La comunicación es el puente esencial que nos permite conectar, entendernos y construir comunidad. Como virtud es la excelencia en palabras y hechos. En la práctica, es la disposición a hablar, escuchar y actuar correctamente.
Sinónimos
Diálogo, intercomunicación, interlocución, conversación, información, expresión, manifestación, exteriorización, trasmisión, anuncio, notificación, comunicado, aviso, unión, conexión, enlace, acercamiento.
Etimología
La palabra comunicación encuentra su origen en la palabra latina communicatio, palabra que proviene del verbo latino communicare, que significa compartir información, impartir, difundir. La palabra communicare se deriva, a su vez, de communis que significa común, mutuo, participado entre varios. Según su origen, la palabra comunicación significa acción y efecto de hacer común, compartir o poner algo en común.
Componentes léxicos
- El prefijo cum- (o com-): significa junto, con o globalmente. Indica que la acción requiere una unión o un encuentro con los demás.
- La raíz commūnis: significa común, público o compartido entre varios. A su vez, commūnis viene de dos palabras más antiguas, ko-, raíz indoeuropea que significa vivir juntos, y munus o munis. Esta raíz significa oficio, deber o regalo. Es decir, desde su origen remoto, lo común implicaba una obligación o una tarea compartida para cuidar a la comunidad.
- El sufijo -icare: es un componente que denota llevar a cabo o hacer. De ahí nace el verbo communicare, que es hacer partícipe a otro de lo que uno tiene o difundir.
- El sufijo -ción (-tio): significa acción y efecto de.
Etimológicamente, comunicarnos significa crear comunidad. Cada vez que hablamos, escuchamos y nos conectamos de verdad con otra persona, estamos tomando algo que es solo nuestro (un pensamiento, un dolor, una alegría) y lo estamos haciendo común, entregándolo como un munus (un regalo y un deber) para que nos pertenezca a ambos. Es, por lo tanto, el acto fundacional de nuestra convivencia.
Definición
Según la Real Academia Española (RAE), la comunicación se define en su acepción más amplia como la «acción y efecto de comunicar o comunicarse». En el ámbito de las interacciones humanas, el diccionario la precisa como el «trato, correspondencia o relación entre personas». Asimismo, desde un enfoque técnico y estructural del lenguaje, la institución la describe como la «transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor».
A partir de estas definiciones de la RAE, comprendemos que la comunicación es el puente fundamental que viabiliza el trato. Al exigir un código común, la academia nos recuerda implícitamente que para que exista una verdadera relación, debe haber una base de entendimiento mutuo y respeto por la palabra del otro.
Introducción
Nuestras palabras y silencios tienen un impacto real en los demás. La comunicación es la base de la confianza en la familia, la amistad, la pareja, el entorno laboral y la sociedad en general. Sin ella, los vínculos se debilitan. Gracias a la comunicación, transformamos las diferencias y los problemas en oportunidades de acuerdo, evitando la violencia o el aislamiento.
Las relaciones no se mantienen unidas por el simple paso del tiempo, se mantienen unidas por la calidad de los puentes que tendemos entre nosotros. Y, la comunicación es ese puente esencial que nos permite conectar, entendernos y construir comunidad.
Se necesitan dos de nosotros para descubrir la verdad: uno para pronunciarla y otro para entenderla.
― Khalil Gibran, Arena y espuma
La cuestión es que solo podemos hablar de comunicación cuando nos ponemos en los zapatos del otro para entender su perspectiva, y prestamos atención total con una mente abierta, buscando comprender antes que responder. Asimismo, para que haya comunicación debemos expresar lo que pensamos y sentimos de manera clara, honesta y directa, pero sin agredir ni menospreciar a los demás. Porque una parte constitutiva de la comunicación es reconocer que la otra persona tiene una dignidad intrínseca.
Así, cuando la comunicación es verdadera, nos sentimos seguros de ser nosotros mismos. Sabemos que podemos expresar nuestros miedos, errores o desacuerdos sin temor a ser juzgados, rechazados o castigados. Compartir quiénes somos es lo que nos une. Hablar de nuestras metas, de lo que nos asusta o de lo que nos hace felices crea una complicidad profunda que el tiempo no puede desgastar fácilmente.
Descripción
La comunicación, en su forma más simple, es el acto de transmitir significados de un lugar o de una entidad o grupo a otro, mediante el uso de signos, símbolos o comportamiento mutuamente entendidos.
La persona que envía el mensaje se denomina emisor, mientras que la persona que recibe la información se denomina receptor. Ahora bien, la información transmitida puede incluir hechos, ideas, conceptos, opiniones, creencias, actitudes, instrucciones o incluso emociones. La comunicación puede ser vocal (voz), escrita (medios impresos o digitales como libros, revistas, sitios web o correos electrónicos), visual (logotipos, mapas, tablas o gráficos) o no verbal (lenguaje corporal, gestos y tono de voz).
La comunicación humana, «como dice el dicho, es un choque de símbolos», abarca multitud de signos. Pero es más que medios y mensajes, información y persuasión; también satisface una necesidad más profunda y sirve a un propósito superior. Ya sea clara o confusa, tumultuosa o silenciosa, deliberada o fatalmente inadvertida, la comunicación es el terreno de reunión y el fundamento de la comunidad. Es, en definitiva, la conexión humana esencial.
― Ashley Montagu, La conexión humana
El puente que nos une
Podemos decir que la comunicación es el puente que nos une. Es un derecho vital que nos permite florecer, defender nuestra libertad y gritarle al mundo quiénes somos, pero también es una enorme responsabilidad. Porque no se trata solo del acto de hablar o intercambiar información de forma mecánica. Es la capacidad profunda de compartir nuestra realidad interior (ideas, sentimientos, valores y necesidades) con los demás, respetando al mismo tiempo la realidad del otro.
Por lo tanto, la podemos entender como un proceso bidireccional para llegar a un entendimiento mutuo, en el que intercambiamos (codificamos-decodificamos) información, noticias, ideas y sentimientos, pero también creamos y compartimos significados.

«Appraisement» de Louis Moeller
Al observar a los personajes reunidos alrededor de la mesa, el espectador es testigo de una escena puramente humana. A través de las posturas corporales inclinadas hacia el centro, los gestos atentos y los rostros que buscan sintonía, la pintura encarna esa fusión de horizontes de la que habla la hermenéutica. Moeller retrata un espacio cotidiano y seguro donde la discrepancia se procesa a través de la palabra afectuosa y la escucha sincera. Es un recordatorio visual de que el verdadero valor de la comunicación se valida allí, en lo pequeño y cercano, cada vez que elegimos tender un puente para encontrarnos en lugar de levantar un muro para distanciarnos.
La comunicación es una virtud sujeta a otros valores morales
La comunicación como virtud es la excelencia en palabras y hechos. Se trata de nuestra disposición a hablar, escuchar y actuar correctamente. Esto significa que la integridad de la comunicación está sujeta a los propios valores y a nuestra definición de lo bueno y lo malo.
Ahora bien, para sostener que la comunicación es una virtud sujeta (o subordinada) a otros valores, debemos recurrir a la diferencia de naturaleza y significado entre valores instrumentales y valores intrínsecos. Los valores instrumentales son aquellos que consideramos valiosos porque nos ayudan a alcanzar un fin particular, como la perseverancia que nos ayuda a acceder a un valor terminal como alcanzar metas altas. Por otro lado, los valores intrínsecos son aquellos que son valiosos en sí mismos, como la belleza, la justicia, y la felicidad, y los apreciamos por su valor intrínseco.
Desde esta distinción, para la filosofía, la comunicación no es un fin en sí misma, es un medio poderoso. El acto de comunicar adquiere su cualidad de bueno o malo dependiendo de los valores fundamentales que lo guíen y de los fines que persiga. Si se divorcia de la ética, la comunicación puede convertirse en una herramienta de destrucción.
Todos nos comunicamos, pero no todos nos comunicamos de manera ética. La comunicación por sí sola no es honesta, precisa y veraz. De nuestros valores dependerá si la comunicación es respetuosa, oportuna, reflexiva, eficaz, proactiva, inclusiva u honesta. Podemos hablar por hablar, mentir o pretender que escuchamos sin que suceda realmente la magia de la comunicación. Por eso, la honestidad y la transparencia son obligatorias para las comunicaciones corporativas. Mientras que la autenticidad es obligatoria en la comunicación social.
El argumento Kantiano
Según Immanuel Kant, los seres humanos poseemos una dignidad intrínseca y nunca debemos ser usados como un simple medio para alcanzar un fin. En consecuencia, la comunicación está sujeta al valor supremo de la Dignidad Humana y el Respeto. Comunicar de forma eficaz no es suficiente, si utilizamos una comunicación brillante pero manipulamos o engañamos a la otra persona, estamos violando su dignidad.
El argumento de la ética del discurso
Jürgen Habermas plantea que la comunicación humana lleva implícita una búsqueda de entendimiento. Sin embargo, para que el diálogo sea válido, debe cumplir con pretensiones de validez, lo que significa que la comunicación está subordinada a la Verdad y a la Honestidad. Si la comunicación no dice la verdad, se destruye a sí misma porque rompe la confianza, que es la base de cualquier sociedad. Por tanto, el valor de comunicar está supeditado al valor de la Verdad.
El argumento del utilitarismo
Desde el utilitarismo el valor de una acción se mide por las consecuencias que produce, esto es, si genera bienestar o si genera dolor. Por consiguiente, la comunicación está sujeta al valor de la Responsabilidad y la Justicia. El comunicador debe hacerse cargo del impacto a corto y largo plazo de sus palabras.
La comunicación como el puente para resolver conflictos
El conflicto es una condición inevitable de la existencia, porque existimos con otros que piensan y sienten diferente. Sin embargo, la comunicación es nuestra alternativa a la violencia. Cuando elegimos el diálogo, renunciamos al uso de la fuerza, el poder o la manipulación para imponer nuestra voluntad. En su lugar, reconocemos que la verdad no le pertenece a nadie en solitario, la verdad la construimos juntos a través de la palabra compartida.
El giro dialógico: Martín Buber y la relación «Yo-Tú»
Para el filósofo Martín Buber, la mayoría de nuestros conflictos nacen porque nos comunicamos bajo la estructura Yo-Ello. Esto significa que tratamos al otro como un objeto, una herramienta, un obstáculo o un enemigo.
La solución comunicativa de Buber es pasar a la relación Yo-Tú. Esto significa reconocer al otro en toda su humanidad y dignidad. Cuando dejamos de ver al rival como el problema y lo vemos como un ser humano con miedos y razones legítimas, la comunicación deja de ser una batalla de egos y se convierte en un encuentro real.
El diálogo auténtico, y por consiguiente toda auténtica realización de la relación entre los hombres, significa aceptación del otro en su diferencia. Decir Tú en el diálogo requiere de aceptar y recibir al otro en su alteridad… El hombre que entabla el diálogo no se posiciona frente a algo a manipular o un «objeto de algo», sino en un «entre», se coloca en relación con el otro.
— Martín Buber, Yo y Tú (Ich und Du)
La acción comunicativa: Jürgen Habermas y el consenso
El filósofo alemán Jürgen Habermas propone que la razón humana no es estratégica (para manipular o ganar), es comunicativa (para entendernos), y crea el concepto de la situación ideal de habla.
Para la solución comunicativa en un conflicto, Habermas nos dice que la paz se logra cuando nos sentamos a negociar bajo ciertas reglas éticas implícitas, donde ambos tenemos el mismo derecho a hablar, nadie debe usar la fuerza ni la mentira, y solo debe ganar la fuerza del mejor argumento. El conflicto se resuelve cuando dejamos de buscar vencer al otro y buscamos un acuerdo mutuo (consenso) basado en la verdad y la justicia.
Llamo acción comunicativa a aquella forma de interacción social en la que los planes de acción de los participantes se coordinan no a través de cálculos egocéntricos de éxito, sino a través de actos de entendimiento. En la acción comunicativa, los participantes no se orientan primariamente al propio éxito, sino a lograr un acuerdo recíproco basado en normas y valores considerados válidos.
— Jürgen Habermas, Teoría de la Acción Comunicativa (Theorie des kommunikativen Handelns)
La hermenéutica: Gadamer y la «fusión de horizontes»
Hans-Georg Gadamer explica que cada persona vive dentro de su propio horizonte de prejuicios, experiencias y crianza. El conflicto surge cuando chocan dos horizontes distintos y juzgamos al otro desde nuestras propias reglas.
La solución comunicativa de Gadamer es conversar con el otro para ampliar nuestra mirada hasta que ocurra una fusión de horizontes. Comunicarse para resolver un conflicto no es convencer al otro de que venga a nuestro terreno, ni irnos nosotros al suyo, es crear un nuevo horizonte común que antes no existía.
El diálogo no es un proceso que se domina, sino un proceso en el que se entra. El lenguaje es el medio en el que se realiza la comprensión… En una conversación verdadera, cada uno de los participantes se abre al otro, reconoce la opinión ajena como un acto de razón y deja que sus propios prejuicios se pongan en juego. Comprender no es imponer la propia opinión, sino experimentar una fusión de horizontes.
— Hans-Georg Gadamer, Verdad y Método (Wahrheit und Methode)
La comunicación como un derecho fundamental
Desde la filosofía significa dejar de verla como una simple opción o una herramienta técnica, y pasar a entenderla como una condición indispensable para la dignidad, la libertad y la existencia humana. Sin comunicación, quedamos aislados, perdemos nuestra capacidad de razonar con otros y se anula nuestra participación en la sociedad. Además, este derecho se encuentra vinculado al derecho de acceso a la información y a la libertad de expresión.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
― Naciones Unidas, Declaración Universal de Derechos Humanos art. 19
La perspectiva del reconocimiento: Axel Honneth y la dignidad
Para el filósofo contemporáneo Axel Honneth la identidad y el amor propio de una persona se construyen a través del reconocimiento mutuo, no se construyen en soledad.
Para que una persona sea reconocida como un sujeto con derechos y dignidad, necesita poder expresarse, contar su historia y ser escuchada por su comunidad. Negarle a alguien el derecho a comunicarse es, filosóficamente, una forma de invisibilización o menosprecio. Por lo tanto, la comunicación es un derecho fundamental porque es el único medio para asegurar la autorrealización y la dignidad de cualquier ser humano.
La experiencia del desprecio moral o la privación de derechos lesiona al sujeto en su posibilidad de comprenderse a sí mismo como un interlocutor en igualdad de condiciones dentro de la sociedad. Por el contrario, el reconocimiento mutuo a través de la palabra compartida y la interacción libre es lo que permite que una persona adquiera autorrespeto y dignidad dentro de una comunidad jurídica y política.
— Axel Honneth, La lucha por el reconocimiento: Por una gramática moral de los conflictos sociales
La perspectiva de la libertad: Amartya Sen, Martha Nussbaum y las capacidades
Aunque tiene fuertes raíces económicas y políticas, este enfoque ético-filosófico plantea que los derechos fundamentales deben medirse por lo que las personas realmente somos capaces de ser y hacer, es decir, nuestras capacidades esenciales.
Amartya Sen y Martha Nussbaum sostienen que la capacidad de expresar emociones, afiliarse con otros, usar la mente, la imaginación y el pensamiento libre son pilares de una vida plena. La comunicación es un derecho humano básico porque actúa como una capacidad habilitante. Esto significa que si no podemos comunicarnos ni acceder a la información, automáticamente quedamos despojados de la capacidad de defender nuestros demás derechos (como la salud, la educación o la participación política).
La capacidad de afiliación consiste en ser capaces de vivir con otros y hacia otros, reconocer y mostrar preocupación por otros seres humanos, y comprometerse en diversas formas de interacción social. Esto resulta imposible de realizar plenamente sin la protección de las libertades de expresión y de asociación política, las cuales garantizan que el ciudadano pueda hablar, comunicarse y dialogar sin el temor de ser silenciado por las estructuras de poder.
— Martha Nussbaum, Las fronteras de la justicia: Consideraciones sobre la exclusión
La perspectiva democrática: Karl-Otto Apel y la ética del discurso
Junto con Habermas, el filósofo Karl-Otto Apel plantea que las normas morales y las leyes de una sociedad solo son válidas si son aceptadas por todos los afectados en una discusión abierta.
Apel afirma que al momento de argumentar o dialogar, ya estamos reconociendo implícitamente que la otra persona es un interlocutor válido con los mismos derechos que nosotros. Así, el derecho a la comunicación libre, sin censura y en igualdad de condiciones, no es un regalo del Estado, es una regla previa a cualquier ley. Un sistema social solo es justo si garantiza que todos los ciudadanos tengamos voz y voto en la construcción de nuestra realidad común.
Quienquiera que argumente seriamente en una discusión ya ha reconocido implícitamente a todos los miembros posibles de la comunidad de comunicación como interlocutores con los mismos derechos. No se puede negar el derecho fundamental a la libre expresión y comunicación de los demás sin caer en una contradicción pragmático-trascendental, puesto que la validez de cualquier norma social presupone un diálogo libre de coacciones.
— Karl-Otto Apel, La transformación de la filosofía, Tomo II: El a priori de la comunidad de comunicación
Semillas de reflexión
Desde la filosofía, la comunicación no es un derecho secundario como tener acceso a internet o a tecnologías específicas, es un derecho ontológico (ligado al ser). Somos seres lingüísticos y relacionales, por lo tanto, limitar o silenciar la comunicación de un ser humano equivale a mutilar una parte esencial de su propia humanidad.
Sin embargo, una comunicación sin Verdad es engaño, sin Respeto es violencia, y sin Responsabilidad es caos. Por eso la comunicación solo se convierte en una auténtica Virtud cuando se pone de rodillas ante la ética y decide servir a la dignidad del otro.
La comunicación forma parte de nuestra condición humana, somos lo que comunicamos. Cada palabra que elegimos decir, y cada silencio que decidimos guardar, deja una huella en el corazón de quienes nos rodean. Al final del día, comunicarnos de verdad es un acto de profunda valentía y humildad.