El conocimiento de sí mismo

El conocimiento de sí mismo o autoconocimiento es el saber que adquirimos sobre nosotros mismos. En la antigua Grecia Sócrates declaró que la vida no examinada no valía la pena vivirla, para él ser sabios o conocernos a nosotros mismos era lo mismo. 

La vida ética, la vida buena, la vida feliz, aquella que vale la pena vivir, depende del conocimiento que tenemos de nosotros mismos. 

¿Qué es la autoconciencia?

Lo que llamamos conciencia¹ es una de las cosas más difíciles de describir y es, tal vez, el término más revisado. Porque cambia según los resultados que van arrojando las investigaciones científicas y filosóficas. 

No obstante, podemos decir que por su etimología del latín conscientia, derivado de cum, con, y scientia, conocimiento, se remite a un cierto saber con, siendo así la conciencia el saber algo dándose uno cuenta de que se sabe. Los filósofos también llaman conciencia al yo mismo, es decir, lo que se siente estar dentro de nuestra propia mente. 

La conciencia es el conocimiento que tenemos de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. Así, somos conscientes de una variedad de cosas, como las personas, los árboles, las aves y un montón de objetos alrededor nuestro, y de sus características como forma, textura o color y de los hechos relacionados como la caída de las hojas de los árboles. 

Pero, a veces, también somos conscientes de nosotros mismos, de nuestras características y de los acontecimientos que ocurren dentro de nosotros. Nos damos cuenta si estamos incómodos o pensando en lo que tenemos que hacer el día siguiente. Ahora bien, la autoconciencia es precisamente el reconocimiento de esa conciencia, es la experiencia que tenemos de nosotros mismos. 

La conciencia además de reflexionar sobre las cosas también es capaz de reflexionar sobre sí misma, y a esto es lo que llamamos autoconciencia, es decir, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos. Dicho de otra manera, es la capacidad que tenemos de mirar nuestro interior, y la capacidad de reconocernos a nosotros mismos como individuos separados del medioambiente y de otros individuos. 

¿De qué somos conscientes cuando somos conscientes de nosotros mismos? 

La autoconciencia es uno de los rasgos más asombrosos de nuestra mente. Es el sentimiento de que nuestras experiencias están ligadas al yo corporal, como una entidad unitaria: el yo. En principio, se trata de una experiencia esencialmente personal, cuando somos conscientes de nosotros mismos somos conscientes del yo

Con el yo identificamos nuestra personalidad y su característica fundamental es la conciencia de la propia identidad personal. 

El yo lo podemos entender como sustancia pensante y por tanto como entidad permanente y autónoma (Descartes); como un flujo siempre cambiante de estados o eventos mentales (Hume); como el sujeto de conocimiento y conciencia (Kant); y como un patrón de actos (realizado por una conciencia de un cuerpo) y no como un sujeto (Sartre). 

Si bien no tenemos certeza acerca de qué somos conscientes cuando somos conscientes de nosotros mismos, sí podemos saber cómo nos manifestamos a nosotros mismos (Kant). 

La reproducción prohibida (La reproduction interdite) de Rene Magritte, 1937.

Conocerse a sí mismo

Precisamente, cuando hablamos del conocimiento de sí mismos aludimos a la manera como nos manifestamos a nosotros mismos, un tipo particular de conocimiento, generalmente de tipo emocional o psicológico. 

Las áreas de autoconocimiento que más importan en la vida son aquellas relacionadas con el núcleo psicológico interno del yo. Por ejemplo, ¿Qué tipo de persona nos atrae de manera característica en el amor?, ¿cuáles son nuestros talentos en el trabajo?, ¿qué patrones de conducta difíciles presentamos en las relaciones?, ¿cómo reaccionamos ante la crítica?, ¿cómo lidiamos con la frustración?, ¿qué tipo de gusto tenemos?, ¿podemos distinguir entre nuestras emociones pasajeras y nuestros pensamientos más racionales? 

Si podemos responder a estos y otros problemas de manera sólida, entonces podemos hablar sobre nosotros mismos con un grado adecuado de autoconocimiento. 

Conclusión

Tenemos la necesidad de conocernos a sí mismos. La imagen que tenemos de nosotros es nuestro punto de vista actual, muy personal. La imagen que otros tienen de nosotros es diferente, pero también es su perspectiva personal. Ahora bien, no somos ni lo uno ni lo otro, somos mucho más: somos una persona viva. 


¹ | La diferencia entre consciencia y conciencia. La consciencia es la «capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella». Podemos decir que la palabra alude al reconocimiento de la realidad, en un sentido metafísico general. Mientras que la palabra conciencia es como el «conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciar moralmente la realidad y los actos, especialmente los propios». Sin «s» se usa en sentido moral y ético, como capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Las dos palabras son válidas para referirse a la realidad, sin embargo, conciencia y consciencia no son intercambiables en todos los contextos, en sentido moral solo se usa la palabra conciencia. 

Arte | La reproducción prohibida (La reproduction interdite) de Rene Magritte, 1937. El hombre en la pintura es Edward James, poeta, mecenas y amigo de Magritte. La pintura reproduce a James parado frente a un espejo. También vemos sobre la repisa de la chimenea la novela de Edgar Allan Poe, Las narrativas de Arthur Gordon Pym. El libro se refleja correctamente en el espejo, pero Magritte no revela el reflejo del rostro de James, lo muestra desde atrás, sólo vemos, de manera impecable, su cabello y hasta las arrugas en su traje. Pensamos en la reproducción como algo que nos dice la verdad, pero no es así. Magritte nos hace pensar sobre la reproducción y la realidad misma. 

Imagen de © Rene Magritte y © Museo Boijmans Van Beuningen, Rotterdam, Países Bajos. Se encuentra en el Museo Boijmans Van Beuningen