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El reto de reencantarnos: la gracia del lobo

 

Hoy más que nunca tenemos el reto de reencantarnos con cuentos y fábulas, para preservar la gracia del lobo para las generaciones futuras.

 

La gracia del lobo

 

Ningún ser vivo ha ilustrado de manera tan completa la dualidad de la naturaleza humana, como es el caso del lobo. Desde tiempos inmemoriales, ha representado tanto nuestra malicia como bondad, alegórica, metafórica y místicamente.

 

El lobo abre una ventana a nuestras pasiones más oscuras, ayudándonos así a comprender nuestras propias transformaciones como individuos y como sociedad.

 

La sombra y la luz en la grieta, así es el arquetipo del lobo. Este deviene en una suerte de guardián del espíritu, donde como un espejo se reflejan nuestros más temibles demonios, o las más bellas y nobles de nuestras intenciones.

 

Queramos o no, el llamado del lobo toca nuestra humanidad. No importa si viene disfrazado de lobo falaz, lobo feroz o lobo héroe. Precisamente, en esto radica la gracia del lobo, o más bien la broma que el lobo le ha gastado a nuestro lado racional. Permanecer en el imaginario colectivo, a pesar del devenir de la humanidad. Mientras protege y transmite el conocimiento moral y espiritual.

 

Tenemos el reto de reencantarnos con las fábulas y cuentos que hablen de la gracia del lobo, y nos inspiren a ser mejores personas.

 

Una noche un anciano Cherokee le contó a su nieto sobre una batalla que se mantiene dentro de la gente. Dijo, “Hijo, la batalla es entre dos lobos en el interior de todos nosotros.»

Uno es el Mal. Es la ira, la envidia, los celos, la presunción, el dolor, el odio, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, el resentimiento, la inferioridad, las mentiras, el orgullo, la lujuria, la superioridad y el ego.

El otro es el Bien. Es el gozo, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la bondad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe.”

El nieto lo pensó un momento y luego le preguntó a su abuelo: ¿Cuál lobo gana? El anciano Cherokee simplemente contestó, “El que tú alimentes.”

― Cuento Cherokee: La pelea de los lobos

 

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