Las teorías éticas son directrices de acción

 

Las teorías éticas son directrices de acción. Si bien podemos considerar la ética como algo puramente teórico, no es del todo así. La ética es una ciencia práctica que busca nuestra coexistencia moral, y sus diferentes corrientes deben entenderse como directrices de acción.

 

En principio son teorías filosóficas que intentan fundamentar la validez y legitimidad de la moral. No obstante, también nos aclaran lo que está en juego y nos ayudan a tomar decisiones éticas, fundadas en el análisis objetivo de problemas morales.

 

Recordemos que la moral es el saber práctico que regula nuestra acción, desde nuestra racionalidad o capacidad comprensiva de la realidad. Esto es, las normas, leyes, valores y principios que reconocemos como buenos o que son válidos en una sociedad.

 

Ahora bien, la ética se encarga de evaluar y justificar todo esto que consideramos bueno o correcto, por lo cual la ética también es una teoría que explica por qué una determinada acción es incorrecta, o por qué deberíamos actuar de determinada manera.

 

¿Hay reglas morales universales?

 

Todavía no hay consenso si existen o no reglas morales invariables, que se apliquen a todas las culturas y a todas las épocas.

 

Para algunos, existen reglas universales que son ciertas y se aplican a todos por igual, lo que se conoce como absolutismo moral.

 

El absolutismo adopta una visión universal de la humanidad. Así, existe un conjunto de reglas para todos que permite la redacción de reglas universales, como la Declaración de los Derechos Humanos.

 

Asimismo, los actos inmorales (actos que rompen estas reglas morales) son incorrectos en sí mismos, independientemente de las circunstancias o las consecuencias de esos actos.

 

Para otros, lo que consideramos «bueno» se refiere a las cosas que un grupo particular de personas aprueba. Por ello, es posible encontrar diferentes reglas morales entre culturas, y en los diferentes períodos de la historia. A esta postura la llamamos relativismo moral.

 

Básicamente, el relativismo moral responde a las diferentes circunstancias que rodean los actos humanos. La cuestión es que las reglas morales son mucho más que el acuerdo general de un grupo de personas.

 

Casi de manera conciliatoria, la mayoría de filósofos explican que si bien hay algunas reglas éticas absolutas, también muchas reglas éticas dependen de la cultura.

 

Mi libertad, mis decisiones, mis consecuencias

 

La filosofía nos dice que no es posible idear una teoría ética satisfactoria y completa que nos lleve a conclusiones, porque la ética no nos lleva a conclusiones, sino a decisiones.

 

La ética no da respuestas concretas a los problemas morales. Más bien, nos da varias respuestas, aclara la confusión y aclara los problemas, pero depende de cada uno de nosotros sacar sus propias conclusiones.

 

Nos gusta la idea de que hay una única respuesta correcta a nuestros problemas morales. Pero, no la hay, siempre puede haber varias respuestas correctas y, nos toca, queramos o no, elegir entre ellas.

 

Con otras palabras, la ética se limita a aclarar lo que está en juego en problemas éticos particulares.

 

La ética nos proporciona el marco sobre el cual evaluamos cuestiones morales específicas. Además, nos ayuda a identificar sistemas de valores que podamos aplicar a un problema en particular. Igualmente, las teorías éticas son directrices de acción, pero cada uno de nosotros debe tomar su propia decisión individual sobre qué hacer, y luego reaccionar apropiadamente a las consecuencias.

 

Somos libres para elegir: izquierda, derecha, sí, no, y así sucesivamente. El problema es que no nos gusta tanta libertad, porque nos obliga a asumir la responsabilidad de las propias elecciones y acciones.

 

Nadie examina marcos éticos antes de tomar una decisión frente a un dilema moral. Nos sentimos más cómodos recurriendo a reglas, tradiciones, doctrinas y costumbres convenientes.

 

O simplemente somos egoístas: ¿Cuáles son mis mejores intereses a largo plazo?

 

Cuatro «ismos» éticos

 

¿Qué sucede realmente cuando hablamos de cuestiones morales? Por ejemplo, cuando decimos «el asesinato es malo», ¿qué estamos haciendo?

 

1. Podría estar haciendo una declaración sobre un hecho ético

«Está mal asesinar»

Esto es realismo moral: tenemos la idea de que hay realidades o verdades morales objetivas reales en el universo.

 

2. Podría estar haciendo una declaración sobre mis propios sentimientos

«No estoy de acuerdo con el asesinato»

Esto es subjetivismo: las declaraciones morales son declaraciones sobre los sentimientos, actitudes y emociones que una persona o grupo en particular tiene sobre un tema en particular.

 

3. Podría estar expresando mis sentimientos

«Abajo con el asesinato»

Esto es emotivismo: los reclamos morales no son más que expresiones de aprobación o desaprobación.

 

4. Podría estar dando una instrucción o una prohibición

«No asesinen personas»

Esto es prescriptivismo: las declaraciones éticas son instrucciones o recomendaciones. Si digo que algo está bien, te recomiendo que lo hagas, y si digo que algo es malo, te digo que no lo hagas.

 

La ética busca la fuente de lo correcto y lo incorrecto

 

¿Por qué no seguir la «regla de oro» o seguir la propia conciencia?

 

Nos gusta seguir reglas generales que influyen y gobiernan nuestro comportamiento como «robar está mal» o «es correcto ayudar a personas necesitadas».

 

La cuestión es que las vicisitudes y complejidades de la vida siempre logran poner a prueba estas reglas generales.

 

Nadie objeta el espíritu de la regla de oro: «haz a otros todo lo que quieras que te hagan a ti.»

 

Sin embargo, esta regla asume que todo lo que estamos dispuestos a aceptar que otra persona nos haga, esa otra persona también estaría dispuesta a aceptar que se lo hagamos.

 

Asimismo, a primera vista, la noción de seguir la propia conciencia parece razonable, hasta que nos enfrentamos a fundamentalistas radicales, y comprendemos la subjetividad de la conciencia.

 

Consideremos la idea que está mal mentir. Para muchas personas mentir siempre está mal, mientras que para otras se valen las mentiras piadosas. ¿Qué es correcto? ¿Qué es incorrecto?

 

Consideremos la idea que está mal matar. ¿Significa esto que la pena capital es incorrecta? ¿Está mal matar en defensa propia? ¿Está mal matar animales? ¿La terminación del embarazo es incorrecta? ¿Es la eutanasia incorrecta?

 

No hay respuestas directas e inmediatas a estas preguntas. Si tratamos de aplicar nuestras nociones cotidianas de lo correcto y lo incorrecto a estas y otras preguntas, con toda seguridad, como mínimo, quebrantaremos el principio de la imparcialidad. Esto es, la aplicación de los mismos criterios a todas las personas sin influencias de prejuicios o tratos diferenciados, principio fundamental de la justicia.

 

Estas preguntas se deben examinar con más detalle. Necesitamos marcos teóricos que puedan ayudarnos a analizar problemas complejos y encontrar soluciones racionales, coherentes y justas a los problemas éticos.

 

Y de eso se trata la ética, de encontrar respuestas generales que puedan ser utilizadas por todos en la sociedad.

 

Teorías éticas

 

Las teorías éticas son una guía para analizar problemas morales, ellas buscan cuál es la forma correcta de determinar el bien y el mal, e intentan justificar su validez y legitimidad.

 

En consecuencia, las diferentes teorías se distinguen unas de otras según el enfoque o manera como conciben y defienden la moral.

 

Idealmente, una buena teoría debería ser:

 

Coherente. Para ser coherentes, los elementos individuales de la teoría deben encajar y formar un todo unificado.

 

Consistente. Para que una teoría sea consistente, sus partes no se pueden contradecir entre sí.

 

Exhaustiva. Para ser exhaustiva, una teoría debe poder aplicarse ampliamente a una amplia gama de acciones.

 

Sistemática. Para ser sistemática, la teoría no puede simplemente abordar aspectos individuales de casos específicos, mientras se ignoran principios generales que se aplicarían en casos similares.

 

Ética de la virtud

 

El bien y el mal se caracterizan en términos de actuar de acuerdo con las virtudes tradicionales: hacer que la persona sea buena, porque la vida virtuosa es la vida más satisfactoria, la más feliz.

 

1. La finalidad de nuestra acción es la felicidad.
2. La felicidad consiste en actuar de acuerdo con la razón.
3. Actuar de acuerdo con la razón es la característica distintiva de todas las virtudes tradicionales.

 

La contemplación de la verdad es el ideal de la vida virtuosa.
¿Estoy siendo una persona ejemplar?

 

Ética epicúrea o Epicureísmo

 

El principio de todo bien se haya en el placer. El placer es un bien inherente a nuestra naturaleza y estamos destinados a buscar el placer. La finalidad de nuestras vidas es el placer, pero no cualquier placer sino el tranquilo y duradero.

 

1. El placer es entendido como la ausencia de dolor.
2. No se trata de buscar el placer sensual del cuerpo, sino la ausencia de sufrimiento.
3. La conducta correcta consiste en saber elegir los placeres.

 

El placer es el principio y el fin de la vida feliz

 

La ética estoica o Estoicismo

 

El conocimiento de nuestra propia naturaleza, nos permite discernir aquello que el cuerpo y la vida en común exigen de nosotros. Para conseguir la perfección y la felicidad no debemos guiarnos por las apariencias de las cosas, sino por la motivación de actuar racional y benevolentemente, aceptando nuestro destino.

 

1. El mundo se encuentra gobernado por una ley o razón universal (logos) que determina nuestro destino.
2. Estamos limitados por un destino inexorable que no podemos controlar.
3. La conducta correcta es la aceptación de los hechos y cosas que perturban la vida.

 

Vive de acuerdo con la naturaleza

 

Neoplatonismo

 

El bien es la actividad específica natural de todos los seres, pero el alma sublime dirige su actividad a la cosa más sublime: el Bien sin más.

 

1. En el Uno, el espíritu y el alma del mundo, existe unión y perfección.
2. La imperfección se encuentra en la materia. Somos prisioneros de ella (cuerpo).
3. La conducta correcta está en buscar la perfección, y esto sólo lo logramos si practicamos la virtud.

 

Existe un Bien absoluto que debemos buscar

 

Ética kantiana o del deber

 

Las acciones son verdaderamente morales sólo si tienen la intención correcta, es decir, basadas en la Buena Voluntad. No importa si el objetivo de nuestra acción es en sí mismo bueno o malo, lo importante es la intención que nos mueve a realizarla. Asimismo, el único fundamento de la norma moral es el deber.

 

Lo correcto y lo incorrecto está determinado por la racionalidad, dando deberes universales.

 

Para Kant actuar moralmente es bastante simple:

 

1. Debes cumplir con tu deber (simplemente porque es tu deber).
2. La razón te guía a esta conclusión.
3. La Buena Voluntad (es decir, tener las intenciones correctas) es lo único que es bueno.
4. La Buena Voluntad solo puede ser una ley de «conformidad universal»:

 

«Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal»

 

Esto se llama Imperativo Categórico, algo así como La Regla de Oro. La idea es que adoptemos reglas generales que puedan ser aceptadas por todos.

 

Kant también nos enseñó que, nunca tratemos a nadie simplemente como un medio para un fin. Más bien, tratemos a todos como un fin en sí mismos.

 

¿Cuál es mi deber para con los demás considerando la ley universal, los medios contra fines y la buena voluntad?

 

Utilitarismo

 

Los principios democráticos y económicos reflejan el utilitarismo. Este es el modelo ético dominante en nuestra sociedad.

 

Aquí, las acciones son valoradas no por lo que son en sí mismas, sino por las consecuencias que producen. Lo que es útil es bueno. Ahora, las consecuencias de las acciones se valoran según la cantidad de felicidad que aportan para el mayor número posible.

 

1. Lo correcto e incorrecto está determinado por la bondad general (utilidad) de las consecuencias de la acción.
2. Ninguna acción es intrínsecamente correcta o incorrecta.

 

El mayor bien, es la mayor felicidad para el mayor número posible de personas
¿Qué traerá el mayor bien general para todos los interesados?

 

Ética del superhombre

 

El motor de la existencia es la voluntad de poder, debemos aspirar a una vida plena y comprometernos con lo que somos: expansión y transformación. Debemos transformarnos a nosotros mismos y transformar el mundo.

 

1. Nuestra naturaleza no es fija y consiste en la continua autosuperación.
2. Todo lo que no se transforma decae y se pervierte, por tanto, no trascenderse es decaer.
3. La acción correcta es la expansión y la transformación.

 

Vive de manera tal que, si tuvieras que vivir nuevamente una y otra vez la misma vida, serías feliz al hacerlo

 

Axiología o Ética de los valores

 

Los valores solo se pueden sentir. La razón no puede pensar los valores, solo los organiza en una jerarquía después de haberlos experimentado.

 

1. Los valores son absolutos, objetivos e intemporales (Aquí no hay cabida para el relativismo moral).
2. Una acción es buena en función del ordenamiento jerárquico que precede a los valores.
3. Lo correcto depende de la coherencia entre querer y actuar desde el propio entendimiento de los valores.

 

La persona es un valor por sí misma

 

Ética dialógica

 

La ética dialógica no establece normas concretas de acción, sino el procedimiento para determinar qué normas tienen valor ético.

 

1. Todos los afectados por una misma norma deben participar en su discusión.
2. Todos los participantes deben tener los mismos derechos, y las mismas oportunidades de argumentar y defender sus posturas.
3. No puede existir coacción de ningún tipo, y todos los participantes deben intervenir en el diálogo teniendo como finalidad el entendimiento.

 

Sólo tienen validez aquellas normas aceptadas por un consenso en una situación ideal de diálogo

 

Las teorías éticas son objetivas

 

Encontramos diferentes tesis objetivistas, algunas centradas en teorías acerca del lenguaje moral, y otras en teorías acerca de la naturaleza ontológica de los valores morales.

 

Desde la perspectiva ontológica de los valores, es posible la existencia de una realidad moral objetiva e independiente de la realidad natural; una realidad que podemos conocer a priori, esto es “conocimiento sin experiencia” o “antes de la experiencia”.

 

La ética de Kant, por ejemplo, es una ética objetivista, en donde las normas morales no dependen de la voluntad de una o varias personas, sino que valen igualmente para todos:

 

Los enunciados prácticos fundamentales, son enunciados que contienen una determinación general de la voluntad, a la que se encuentran supeditadas diversas reglas prácticas. Son subjetivos, o máximas, cuando la condición es considerada por el sujeto como únicamente válida para él; objetivos, o leyes prácticas, cuando es reconocida como válida objetivamente, es decir, válida para la voluntad de todo ser racional.
— Kant, Crítica de la Razón Practica

 

Igualmente, para Kant la validez de las normas morales no se reconoce mediante la experiencia, sino a priori, mediante principios puros de la razón:

 

Todos debemos admitir, que una ley, cuando es válida moralmente, es decir, cuando es obligatoria, debe ser absolutamente necesaria; que el mandato: no debes mentir, no sólo es válido para los hombres, mientras que otros seres racionales no necesitan respetarlo; que el fundamento de la obligación no ha de buscarse en la naturaleza del hombre o en otras circunstancia del mundo en el que éste vive, sino a priori en conceptos de la Razón Pura y que cualquier otra norma que se apoye, aunque sea lo más mínimo, en fundamentos empíricos, puede ser considerada ciertamente una regla práctica, pero nunca una ley moral.
— Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres

 

Siguiendo el objetivismo ético de Kant, sólo el conocimiento que hemos adquirido antes de la experiencia (a priori), garantiza la objetividad. Porque sólo lo que no procede de la experiencia es universal y necesario, es decir, objetivo.

 

Por otra parte, las verdades morales no son completamente independientes de las verdades no morales

 

Una cualidad fundamental de la moral es que dos situaciones no pueden diferir en términos morales, sin diferir en términos no morales. Porque la tarea de la moral es guiar nuestras acciones. Concretamente, en cómo debemos reaccionar a las características no morales del mundo.

 

Debido a su normatividad, las verdades morales están estrechamente relacionadas con la razón. Asimismo, la normatividad de los hechos morales se basa en una conexión conceptual.

 

La ética puede ser tan objetiva como la ciencia

 

Las consecuencias de una teoría ética las podemos confrontar con: (1) las consecuencias de diferentes teorías alternativas; (2) las consecuencias sociales que ella predice y las consecuencias que realmente ocurren; (3) contradicciones con reglas bien probadas (por ejemplo, derechos humanos).

 

Solo cuando recurrimos al conocimiento objetivo podemos reconocer decisiones equivocadas, o si una manera diferente de actuar tiene consecuencias más inofensivas.

 

Asimismo, el conocimiento objetivo es la única forma en que podemos aprender y progresar en el campo ético.

 

Conclusión

 

La ética es la pregunta por lo correcto. Pero, y este es un gran pero, las preguntas éticas nos resultan incómodas. Y esto es así, porque tenemos que lidiar con nuestros valores personales. De hecho, nos aterra darnos cuenta que nuestras creencias o comportamientos pueden ser injustos y, por lo tanto, éticamente censurables.

 

Por obvias razones este proceso no es placentero para nadie, pero es necesario. Esta es la única forma de hacer de nuestro mundo un lugar más justo para todos.

 

Gran parte de lo que se consideraba correcto en el pasado ahora es éticamente incorrecto. Por ejemplo, durante siglos la esclavitud fue aceptada, las mujeres no tenían derecho a votar y las madres solteras eran separadas de sus hijos. Todo esto, y muchas cosas más, son hoy éticamente impensables.

 

Hasta la mafia también tiene moral, es decir, ciertos valores y normas que son compartidos por una comunidad. Pero determinar si estas normas y leyes son correctas, eso es tarea de la ética.

 

Si bien la ética no tiene soluciones universales nos ayuda a estructurar el proceso de toma de decisiones. Y los argumentos a favor o en contra de una actitud, pueden derivarse de varias teorías éticas.

 


Arte | Ecce Homo de Antonio Ciseri, 1871. Cuando de opciones y decisiones se trata, en occidente, la decisión más famosa es la de Poncio Pilato. En esta pintura al óleo se describe esa escena de fuertes connotaciones éticas y políticas. Recordemos que no solo se trata de la decisión del jefe romano, la muchedumbre también escoge entre Barrabas y Jesús.

 

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Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.

La casa de la ética

El arte de saber vivir bien