Enseñar a pensar a través del dilema
Tradicionalmente, la escuela ha sido el lugar al que vamos a aprender cuánto es dos más dos, en qué año se independizó nuestro país y cuáles son las leyes de la física. Todo viene empaquetado, listo para ser memorizado. Pero, ¿qué pasa cuando la vida real nos hace preguntas que no vienen en el libro de texto? Es ahí donde la educación necesita un cambio de ritmo. Llevar el dilema moral al salón de clases se trata de transformar el aula en un gimnasio para el pensamiento crítico y la empatía. Es un espacio seguro donde aprender a dudar es mucho más valioso que pretender tener la verdad absoluta.
El dilema moral
Un dilema moral es una situación en la que una persona debe tomar una decisión que involucra aspectos importantes de su vida, pero que también puede afectarla a sí misma en otros aspectos o a otras personas o seres vivos.
Las investigaciones científicas han demostrado que el dilema moral es una herramienta pedagógica efectiva para mejorar nuestro razonamiento moral, así como otros elementos importantes en la toma de decisiones éticas, piedra angular en la formación ética.
Ahora bien, la toma de decisiones éticas se puede definir como hacer una elección razonable y responsable entre varias alternativas en la cotidianidad de nuestra vida personal y laboral. Por consiguiente, tanto las familias como las instituciones educativas deben preparar a los estudiantes para tratar cuestiones éticas, independientemente de la edad.
La toma de decisiones éticas puede verse como un proceso que requiere conocimientos morales y capacidades en la resolución de problemas morales.
- Sensibilidad moral: la capacidad para reconocer e interpretar cuestiones morales.
- Juicio moral: juzgar qué acción es éticamente correcta entre varias alternativas.
- Motivación moral: priorizar los valores morales sobre otros valores.
- Carácter moral: templanza y perseverancia.
Todos estos elementos son indispensables para tomar decisiones éticas y realizar acciones éticamente válidas. No obstante, cuando nos enfrentamos a dilemas éticos complejos nuestro juicio moral y capacidad para resolver problemas son elementos críticos.
Enseñar a pensar a través del dilema
Como herramienta pedagógica el dilema sobre valores éticos o morales es una breve historia sobre un conflicto que demanda una decisión ética que, a su vez, afecta a otras personas, seres vivos o grupos sociales.
El dilema moral debe proponer dos o más alternativas para que los estudiantes elijan y respalden una de ellas sustentando sus razones para la elección, los valores implicados y las consecuencias. El dilema se concluye con una pregunta central que plantee cuál es la acción a seguir ante la situación presentada. Todo esto, teniendo en consideración que el arte de preguntar es el arte de pensar, y su forma natural de realización es la conversación entre dos o más personas. Asimismo, el consenso sobre alguna cosa se alcanza preguntando y respondiendo en un diálogo abierto.
El objetivo de la educación moral no es imponer un conjunto de virtudes correctas en los estudiantes, sino estimular el desarrollo de sus propias capacidades para juzgar moralmente y actuar de acuerdo con principios de justicia
— Lawrence Kohlberg y Elliot Turiel, «Moral development and moral education». En G. Lesser (Ed.), Psychology and Educational Practice.

Despertar del piloto automático
Usar un dilema moral en clase es como lanzar una piedra en un estanque de agua tranquila, porque rompe la monotonía intelectual. Cuando a un estudiante se le presenta una situación donde no hay una respuesta fácil, se le obliga a apagar el piloto automático. Ya no sirve repetir de memoria lo que dijo el profesor, el estudiante tiene que mirar hacia adentro, explorar sus propios valores, construir un argumento y, lo más importante, sostenerlo frente a sus compañeros. Es una invitación directa a adueñarse de su propio criterio.
Generar conflicto para crecer
Lawrence Kohlberg explica que nuestra capacidad de razonar moralmente evoluciona a lo largo de la vida pasando por distintas etapas, desde un pensamiento infantil y egocéntrico (donde solo hacemos el bien para evitar un castigo) hasta un nivel postconvencional (donde actuamos guiados por principios éticos universales como la justicia o la dignidad humana).
¿Y cómo logramos que un estudiante suba de nivel en este desarrollo? como anota Kohlberg, a través del conflicto cognitivo. Porque no progresamos en nuestra forma de pensar si nuestras ideas no se tambalean un poco.
Al proponer dilemas incómodos en el aula, el docente actúa como un facilitador que quiebra la falsa seguridad. Cuando un adolescente que piensa de manera individualista escucha el argumento altruista de un compañero, su cerebro experimenta una tensión intelectual. Esa incomodidad es la que lo obliga a reestructurar sus ideas y a restablecer el equilibrio en un nivel moral superior.
El desarrollo del razonamiento moral depende del movimiento a través de un conflicto cognitivo. El cambio ocurre cuando las estructuras existentes de un individuo se ven desafiadas por contradicciones internas o por la exposición al razonamiento de otros que se encuentran en una etapa superior.
— Lawrence Kohlberg, Moral stages and moralization: The cognitive-developmental approach». En T. Lickona (Ed.), Moral Development and Behavior: Theory, Research, and Social Issues.
El siguiente es uno de los dilemas que Kohlberg presentó a los estudiantes en Haverford:
Joe es un chico de catorce años que quería ir a un campamento. Su padre le prometió que podría ir si él ahorra el dinero para él mismo. Así que Joe trabajó duro en su ruta de periódicos hasta conseguir los cuarenta dólares, lo que costaba ir al campamento, y un poco más. Pero justo antes de que comenzara el campamento, su padre cambió de opinión. Algunos de sus amigos decidieron ir de viaje especial de pesca y el padre de Joe estaba corto de dinero. Así que le dijo a Joe que le diera el dinero que había ahorrado. Joe no quiere renunciar al campamento, por lo que él piensa en negarse a darle el dinero a su padre.
La interpretación del dilema debe llevar a los estudiantes a experimentar un conflicto ético, moral o valorativo que confronte sus preconceptos éticos y les permita comprenderlos, cuestionarlos y transformarlos o enriquecerlos.
La importancia del diálogo en clase: la empatía y el disenso
Al dialogar bajo este enfoque, el aula se convierte en una lección viva de tolerancia. Al escuchar que la persona del banco de al lado tiene una solución completamente distinta, pero respaldada por una lógica respetable, el estudiante aprende habilidades humanas críticas.
- Escucha activa: entender las razones del otro antes de saltar a atacarlas.
- Flexibilidad cognitiva: darse cuenta de que hay diferentes morales y perspectivas de la vida y del mundo.
- Humildad ética: descubrir que cambiar de opinión al escuchar un argumento más justo no es una derrota, es la prueba reina de que estamos madurando.
Discutir dilemas morales en el aula transforma el aprendizaje en un proceso social. No se trata de ganar un debate, sino de construir una comunidad de indagación donde los estudiantes aprenden que la validez de un argumento radica en su capacidad de respetar la dignidad de los demás.
— Josep M. Puig Rovira, La construcción de la personalidad moral.
Semillas de reflexión
Educar es encender un fuego interno. En un mundo que a menudo nos empuja a polarizarnos, a gritar en las redes sociales y a creer que quienes piensan diferente son nuestros enemigos, el dilema moral en la educación es una manera de combatir el odio y acercarnos. Al enseñarle a las nuevas generaciones a abrazar la complejidad, a dudar con respeto y a ponerse en los zapatos del otro ante situaciones difíciles, no solo estamos formando mejores estudiantes en el ámbito académico, estamos cultivando ciudadanos más compasivos, maduros y humanos.
La mejor lección que un maestro puede dejar es la capacidad de hacer la pregunta correcta en el momento adecuado. Porque siempre tenemos más de una opción, pero es menester reflexionar sobre lo correcto y lo debido.