Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas. Pero, algunos no sabemos que todas las cosas que podemos percibir por los sentidos y con el entendimiento conforman lo que llamamos realidad. Así, cuando hablamos de lo real hablamos de las cosas.

 

Sabemos que las cosas son personas, gatos, pensamientos, árboles, flores, bosques, estrellas, canciones, versos, chocolates, aromas, pájaros, motas de polvo y mucho más. La cuestión es que si llamamos real sólo a las cosas que pertenecen al mundo y que podemos conocer por los sentidos, muchas cosas que nos interesan no serían reales.

 

Hablar de las cosas supone siempre hablar de hechos, cualidades, ideas u objetos sobre los que podemos pensar o hablar. Las cosas son cosas que se pueden percibir por los sentidos, y cosas que no se pueden tocar y solo se perciben con el entendimiento. También hay cosas que son comunes para toda la humanidad como el aire. Cosas pasadas que dejaron de existir, cosas presentes que aún existen en el momento de ser tenidas en cuenta y cosas futuras que no existen en la actualidad, pero pueden llegar a existir, entre muchas cosas más.

 

De ahí que por ser y realidad entendemos lo mismo. Fundamentalmente, lo que hay, es o existe de un modo objetivo. Es decir, todas las cosas, independientemente de que alguien las observe o no.

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas, pero queremos encontrar el sentido

 

Querer comprender la realidad o cómo son en verdad las cosas o por qué sucede lo que sucede, se nos da de manera innata. Desde muy pequeños luchamos por encontrarle sentido al mundo. Así empezamos a preguntar sobre lo que percibimos y experimentamos, descubriendo rápidamente que las cosas que vemos no coinciden necesariamente con la realidad.

 

Sabemos o intuimos que el concepto que la palabra realidad expresa, encierra el fundamento último de la vida y de todo lo que en ella acontece. Lo que muchos no sabemos es que cada vez que alguien nos explica la diferencia entre apariencia y realidad, nos está introduciendo en el objeto de estudio de la filosofía.

 

El deber de la filosofía consiste en eliminar la ilusión producida por un malentendido, aunque ello supusiera la pérdida de preciados y queridos errores, sean cuantos sean.
— Immanuel Kant, Crítica de la razón pura

 

Las cosas son apariencia

 

Aunque estamos convencidos que todo lo que captan nuestros sentidos es real, las cosas que nos llegan son apariencia. Básicamente, se trata de un conocimiento incompleto y superficial que se opone a la realidad o conocimiento verdadero.

 

Al respecto, Bertrand Russell explicó que los sentidos no nos dicen la verdad sobre las cosas, solo nos dan la verdad sobre ciertos datos de los sentidos. Asimismo, esto depende de las relaciones que hay entre las cosas y nosotros.

 

Así, lo que vemos y tocamos directamente es simplemente una «apariencia», que creemos ser el signo de una «realidad» que está tras ella. Pero si la realidad no es lo que aparenta ¿tenemos algún medio de conocer si en efecto existe una realidad? Y en caso afirmativo ¿tenemos algún medio para descubrir en qué consiste?
― Bertrand Russell, Los problemas de la filosofía

 

En el budismo encontramos una opinión similar, aunque un tanto más profunda. En concreto, la realidad tal y como aparece no es la realidad tal y como es, creer lo contrario es caer en el error. No importa qué tan convencidos estemos de las cosas, no son lo que creemos que son.

 

Podemos aprender lo que son las cosas

 

Si bien lo que llamamos real no es más que ilusión, el taoísmo nos presenta este mundo como una gran fuente de sabiduría o gran maestro, donde nos es posible aprender qué es la realidad a partir de la observación de la naturaleza.

 

Por suerte querer comprender cómo son en verdad las cosas o por qué sucede lo que sucede, siempre se nos ha dado naturalmente. Al igual que los niños, los primeros filósofos griegos se esforzaron por separar la apariencia de la realidad.

 

Karl Popper señaló que en la antigua Grecia se dieron los primeros pasos de algo similar a un método científico. Esto es, una nueva actitud crítica que permitía discutir de manera crítica la doctrina y cuestionar su verdad.

 

La actitud de la vieja filosofía griega encuentra su mejor expresión en las famosas líneas de Jenófanes:
Pero si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos con que poder pintar y esculpir como hacen los hombres, entonces los caballos pintarían a sus dioses como caballos; los bueyes, como bueyes; todos se conformarían los cuerpos de los dioses a imagen y semejanza de los suyos propios.
Esto no es solamente un reto crítico; es un enunciado con conciencia plena y dominio de una metodología crítica.
― Karl Popper, Conocimiento objetivo

 

Los primeros filósofos griegos examinaron su mundo buscando los materiales con los cuáles se construyó todo lo que conocemos. Ellos se preguntaron ¿cuál es el primer principio de la naturaleza?, ¿qué es real?, ¿qué es apariencia?, ¿cómo conocemos lo que creemos que conocemos?, ¿por qué una persona es una persona?, etc., separando así lo valioso de lo trivial.

 

¿Cómo son en verdad las cosas?

 

Sobre la realidad, en este tiempo que nos tocó vivir, la ciencia y la filosofía nos dicen que la realidad objetiva no existe. Cada uno de nosotros accede a su propia realidad siendo imposible conocer algo más allá de eso.

 

La verdadera esencia de las cosas se encuentra en un constante fluir y el cambio es lo único que no es ilusorio, lo único real. (Heráclito)

 

La realidad es una, continua e inmóvil y se opone a la nada o a lo que no es. La realidad es el Ser. (Parménides)

 

Cada persona puede mirar las cosas a su manera, cada uno determina lo que es real: Las cosas son lo que a mí me parecen ser. (Protágoras)

 

Las ideas o formas son la verdadera realidad ya que son eternas e inmutables, contrario al mundo físico que es una continua y cambiante representación suya. Lo real es lo que no vemos y lo que vemos es solo la apariencia. (Platón)

 

Todo existe como algo específico. Lo real es aquello que no necesita de otra cosa para existir. (Aristóteles)

 

La realidad es materia en movimiento. (Materialismo)

 

Lo que experimentamos es nuestra interacción con la realidad. (Zukav)

 

Lo real es aquello que funciona y predice aquello que es probable que ocurra a continuación. (Pragmatismo)

 

La realidad objetiva no existe y el universo es una especie de súper-holograma donde pasado, presente y futuro coexisten simultáneamente. (Bohm)

 

La realidad es una construcción del cerebro. Sólo conocemos del mundo lo que nuestro cerebro nos presenta. Por tanto, la realidad como conocimiento del ser humano no existe. (Roth)

 

Construimos la realidad y ésta no existe sin un sujeto que dé cuenta de ella. La realidad es una invención que no existe sin el sujeto. (Constructivismo)

 

Aunque no podemos decir que una teoría es correcta y otra no lo es, nos queda claro que no podemos percibir las cosas de manera objetiva. Es un hecho que no podemos conocer la realidad tal como es, porque las cosas siempre serán interpretadas desde nuestras percepciones personales.

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas porque creemos en un propósito

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas, pero no tenemos certeza sobre qué son. Igualmente, lidiar con las apariencias es inquietante y nos produce vértigo. No obstante, la suposición de una existencia de orden y propósito en el universo, ya sea éste sagrado o accesible para la razón humana, nos ayuda a lidiar con la realidad independientemente de si la comprendemos o no.

 

Cuando los presocráticos abordaron la cuestión sobre el origen de las cosas, prescindieron de una explicación de origen divino para el universo. Ellos le atribuían a fuerzas físicas los acontecimientos dejando de lado las acciones de los dioses del Olimpo. Parafraseando a Protágoras, en lo que concierne a los dioses no tenemos manera de saber si existen o no.

 

Los antiguos griegos entendieron el universo como un todo ordenado. Algo así como un único ser viviente provisto de propósito y accesible para la razón humana. Además, concibieron el universo como un movimiento, resultado de la unión y separación de los elementos, los cuales se mueven, se unen y se separan en el vacío de acuerdo con una ley que establece y rige el movimiento.

 

También pensaron que las cosas se explican y se comprenden según el orden de los números o de las ideas o formas. De esta manera, el orden en el universo emerge del cumplimiento de una ley natural que no depende de los astros, ni de la voluntad de los dioses ni del azar.

 

Aristóteles señaló que si observamos los acontecimientos y los procesos nos revelarán un orden subyacente, éstos no ocurren al azar. Insistió que la investigación científica debía ocuparse de las cuatro causas: la causa material o materia de la que están hechas las cosas, la causa eficiente o aquello por lo cual las cosas adquieren su existencia, la causa formal o aquello por lo cual las cosas transmiten su existencia, y la causa final o razón de ser, su fin o propósito.

 

Y otras que son causas en el sentido de ser el fin o el bien de las cosas, pues aquello para lo cual las cosas son tiende a ser lo mejor y su fin; y no hay diferencia, es decir, que este fin, es el bien mismo o el bien aparente.
― Aristóteles, Física

 

En nuestra cultura occidental nos encontramos arraigados a este «télos» aristotélico, tendemos a creer que debe haber un orden y un propósito para todo cuanto existe. Bien sea por nuestras creencias religiosas que nos llevan a ver a Dios como el fin y el propósito del universo, o bien porque encontramos coherente atribuirle racionalidad al cosmos.

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas sin un propósito

 

La física cuántica nos dice que el universo parece no tener un propósito determinado. Cuando la teoría cuántica sugirió que el universo podría funcionar sin un fin determinado y que los acontecimientos podrían ocurrir sin sentido, al azar, Albert Einstein no lo pudo aceptar. Esto lo llevó a expresar su famosa frase: «Dios no juega a los dados con el universo».

 

Einstein defendió el determinismo universal, es decir, que todo se debe a causas necesarias o leyes causales: el universo tiene orden y propósito.

 

Sin embargo, el indeterminismo cuántico nos dice que no todos los fenómenos del universo están sometidos a leyes causales, como lo ilustra la también famosa frase del premio Nobel de química de 1977, Ilya Prigogine: «Dios juega a los dados y… ¡además los tiene trucados!»

 

El físico alemán Werner Heisenberg demostró que no podemos conocer con suficiente precisión la situación de un estado físico en un instante determinado. Lo que en física se llama el principio de indeterminación o principio de incertidumbre.

 

Según Heisenberg la inexactitud forma parte natural de nuestro conocimiento del mundo subatómico, éste es de carácter estadístico, probabilístico y no determinista. Las leyes naturales no se refieren ya a las partículas elementales en sí, sino a nuestro conocimiento de dichas partículas.

 

La noción de la realidad objetiva de las partículas elementales se ha disuelto por consiguiente en forma muy significativa, y no en la niebla de alguna noción nueva de la realidad, oscura o todavía no comprendida, sino en la transparente claridad de una matemática que describe, no el comportamiento de las partículas elementales, pero sí nuestro conocimiento de dicho comportamiento.
―Werner Heisenberg, La imagen de la naturaleza en la física actual

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas sin saber qué son realmente

 

Vivimos en la ignorancia de las cosas. No importa cuál sea nuestra percepción de la realidad, las posibilidades de que aquello que creemos real no lo sea, son bastante altas. En consecuencia, nuestra percepción de la realidad es limitada y desconocemos otras verdades.

 

Por casi dos mil años hemos basado nuestro entendimiento del universo en la religión, explicando lo inexplicable desde nuestras creencias religiosas. Pero, con la llegada de las ciencias secularizadas, lentamente hemos ido reemplazando las creencias religiosas por las explicaciones científicas. Así, la verdad de ayer es la mentira de hoy.

 

En principio se trata de una constante de la incertidumbre que rodea al universo. A medida que la ciencia y la tecnología avanzan, las teorías científicas anteriores son reemplazadas por las recién descubiertas. La ignorancia se transforma en verdad, pero cada vez que la ignorancia se transforma en verdad, se manifiesta una nueva ignorancia. Así, la verdad de hoy, probablemente, puede ser la mentira de mañana.

 

La cuestión es que no tenemos certeza de qué son las cosas, por tanto, tampoco estamos en condiciones de otorgarles un valor certero.

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas aun a sabiendas que son ilusiones

 

Nos sentimos a gusto con las cosas, aun a sabiendas que son ilusiones, como el personaje de Cypher en la película Matrix de las Hermanas Wachowski. El trabajo de Cypher era liberar las mentes humanas atrapadas dentro de la matriz. Sin embargo, estaba disgustado con la naturaleza cruda de la realidad, en comparación con las comodidades relativas que se encuentran dentro del mundo ilusorio de la matriz.

 

Sabes … sé que este bistec no existe. Lo sé cuando me lo meto en la boca; la matriz está diciendo a mi cerebro que es jugoso y delicioso. Después de nueve años… ¿sabes de lo que me doy cuenta? La ignorancia es grata.
― Cypher justificando su decisión de traicionar a sus amigos y volver a entrar en la matriz, Matrix de las Hermanas Wachowski

 

Aceptamos de buena gana el vivir con las cosas y sufrimos por ellas

 

Sufrimos por cosas que son creaciones de nuestros cerebros. Como bien nos recuerda el poeta que inconscientes nos liberamos del dolor del mundo, pero conscientes sentimos las cosas, nos sumergimos en el dolor y la angustia.

 

Yo había comprendido hace muchos años que no hay cosa en el mundo que no sea germen de un Infierno posible; un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos.
― Jorge Luis Borges, Deutsches Requiem de El Aleph

 

Conclusión

 

A nadie le gusta el sentimiento de incertidumbre. El no saber nos aterra a todos. Precisamente, es en este punto de incertidumbre donde la espiritualidad se torna valiosa. Todas las doctrinas religiosas nos invitan a no temer, a abrazar lo desconocido y a tener fe. De hecho, después de la palabra «amor», la frase «no temas» es la que más veces aparece en la Biblia.

 

Pensar profundamente sobre la realidad inspira el crecimiento humano, espiritual y ético. Porque nos inspira a darnos cuenta de que hay más en el mundo que lo que podemos ver. Asimismo, nos inspira a ver el mundo como un lugar de expansión y posibilidades infinitas, y a vernos a nosotros mismos como seres de expansión y posibilidades infinitas.

 


Arte | La condición humana (La condition humaine) de René Magritte, 1933 | Ver más

 

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Licenciada en filosofía, ética y valores humanos.