El lobo pintor

 

El lobo pintor es una fábula de Rafael Pombo que nos recuerda el valor de la palabra dada. Un valor que está en desuso y desaparece con el paso de los días. Seguramente, algunos de nosotros recordamos cómo los abuelos cerraban los tratos estrechando las manos y diciendo «Tiene mi palabra», entendida la palabra como «palabra de honor». No había necesidad de hacer contratos ni de firmar documentos, la palabra dada era suficiente.

 

La palabra dada es un valor que encierra el respeto mutuo y la confianza mutua. Dar la palabra es hacer una promesa que nos comprometemos a cumplir y, al hacerlo, encendemos la llama de la ilusión en otra persona. Por eso, no cumplir la palabra dada conlleva una gran desilusión.

 

Cuando damos la palabra nos damos a nosotros mismos como garantía de que cumpliremos nuestra promesa. Al romper la promesa nos volvemos poco creíbles o como dicen los abuelos: «Esta persona no es de fiar».

 

El lobo pintor

 

Garrote vil; tal era la sentencia
Que sobre un Lobo criminal pendía
Cuando apeló llorando a la clemencia
Del que vengar sus víctimas debía;
— «Quiero purgarme en santa penitencia
Y a pan y agua poner mi gula impía.
No probaré más carne, te lo juro,
Ni olvidaré jamás trance tan duro».

 

Conmovido el Pastor dio libre al reo;
Y encontrando éste, a poco trecho andado,
Un cerdo que en sabroso chapoteo
En un pantano se revuelca echado;
«¡Cumplo lo dicho! —exclama—; y como veo
Que eso no es carne ya, sino pescado,
Puedo en conciencia hacer el sacrificio».
—Y así respeta su palabra el vicio.

— Rafael Pombo, El lobo pintor en Fábulas y Verdades

 

Moraleja

 

El lobo no valora la palabra dada y no sabe o no le importa el respeto que se tiene a sí mismo y el respeto que le tienen los demás. El lobo dice una cosa y hace otra completamente distinta a lo prometido. Es mentiroso y un maestro del engaño, pero tiene el don de la palabra, es elocuente y sabe cómo justificarse, excusarse, hacerse pasar por víctima y prometer lo que nunca cumplirá.

 

Para el pastor la palabra dada es valiosa y confía que para el lobo es igual de valiosa. Sin embargo, el lobo traiciona la buena voluntad del pastor y lo engaña diciendo una cosa y haciendo otra. Si no podemos cumplir una promesa lo correcto es no comprometernos. Porque no está bien prometer lo que no vamos a cumplir. Lo debido es ser honestos con los demás y con nosotros mismos.

 

Nuestra integridad se manifiesta en el cumplimiento de la palabra dada y hay honor en el cumplimiento de nuestras promesas. Entonces, lo ideal cuando prometemos algo es esforzarnos por cumplirlo, evitando de esta manera la tristeza, miseria y hasta desgracia que traen consigo las promesas rotas.

 

Arte | Lobo de pie de Marcus de Bye, siglo XVII. Se encuentra en el Museo Instituto de Artes de Detroit (DIA).

 

Lobo de pie de Marcus de Bye, siglo XVII.