siempre una tarea fácil. Para tomar decisiones sabias debemos pensar bien las cosas.

 

Pensar críticamente

 

Pensar bien es pensar críticamente. Esto es, pensar los problemas de manera objetiva y crítica, evaluar los puntos de vista para determinar qué tan fuertes o válidos son; y reconocer las implicaciones y los puntos débiles de los argumentos, entre otros. Con otras palabras, pensar críticamente es tomar el control de nuestro pensamiento. No dejarlo a la deriva, sino realmente tomar conciencia de lo que estamos pensando y mejorarlo.

 

Al pensar críticamente buscamos los mejores resultados posibles en cualquier situación, y para lograrlo debemos autoevaluarnos. Esto significa, conocer nuestras fortalezas, debilidades y preferencias personales, así como su posible impacto en las decisiones que podamos tomar. No obstante, esto requiere persistencia y práctica, porque esta capacidad varía según el estado mental del momento.

 

La excelencia en el pensamiento se cultiva sistemáticamente. Para ello, debemos ejercitar ciertas habilidades como observación, análisis, interpretación, reflexión, evaluación, inferencia, explicación, resolución de problemas y toma de decisiones. Aunque parece una tarea compleja, en realidad no lo es. La clave para desarrollar estas habilidades es adquirir el hábito de cuestionar, en lugar de simplemente aceptar la información que nos aportan nuestros sentidos. Por ejemplo:

 

  1. ¿Quién lo dijo?
  2. ¿Por qué es importante?
  3. ¿Cuál es la evidencia y justificación?
  4. ¿Estoy de acuerdo?

 

El truco está en hacer las preguntas correctas o hacer las suficientes preguntas, porque la pregunta nos lleva al corazón del argumento. Asimismo, es importante abordar un argumento o problema desde un ángulo diferente, o desde una nueva perspectiva. Si podemos pensar creativamente al abordar un problema, podemos encontrar ideas y enfoques nuevos e interesantes.

 

Pensar críticamente es rentable

 

El pensamiento crítico nos permite ocuparnos de manera eficiente de las cosas que ocupan nuestra mente, para obtener el mejor resultado posible dentro de las circunstancias que conocemos. No importa cuál sea la situación, ya sea ésta personal o profesional, en todas se requiere pensar bien.

 

Pensar críticamente nos permite:

 

  1. Comprender las conexiones lógicas entre las ideas.
  2. Abordar los problemas de forma consistente y sistemática.
  3. Reflexionar sobre la justificación de los propios supuestos, creencias y valores.
  4. Exponer falacias y el mal razonamiento.
  5. Adquirir conocimiento.
  6. Fortalecer nuestras teorías y argumentos.
  7. Mejorar la calidad de vida.
  8. Perfeccionar los procesos de trabajo y mejorar las instituciones sociales.

 

El pensador crítico

 

El pensador crítico es una persona que intenta razonar al más alto nivel de calidad de manera justa. Es una persona que vive racionalmente, razonablemente y empáticamente. Porque conoce de primera mano los defectos del pensamiento cuando no se controla.

 

Todas las personas tenemos episodios de pensamiento indisciplinado o irracional. Nadie es un pensador crítico de principio a fin, no pensamos críticamente todo el tiempo sino por momentos. Pensamos críticamente hasta que tropezamos con puntos ciegos, o ideas que tienden hacia el autoengaño. Por esta razón, el desarrollo de habilidades y disposiciones de pensamiento crítico es un esfuerzo que nos toma toda la vida.

 

El pensamiento crítico depende de la calidad y la profundidad de nuestra experiencia, en un área del pensamiento o de nuestra habilidad para cuestionar las cosas. Igualmente, el pensamiento crítico varía según nuestra motivación. Podemos perfectamente tener pensamientos egoístas, que se manifiestan en la hábil manipulación de las ideas, al servicio de los propios intereses. Obviamente este tipo de pensamiento tiene fallas intelectuales, porque carece de integridad intelectual y de imparcialidad.

 

Conclusión

 

En síntesis, el pensamiento crítico es autodirigido, autodisciplinado, autocontrolado y autocorrectivo. Implica habilidades para resolver problemas y un compromiso para superar nuestro egocentrismo y sociocentrismo nativos. Esto, a su vez, implica conocerse a uno mismo y estar atentos a nuestras características personales, preferencias y sesgos.

 

El pensamiento crítico nos ayuda a buscar fuentes de información relevantes para informarnos, a usar la información de manera eficiente para resolver problemas, a deducir las consecuencias de lo que sabemos, y nos ayuda a decidir qué es lo que pretendemos lograr, y luego tomar una decisión basada en un rango de posibilidades.

 

El pensamiento crítico también es una forma de pensar más allá de «fuera de la caja», porque no hay una caja. Se trata de desafiar el consenso y buscar enfoques menos populares. Si lo pensamos bien, ser la oveja negra no es algo malo, recordemos que la mayoría condenó a Jesús y perdonó a Barrabas, la mayoría siguió a Hitler y la mayoría está acabando con el planeta.

 


Arte | La traición de las imágenes «Esto no es una pipa» de René Magritte, 1928–1929. (Ver)

 

276 vistas

Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.

La casa de la ética

El arte de saber vivir bien