Neoplatonismo

 

Para el neoplatonismo el bien es la actividad específica natural de todos los seres, pero el alma sublime dirige su actividad a la cosa más sublime: el Bien sin más.

 

Los males residen con y entre nosotros, y el alma desea huir de los males, huir hacia el bien.

 

—Y ¿en qué consiste esta huida?
—«En asemejarse a Dios» —dice (Platón). Y esto se logra, si «nos hacemos justos y piadosos con ayuda de la sabiduría». Se logra, en suma, por la virtud.

—Si, pues, nos asemejamos por la virtud, ¿nos asemejamos a quien posee virtud? Concretamente, ¿a qué Dios nos asemejamos? ¿Al que mejor parece poseer estas virtudes, más concretamente, al Alma del cosmos y al principio rector que hay en ella, dotado de una sabiduría maravillosa? Es, en efecto, razonable que sea él a quien tratemos de asemejarnos mientras estamos acá.
― Plotino, Enéadas

 

Neoplatonismo

 

Plotino aparece en la historia como un pensador original que dio lugar al neoplatonismo. Si bien el nombre sugiere una interpretación de la filosofía de Platón, lo cierto es que se trata de una interpretación original con muchos nuevos elementos.

 

La inspiración de Plotino, abarcó mucho más que las ideas de Platón. También se inspiró en Aristóteles, los estoicos, el escepticismo, el eclecticismo y el neopitagorismo. Básicamente, Plotino interpretó todo esto desde una perspectiva religiosa. Recogió nuestra tendencia de sumergirnos en la divinidad, y sintetizó el pensamiento pagano antiguo en una metafísica de corte místico.

 

En principio, el neoplatonismo se trata de una forma de redescubrir las verdades fundamentales de la auténtica filosofía. Ahora, la búsqueda de la verdad, se identifica con un modo de vida y con la auténtica religión.

 

Cabe agregar, que el pensamiento neoplatónico influyó en la ascética cristiana hasta mediados del siglo XX.

 

Existe un Bien absoluto que debemos buscar

 

Descubrimos la verdad a través de un proceso de introspección, en el que se interpreta la teoría platónica de las ideas, y la idea de bien desde una perspectiva religiosa.

 

El fundamento supremo de toda la realidad es el Ser Perfecto. Primero, Absoluto (el Uno), de él emana el espíritu o inteligencia (el nous), y de éste emana el alma.

 

El Bien o lo Uno se identifica con Dios. Las ideas no son una realidad externa al mundo físico, sino los arquetipos de la «mente» divina. Con otras palabras, el conocimiento es una especie de conocimiento en Dios. 

 

El bien y la belleza del alma

 

Ahora bien, esto no significa que podamos conocer a Dios en sí mismo. Porque Dios es incognoscible e inefable. Y es así, porque en la medida en que es Absoluto, carece de toda determinación particular.

 

La relación entre lo Uno y lo múltiple la debemos entender como un proceso de emanación, donde nos alejamos de lo Uno pero regresamos a Él por medio de la purificación del alma.

 

El alma, una vez purificada, se hace forma, razón, enteramente incorpórea, espiritual; pertenece entera a lo divino donde está el origen de la belleza. Por tanto el alma, reducida a la inteligencia, es mucho más bella. Pero la inteligencia es para el alma una belleza propia y no extraña, porque el alma está entonces realmente aislada. Por ello se dice con razón que el bien y la belleza del alma consisten en hacerse semejantes a Dios, porque de Dios viene lo bello y el destino de los seres.
― Plotino, Enéadas

 

Reavivar la virtud

 

En estas tres realidades, el Uno, el espíritu y el alma del mundo, existe unión y perfección. La imperfección se encuentra en la materia y el caso es que somos prisioneros de ella (cuerpo).

 

Por ello, debemos buscar la perfección, el Bien absoluto, debemos ascender hacia el reencuentro con el Uno. Ahora, esto sólo lo logramos si practicamos la virtud.

 

Si el hombre decae en la contemplación, puede reavivar la virtud que hay en él. Comprende entonces su hermoso orden interior y recobra su ligereza de alma. Por la virtud llega hasta la inteligencia, y por la sabiduría hasta él. Tal es la vida de los dioses y de los hombres divinos y bienaventurados: liberarse de las cosas de este mundo, vivir sin hallar placer en ellas, huir solo hacia él solo.
― Plotino, Enéadas

 

Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.

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