Camus: el sentido de la vida

 

Para Albert Camus el sentido de la vida era la pregunta más apremiante. A su manera de ver, tan pronto como comenzamos a pensar seriamente sobre las cosas, es inevitable darse cuenta que la vida no tiene sentido, viéndonos así obligados a preguntarnos si debemos o no acabar con todo.

 

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.
― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

Lo absurdo

 

Camus se cuestionó sobre el sentimiento que nos despoja del deseo de vivir. Según él, todos en algún momento nos sentimos superados por la vida y no la comprendemos. De alguna manera, nos sobrepasa la inutilidad del sufrimiento, siendo inevitable cuestionarse si la vida vale la pena o no.

 

Ahora, el sentimiento que nos despoja del deseo de vivir es lo absurdo. Tenemos que vivir sabiendo que nuestros esfuerzos son en gran medida inútiles, nuestras vidas serán pronto olvidadas y nuestra especie es irremediablemente corrupta y violenta.

 

Somos como Sísifo, la figura griega condenada por los dioses a rodar una roca por una montaña hasta la cima, y verla caer de nuevo por su propio peso, repitiendo esto a perpetuidad. Al parecer, como lo explica el propio Camus, para los dioses el castigo más terrible es el trabajo inútil y sin esperanza.

 

Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser se dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra.
― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

El mundo no es razonable

 

Es un hecho que, aunque intentemos imponer orden en la existencia y busquemos respuestas a preguntas incontestables, nada está claro, todo es caos. El mundo es una inmensa irracionalidad y si bien todos queremos comprenderlo desesperadamente, nadie comprende su significado. Para Camus la vida simplemente no tiene sentido.

 

También la inteligencia me dice, por lo tanto, a su manera, que este mundo es absurdo. Es inútil que su contraria, la razón ciega, pretenda que todo está claro.
― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

Las categorías que explican todo «nada tienen que ver con el espíritu». De hecho, niegan que estamos condenados. No somos libres, y no somos felices si no podemos saber. Así, somos prisioneros en este mundo irracional, del cual sólo entrevemos sus muros.

 

Lo absurdo nace precisamente de la confrontación entre nuestra experiencia del mundo, y nuestro deseo desenfrenado de claridad.

 

En este universo indescifrable y limitado adquiere en adelante un sentido el destino del hombre. Una multitud de elementos irracionales se ha alzado y lo rodea hasta su fin último. En su clarividencia recobrada y ahora concertada se aclara y se precisa el sentimiento de lo absurdo. Yo decía que el mundo es absurdo y me adelantaba demasiado. Todo lo que se puede decir es que este mundo, en sí mismo, no es razonable. Pero lo que resulta absurdo es la confrontación de ese irracional y ese deseo desenfrenado de claridad cuyo llamamiento resuena en lo más profundo del hombre. Lo absurdo depende tanto del hombre como del mundo. Es por el momento su único lazo. Une el uno al otro como sólo el odio puede unir a los seres.
― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

La cuestión es que lo absurdo no está en el mundo, éste es lo que es y ofrece lo que tiene para ofrecer, pero tampoco está en nosotros, lo absurdo está en la presencia común entre el mundo y yo.

 

Camus distinguió entre el sentimiento de lo absurdo y la noción de lo absurdo, siendo ésta última el resultado de una comparación.

 

La noción que tenemos de la absurdidad depende de la proporción de la diferencia entre los términos de aquello que estamos comparando. Por ejemplo, la condena de un hombre inocente, haciendo énfasis en condena y en inocente. Lo absurdo, por su parte, es el resultado de la confrontación de los elementos comparados.

 

Hay casamiento, desafíos, rencores, silencios, guerras y también paces absurdos. En cada uno de estos casos la absurdidad nace de una comparación. Por lo tanto, tengo razón al decir que la sensación de la absurdidad no nace del simple examen de un hecho o de una impresión, sino que surge de la comparación entre un estado de hecho y cierta realidad, entre una acción y el mundo que la supera. Lo absurdo es esencialmente un divorcio. No está ni en uno ni en otro de los elementos comparados. Nace de su confrontación.
― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

Lo absurdo no impone la muerte

 

Camus enfatizó que el suicidio no puede ser la salida de este absurdo, ya sea el suicidio físico que elimina la conciencia o el suicidio moral con el sometimiento al absoluto irracional, en la filosofía, o al consuelo y la esperanza que ofrece la religión.

 

El suicidio resuelve lo absurdo. Lo arrastra a la misma muerte. Pero yo sé que para mantenerse, lo absurdo no puede resolverse. Escapa al suicidio en la medida en que es al mismo tiempo conciencia y rechazo de la muerte.

― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

Lo absurdo rige nuestras relaciones con la vida, sin embargo, lo absurdo no impone la muerte. Al comienzo del Hombre rebelde, Camus continúa donde lo dejó en El mito de Sísifo, y explica lo que implica el razonamiento absurdo:

 

La conclusión última del razonamiento absurdo es, en efecto, el rechazo del suicidio y el mantenimiento de esa confrontación desesperada entre la interrogación humana y el silencio del mundo.
― Albert Camus, El hombre rebelde


De manera brillante, Camus concluye que el suicidio significaría el fin de esta confrontación, de esta ausencia de sentido de la vida. No obstante, dado que concluir lo contrario negaría su propia premisa, a saber, la existencia del interrogador, lo absurdo debe aceptar lógicamente la vida como el único bien necesario. Porque es la vida la que permite dicha confrontación.

 

Para decir que la vida es absurda, la conciencia necesita estar viva.
― Albert Camus, El hombre rebelde

 

La única salida que tenemos es tomar conciencia de lo absurdo y vivir la vida, que «se vivirá tanto mejor si no tiene sentido».

 

La rebelión

 

Camus sacó tres consecuencias de la falta de sentido de la vida: «mi rebelión, mi libertad y mi pasión». Justo en el momento que lo reconocemos, lo absurdo se convierte en la pasión más desgarradora de todas. Nuestra tarea, entonces, es saber si podemos vivir con nuestras pasiones.

 

Asimismo, mientras tengamos vida, vive lo absurdo, y darle vida es contemplarlo. Lo absurdo sólo muere cuando le damos la espalda, por tanto, solo nos queda rebelarnos contra nuestra propia mortalidad, la falta de sentido y la incoherencia del universo.

 

Debemos imitar a Sísifo, para él, el suicidio no es una respuesta posible. Por tanto, debemos rebelarnos encontrando satisfacción en el acto de hacer rodar la roca cuesta arriba. Si bien, lo absurdo aniquila todas nuestras probabilidades de libertad eterna, nos devuelve la libertad de acción. Además, al aceptar con gracia la lucha contra la derrota, ganamos definición e identidad.

 

Una de las únicas posiciones filosóficas coherentes es, por lo tanto, la rebelión. Es una confrontación perpetua del hombre con su propia oscuridad. Es exigencia de una transparencia imposible.
[…]
Lo absurdo me aclara este punto: no hay mañana. Esta es en adelante la razón de mi libertad profunda.
― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

El absurdo es el esfuerzo que realizamos como individuos y como humanidad para encontrar un sentido a la vida. Precisamente, es absurdo porque la vida carece de significado, por lo menos uno aparente.

 

Si bien Camus sostiene que la vida carece esencialmente de sentido, no debemos rendirnos, todo lo contario. Tenemos que reconocer el fondo absurdo de la existencia, y luego triunfar sobre la posibilidad constante de desesperanza.

 

En última instancia, Camus sugirió que debemos lidiar lo mejor posible con lo que tengamos que hacer:

 

Hay que imaginar a Sísifo feliz.
― Albert Camus, El mito de Sísifo

 

Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.

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