Alegría


La alegría es un estado de ánimo provocado por un sentimiento positivo interior, al margen de las condiciones externas. Es, en otras palabras, la manera como el alma manifiesta que se siente a gusto y se encuentra bien.

 

Sinónimos

 

Regocijo, diversión, placer, felicidad, deleite, jovialidad, vivacidad, entusiasmo, optimismo, gozo, júbilo, contento, alborozo, satisfacción, risa, hilaridad.

 

Etimología

 

La palabra alegría viene del latín alacer, alacris, que significa rápido, vivaz o animado.

 

Definición

 

La Real Academia Española define la alegría, entre otros, como un «sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores».

 

Introducción

 

Aunque tendemos a identificar la alegría con una situación de felicidad –de hecho, figura entre sus sinónimos–, no son lo mismo. Esa confusión se debe a que los dos estados reflejan emociones asociadas a la satisfacción. Ahora bien, esas emociones pueden diferir entre sí, según las razones que las causan. La alegría nace y se manifiesta en y desde nuestro interior, mientras que la felicidad responde a estímulos externos. Igualmente, varían según su proyección y eso implica que sean conceptos diferentes.

 

Mientras la sensación de felicidad se cierra sobre uno mismo, al margen de los demás, la alegría se abre a la participación de otras personas. La mayor alegría, en ese sentido, es compartida con los demás. La felicidad personal, sin embargo, no exige necesariamente que otras personas sientan la misma felicidad.

 

Más allá de un aparente juego de palabras, se trata también de una realidad paradójica. Eso explica, por ejemplo, que cuando estamos alegres sentimos felicidad, pero no siempre que nos sentimos felices estamos alegres.

 

Ayuda a entender también la diferencia entre los dos conceptos la observación de sus opuestos. Lo contrario a la alegría es la tristeza, el pesimismo o el miedo, incluso. Por esa razón la alegría, el optimismo o la valentía son una invitación positiva. En cambio, la tristeza, el pesimismo o el miedo contagian una emoción negativa. La persona triste, en suma, no sólo lo pasa mal con su tristeza, sino que lo hace pasar mal a otros.

 

Esa proyección sobre los demás no se da necesariamente en el caso de la felicidad, cuya cara opuesta se refleja en estados personales de infelicidad, desgracia o miseria, aunque no se traslada en esa misma medida a los demás.

 

La felicidad, en cualquier caso, exige otro análisis que escapa de estas líneas. Aristóteles, por ejemplo, vincula ese concepto a la virtud, pero es frecuente confundir la felicidad con el placer, material o mundano, o con una actividad satisfactoria: desde algo pasajero a otras actividades agradables en sí como una buena comida o una agradable compañía.

 

Esa confusión radica generalmente en el hecho peculiar de que la felicidad es una sensación propia que afecta únicamente a la individualidad. Paradójicamente, en este caso también, ese rasgo peculiar puede llevar a pensar erróneamente que se obtiene con el logro de determinadas carencias.

 

La alegría me parece un paso más allá de la felicidad: la felicidad es una especie de atmósfera en la que puedes vivir a veces cuando tienes suerte. La alegría es una luz que te llena de esperanza, fe y amor.
– Adela Rogers St. Johns, Some Are Born Great

 

Descripción

 

La alegría es la consecuencia de una emoción estable de paz interior. Su razón de ser, por tanto, es interna, al margen de que tenga efectos en los demás. Desde ese ángulo es también el resultado de un estilo de vida moral, una respuesta suprema, abrumadora y plena que procede de lo más profundo del alma; a saber, una proyección espiritual, del amor o la libertad.

 

Experimentamos esa euforia contagiosa del corazón cuando amamos y/o nos sentimos conectados espiritualmente con algo, otras personas o Dios. No sólo, por tanto, nos regocijamos interiormente, sino que compartimos ese gozo con los demás.

 

Hay muchas realidades que pueden desatar esa alegría interior: desde la observación del vuelo de un colibrí a escuchar una palabra, un poema; desde la contemplación de los colores de una flor a la mirada del movimiento de una tortuga; desde la risa de los niños al cuidado de los demás. También la gratitud o, incluso, el sacrificio personal.

 

Si bien la alegría queda recluida en ocasiones en un sentimiento gozoso unido a una sensación placentera, de regocijo y felicidad, puede ser también más profunda y caminar más allá que un puro placer. Es más duradera, por el mismo motivo, que una simple diversión. Es la euforia del corazón, que salta y ríe, se adentra profundamente en el núcleo personal y se prolonga sobre todo lo demás.

 

Necesitamos la alegría para nuestro bienestar y para vivir una vida en clave positiva.

 

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Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.

La casa de la ética

El arte de saber vivir bien